¿Y ahora qué? El día después del funeral, entre el duelo y las preguntas
Tras la despedida, las familias y la sociedad onubense intentan recomponerse mientras reclaman verdad, justicia y respuestas que ayuden a cerrar heridas
El funeral ha terminado y con él se ha cerrado uno de los momentos más visibles del duelo colectivo. Pero cuando se apagan los focos y el silencio vuelve a imponerse, comienza una etapa aún más compleja: el después. Un tiempo marcado por la dificultad de retomar la normalidad y por las preguntas que siguen sin respuesta tras el accidente.
Hoy, un día después del funeral, la ciudad intenta volver poco a poco a su pulso habitual, aunque nada resulta igual. Las familias regresan a casas donde el vacío es ahora más evidente, y la rutina se convierte en un ejercicio de resistencia. La despedida compartida ha servido para abrazar el dolor, pero no para cerrarlo. Ese proceso será largo y desigual.
Entre las voces que se escucharon en los últimos días, resonaron especialmente las palabras de Liliana Sáenz, hija de Nati, fallecida en el accidente, que ayer, en un emotivo discurso durante el funeral, verbalizaba una pregunta que resume el sentir de muchas familias: “¿Se pudo evitar?”. Junto a ella, otras dudas siguen abiertas: qué falló, si se actuó a tiempo, si se hizo todo lo posible para que la tragedia no ocurriera. Interrogantes que no nacen del reproche inmediato, sino de la necesidad humana de entender para poder seguir adelante.
El duelo entra ahora en una fase más íntima y menos visible, pero también más exigente. Es cuando aparece el cansancio emocional y el temor a que el recuerdo se diluya con el paso de los días. Por eso, las familias insisten en que la vuelta a la normalidad no puede significar pasar página sin más, sino avanzar con memoria, verdad y responsabilidades claras.
Cerrar heridas no será posible sin respuestas. Y esas respuestas no solo son necesarias para las familias directamente afectadas, sino también para una sociedad que necesita confianza y garantías de que una tragedia así no volverá a repetirse.
El “¿y ahora qué?” no tiene una única respuesta. Para algunos será seguir viviendo día a día; para otros, luchar por esclarecer lo ocurrido; para muchos, ambas cosas a la vez. Lo que sí parece claro es que el después del funeral no es el final, sino el comienzo de un camino en el que el recuerdo, la justicia y el compromiso serán esenciales para que el dolor no quede suspendido en el tiempo.