domingo. 21.04.2024
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Duras críticas al "racismo institucional" en los municipios ligados a la producción fresera

Pepa Suárez, integrante y portavoz de la Asociación Multicultural de Mazagón, participó en la sede de Podemos Huelva en una nueva edición de los "Cafés con tertulia". El título de su disertación fue "Migración y frutos rojos: precariedad y chabolismo".
Participantes en el coloquio
Participantes en el coloquio
Duras críticas al "racismo institucional" en los municipios ligados a la producción fresera

Pepa Suárez hizo tomar conciencia de la "devastación humana que se esconde tras la gran rentabilidad de los frutos rojos en nuestra provincia", ha asegurado la formación política en una nota.

Pepa Suárez
Pepa Suárez

Desde los años noventa del pasado siglo, el campo onubense demanda mano de obra inmigrante para sacar adelante en el tiempo justo las cosechas. Y ya en el año 2000, los sindicatos informaban que en torno a mil quinientos magrebíes malvivían en chabolas, con tal de realizar jornadas de trabajo en las plantaciones.

Desde entonces, lamentablemente, nada ha cambiado, salvo que la procedencia de la mayor parte de las personas que hoy siguen malviviendo en asentamientos sin agua y sin luz es el África subsahariana.

Pasan años y décadas y ni los ayuntamientos implicados (Lepe, Moguer, Palos, Lucena) ni la Junta de Andalucía llevan a cabo medidas que terminen con esta situación, que ya ha escandalizado a los organismos internacionales.

Pepa Suárez habla de un "racismo institucional" que se desvela tras la negativa de los municipios citados a empadronar a estos trabajadores; tras la negativa de muchos vecinos a alquilarles una vivienda; tras el desinterés que muestran los sindicatos mayoritarios en esta cuestión.

Según Freshuelva, la actividad de los frutos rojos genera cada año cifras de producción de mil doscientos millones de euros. Un volumen de negocio muy importante que, sin embargo, no parece alcanzar para dotar de alojamiento digno a ese cinco por ciento de población inmigrante que deja su trabajo en nuestros campos pero no merece, al parecer, un trato mínimamente humano. Es especialmente trágica la situación de las mujeres que forman parte de este colectivo.

Una realidad que Pepa Suárez nos ha puesto delante, desde su experiencia directa de cómo cada año se destruyen muchas de estas infraviviendas, con todos los enseres de sus habitantes dentro. O como las llamas consumen cada año los asentamientos, ante la inacción de las autoridades municipales.

El respeto que nos merece la agricultura onubense no es incompatible con la denuncia de realidades que dejan una herida sangrante en nuestro paisaje, y que asociaciones como la de nuestra invitada no han dejado de denunciar ni un solo día con todas sus fuerzas, sin obtener respuesta.

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