miércoles. 08.02.2023
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El cumbreño José Valiente Bravo fue presidente del Congreso en el siglo XIX

José Valiente Bravo participó en el nacimiento de la Constitución de 1812
El cumbreño José Valiente Bravo fue presidente del Congreso en el siglo XIX

Entre los serranos ilustres cuya trayectoria y aportación merece ser conocida y significada, pocos atesoran un curriculum como José Pablo Valiente Bravo, nacido el 16 de febrero de 1749 en Cumbres Mayores, y que llegó a ser un influyente político en la España de los siglos XVIII y XIX. De vez en cuando, es necesario rescatar de la hemeroteca datos de personas como Valiente, quien, entre otros logros, fue diputado a Cortes por la circunscripción de Sevilla durante la elaboración de la Constitución de 1812, presidente de la Cámara y partícipe de la elaboración de ‘La Pepa’.

Gracias al trabajo elaborado en su día por Antonio Fernández Castaño, guía de turismo e investigador cumbreño, se sabe que José Pablo Valiente entra a formar parte de las Cortes españolas el 19 de diciembre de 1810, jurando su cargo como diputado dos días después. Mantendría este estatus hasta su baja el 20 de septiembre de 1813, participando, por tanto, de los acontecimientos históricos relacionados con el Cádiz de ‘La Pepa’. Incluso alcanzó el alto honor de presidir el Congreso desde el 24 de mayo hasta el 23 de junio de 1811.

Pero no quedaron aquí las distinciones que acumuló a lo largo de su vida activa. Fue condecorado como Caballero de la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, fue Ministro Togado del Consejo y Cámara de Indias, Intendente General del Ejército, doctor en Leyes por la Universidad de Sevilla y presidente de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, entre otros cargos.

Inició su vida pública siendo catedrático de Derecho a los 21 años en la Universidad de Sevilla, desde donde dio el salto a América, siendo nombrado primer oidor de la Real Audiencia de Guatemala y posteriormente de la de México. En 1792 tomó posesión de la Intendencia General de Hacienda de Cuba, donde se ganó la gratitud de los indianos y los méritos suficientes para ser nombrado miembro del Consejo de Indias en 1799.

De vuelta a España por enfermedad, en los momentos de la primera ocupación de Madrid por las tropas francesas, concurrió a las Juntas de Estado por llamamiento de su presidente el Infante Don Antonio, permaneciendo en el Palacio Real hasta la madrugada del fatídico 2 de mayo de 1808.

Diputado por el Reino de Sevilla en las Cortes Liberales de Cádiz de 1812, presidió en su origen varias sesiones y en el Diario de la Cámara se encuentran abundantes pruebas de su campaña en defensa de la Monarquía, mereciendo que S.A.R. la Infanta Carlota Joaquina de Borbón, desde su Palacio de Río de Janeiro (Brasil), le hiciese llegar su más entusiasta felicitación de agradecimiento por el interés y elocuencia con los que defendía los derechos de los Borbones.

Pero no olvidó a su pueblo natal, y en una de sus visitas, a principios del siglo XIX, acordó la fábrica del Retablo de San José de la Parroquia de San Miguel Arcángel.

Siguiendo los datos aportados por Antonio Fernández Castaño, cuando Valiente Bravo emprendía viaje de regreso a Sevilla desde Madrid para encontrar en su clima alivio a su salud, le sobrevino la muerte y falleció en 1817 en Santa Cruz de Mudela, provincia de Ciudad Real, donde reposan sus restos en un lugar desconocido.

En la página de la Real Academia de la Historia, Juan Bosco Amores Carredano aporta otro buen número de datos sobre este serrano. Especialmente rescata su papel durante las sesiones de las Cortes Extraordinarias de Cádiz, donde se convirtió en “auténtico jefe de filas del sector realista o ‘servil’, lo cual le valió el ataque abierto de los liberales, que terminaron por obligarle a dejar la magna asamblea de una forma abrupta, por lo que no pudo finalmente firmar la Constitución”. Este enfrentamiento, no obstante, “le supuso la ventaja de aparecer luego como un fiel servidor del absolutismo, y gozar del reconocimiento general en la Corte de Fernando VII hasta su muerte”.

El cumbreño José Valiente Bravo fue presidente del Congreso en el siglo XIX