martes. 16.08.2022
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Huelva en el Archivo de los Capuchinos de Andalucía (III)

Fray Alberto de Galaroza, uno de los más importantes capuchinos del siglo XX

La figura de Fray Alberto de Galaroza está considerada como uno de los frailes capuchinos más relevantes del siglo XX.
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Fray Alberto de Galaroza, uno de los más importantes capuchinos del siglo XX

La figura de Fray Alberto de Galaroza está considerada como uno de los frailes capuchinos más relevantes del siglo XX. De gran talla intelectual, ha concitado el cariño y la admiración de todos cuantos les conocieron y trataron, especialmente sus paisanos cachoneros. En 2022 se cumplen 25 años de su fallecimiento y la investigación realizada en el Archivo de los Capuchinos de Andalucíaofrece datos de gran interés. 

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Antonio de la Santísima Trinidad González Caballero nació en Galaroza, el 30 de agosto de 1939 Hijo de José González Valle y Antonina Caballero Maya. Desde pequeño mostró una gran inclinación hacia la lectura y la cultura, profundizando en las artes de la escritura, la historia y la música. 

Conoció a los capuchinos por sus estancias en su pueblo natal, que comenzaron en torno a 1950, orientándose hacia la vida religiosa estudiando en el Seminario Seráfico que los Hermanos Menores Capuchinos tenían en Antequera. Ingresó en la Orden Capuchina el 12 de agosto de 1957, a través del noviciado de Sanlúcar de Barrameda, realizando la profesión temporal un año después y la perpetua el 21  de noviembre de 1961. Su ordenación sacerdotal se produjo el 23 de febrero de 1964.

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Se licenció en Filosofía por la Universidad Gregoriana de Roma, en 1967. Fue asimismo Lector de Filosofía en el Colegio mayor de la Provincia (1967-1970); Director del Colegio Mayor de la Provincia (1972); Archivero y Bibliotecario Provincial (1972); Guardián del convento de Granada (1973-1976); Guardián del convento de Sevilla (1979 y 1987); Definidor y Vicario Provincial (1979). También desempeñó otros puestos, como Secretario de la Provincia, profesor de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla y de Ética en la Escuela Universitaria de Enfermería de la Cruz Roja de Sevilla. Los últimos años de su vida se encontraba también ejerciendo la docencia en un instituto público en Sanlúcar de Barrameda. 

El cronista jerezano Manuel Liaño, gran amigo del fraile cachonero, lo denominaba “el poeta de Dios”, porque Fray Alberto destacó en el campo de las artes, tanto las literarias como las musicales. Gustaba de investigar cuestiones históricas, filosóficas y teológicas.

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De esta forma, fue colaborador asiduo de publicaciones como ‘El Adalid Seráfico’ o ‘Estudios Franciscanos’, y llegó incluso a enviar colaboraciones a revistascachoneras, como ‘Pizarrillas’ o ‘Rumor de aguas’, publicada en su pueblo natal por la Asociación Al-Jaroza. 

Algunos de sus libros destacados fueron ‘Estadística de los hermanos capuchinos de la provincia de Andalucía’ (1977), ‘Escritores capuchinos de la provincia de Andalucía. Estudio bibliográfico’ (1986 y 1990), ‘Estadística de los Hermanos Menores Capuchinos de la Provincia de la Inmaculada Concepción de Andalucía (2000), p. 175; “In Memoriam. Fray Alberto de Galaroza (Antonio González Caballero”, El Adalid Seráfico, Sevilla, 1997, año 108, p. 94; Jarana Molero, “A fray Alberto”, ABC de Sevilla, 18 de mayo de 1997, p. 22; Ramírez Peralbo, Primer centenario de la restauración de la Provincia Capuchina de Andalucía 1898-1999. Historia de los primeros conventos capuchinos de Andalucía. Biografía de los religiosos de la Restauración. Granada, 1999, p. 50; Román Villalón, La Divina Pastora en los escritos de fray Isidoro de Sevilla (1662-1750), Sevilla, 2012, p. 29, 108, 160, 581-582, 603, 657, 917, 920.

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Realizó un completo trabajo sobre ‘Los Capuchinos en Andalucía. Personas y lugares de la Antigua Provincia (1615-1835)’, y corrigió una reedición del Evangelio de San Lucas en caló, lengua de los gitanos españoles del autor inglés George Borrow, teniendo previsto publicar un estudio que reflejaba la teología y también el anticlericalismo presente en muchos refranes populares españoles, entre otros trabajos. 

También cultivó la música, dirigiendo agrupaciones corales en Sevilla, Sanlúcar y Jerez de la Frontera, entre ellas el Coro Divina Pastora de Capuchinos de Sevilla, que fundó en 1976. Precisamente una de sus últimas colaboraciones hacia su pueblo natal fue dirigir la actuación de una coral polifónica en los Días de la Amistad de 1994.

Fue un gran conocedor y devoto de la Divina Pastora que se conserva en la parroquia cachonera. En un artículo publicado en la revista ‘Rumor de Aguas’ catalogó esta talla como “una joya del barroco”, labrada por Cristóbal Ramos a finales del siglo XVIII, además de ofrecer detalles de otras representaciones de la Pastora que se conservan en Galaroza. No pudo tampoco sustraerse al magnetismo que provoca la patrona cachonera, la Virgen del Carmen embarazada, a quien definió en una ocasión como “Capitana de la Sierra”, como “el apellido común que nos identifica a todos los que nacimos en este rincón privilegiado de la Sierra”. 

Su vinculación con Sanlúcar de Barrameda fue igualmente intensa, ya que ingresó en el convento de Capuchinos de esa ciudad, publicó artículos en numerosas revistas locales, fundó junto a su amigo fray José de Sanlúcar el Grupo Joven de la Hermandad de la Cañita, fue Delegado Arciprestal del Consejo de Hermandades y Cofradías de la ciudad y pregonero de la Semana Santa sanluqueña en 1987.

Años atrás, ya había demostrado su vinculación al mundo cofrade, al ser galardonado con una mención de honor en los Juegos Florales de la Hermandad de la Vera-Cruz de Sevilla, por unos sonetos que compuso.  

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Fue trasladado al convento de Capuchinos de Jerez de la Frontera, donde enfermó y fue internado en el hospital. Según se dijo “había fumado mucho y tenía ‘algo’ en los pulmones” que terminó con su vida el día 22 de abril de 1997. Sus restos fueron trasladados al convento de Sanlúcar de Barrameda, donde, tras un solemne funeral concelebrado por una treintena de sacerdotes, fue enterrado en el cementerio, acompañado por un gran número de fieles, familiares y amigos. 

Enterado de su fallecimiento, el Ayuntamiento de Galaroza le rindió homenaje, junto a la Asociación Al-Jaroza, en un folleto que se repartió por el pueblo, y rotuló un lugar del pueblo cercano a su vivienda familiar con el nombre de ‘Rincón de Fray Alberto’.

La obra de Fray Alberto de Galaroza y su dedicación hacia los más necesitados le ha convertido en uno de los ejemplos de la importancia que ha tenido la provincia de Huelva para la orden de los Capuchinos en Andalucía.

Fray Alberto de Galaroza, uno de los más importantes capuchinos del siglo XX