domingo. 14.07.2024
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Obituario

El tiempo de Nino

Ángel Romero escribe este In memoriam de Nino, portero del Cortegana recientemente fallecido.

Murió hace unos días mi amigo Nino y yo, que no quiero acostumbrarme a las despedidas, he querido escribir estas letras para tenerlas -y tenerle- siempre presente, porque Nino era un tipo leal, raro para estos días que vivimos, que te pedía perdón y que te perdonaba. En definitiva, era una buena persona que se dedicó a la política local a pesar de su timidez, aunque fuera por poco tiempo.

Nos veíamos poco, aunque quedábamos continuamente para almorzar, y ahora me pesa que se quedara en eso, porque al final lo aplazábamos o suspendíamos a última hora sin saber que mañana ya nunca iba a ser posible, que nunca más habría tiempo.

Nino fue portero en el Cortegana, y procurador en los tribunales pero, por encima de eso, fue padre, marido y abuelo, y también hijo, hermano y tío, y en todas esas facetas destacaba. También era buen amigo, y es que Nino siempre era último entre los demás. Era respetable por esa forma de ser tan particular, había que quererlo en ese desorden en el que trabajaba y en ese orden humano en el que te anteponía a él mismo y siempre que lo necesitarás sacaba un rato de su tiempo.

Cuando yo era joven discutíamos mucho, pero su empatía hacía que nos reencontráramos antes que tarde porque él siempre sabía cómo decir las cosas y no tenía nunca malas palabras. Cada vez que nos enfadábamos, era él quien procuraba que fuera cosa de poco tiempo.

Menos tardes de las que me hubiera gustado me senté con él a jugar al dominó y a beber aguardiente. Por entonces era un fumador empedernido e iba dejando el cigarrillo en la ventana del Casino entre calada y calada. Yo, en cuanto se levantaba a fumar, le hacía trampas y él se daba cuenta al levantar las fichas, pero aún dándolo por hecho,  seguía jugando, porque para él no era importante el resultado, sino el tiempo.

Él lo supo desde siempre. Y aprovechó el tiempo como si fuera suyo. Y sí que lo fue.

Descansa, querido amigo. 

Ángel Romero Díaz

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