domingo. 29.01.2023
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Juan Sánchez: "Me gusta inventar historias de ficción y desarrollarlas"

Me alegra que se acerque hoy por esta tribuna pública del Made In Huelva un medio paisano mío, pues su madre es de Constantina. Me refiero a Juan Sánchez Ávila.
En una simpática pose
En una simpática pose
Juan Sánchez: "Me gusta inventar historias de ficción y desarrollarlas"

Juan Sánchez Ávila es una persona de lo más interesante, que cuando le llamo para realizar esta entrevista, en principio no está por la labor pero al final acepta y la empieza presentándose de esta manera:

"Nací en Sevilla casi por accidente pues al tercer día ya estaba por Huelva. Mi madre es de Constantina, un pueblo en el corazón de la Sierra Norte de Sevilla donde vamos con frecuencia. Mi padre era de Pozoblanco, en el Valle de los Pedroches en Córdoba y estuvo en el Ejército del Aire donde se formó como técnico electrónico. Allí lo destinaron al radar militar de Constantina y conoció a mi madre y se casaron en la ermita de Santa Ana. Al salir del ejército consiguió trabajo en Rank Xerox y lo destinaron a Huelva, donde formaron una familia de tres hijos, siendo yo el mayor.

Otros tiempos, en plena infancia
Otros tiempos, en plena infancia

Tras un corto tiempo en Tres Ventanas, compraron un piso en La Orden donde mis hermanos y yo crecimos. Mis padres siempre fueron personas religiosas y trataron de inculcárnoslo. Así, mi padre fue invitado por el párroco de Santa Teresa, don Juan Tocino junto a otros adultos, a formar parte de una asociación que los chavales de la parroquia estaban creando en torno al Cristo del Perdón que presidía el altar mayor para darle más consistencia. La actual Hermandad como sabía lo que me gustaban las cofradías, hizo que nos apuntaran juntos. De echo, tanto mi familia como yo estamos muy vinculados a la hermandad. Mi padre llegó a ser Hermano Mayor, mi madre Camarista y mi hermana Gloria Diputada Mayor de gobierno hasta el año pasado. Yo he sido vocal de cultos, vicesecretario y costalero.

Hoy en día soy un hermano de número y sigo acompañando a mi cristo "agarrado" a una de las maniguetas del paso. Igualmente estoy en otras hermandades a las que me honro en pertenecer, como la de Padre Jesús del Gran Poder en Constantina, la primera en la que salí de nazareno, y las de la Borriquita y la Misericordia en Huelva.

Para mis padres que tuviésemos una buena formación era importante y se esforzaron al máximo. Estudiamos en el Colegio Montessori, y aunque  me gusta aprender, no siempre me fue todo lo bien que sería deseable en el cole, a pesar que tuve maestros fantásticos.

Luego pasé al Alto Conquero a hacer BUP y COU, y de ahí a la Universidad de Huelva donde me licencié en Historia. De ahí fui de menos a más, al principio me costó un poco, pero a medida que avanzaban los cursos mis notas mejoraron. Casi me doctoro, pero no llegué a terminar la tesis. Probablemente la universidad sea la mejor etapa de mi vida. Allí, además disfrutar de grandes profesores, entre ellos María Antonia Peña, la actual rectora de la onubense, participé en el Servicio de Asistencia Religiosa que dirigía don Eduardo Martín Clemens.

Después de la universidad me busqué la vida como pude. Repartí publicidad buzoneándola, lo que no siempre era agradable, hice alguna sustitución como profesor de Historia en un par de colegios en La Palma del Condado o Sevilla y colaboré en algunos medios de comunicación onubenses haciendo información cofrade. Hasta abrí el mío propio, Placeta.es junto a la que era entonces mi pareja y algunos amigos. Mientras procuré seguir formándome. Uno de los cursos que hice fue de bibliotecario y me gustó. Pasado un tiempo empecé a preparar oposiciones a Técnico Auxiliar hasta que en una de ellas, en la Universidad de Sevilla, me llamaron para cubrir una baja. Luego otra, y así se regularizó la situación laboral.

Cuando la pandemia empezó a remitir, y como el ir y venir a diario cada vez me cansaba más y mi coche lo iba notando, terminé por irme a vivir a la capital hispalense, con Ruán, mi gato. Lo más cariñoso y juguetón que he conocido como animal. De eso hace casi dos años, y en Sevilla sigo, aunque sin perder de vista mi ciudad, a la que me gustaría volver"

Una vez hecha la presentación, entramos en faena y la entrevista fue fluyendo, no en vano Juan es un buen conversador y lo encontré con ganas de comunicar, por lo que la primera pregunta surge rápidamente. 

Con su gato
Con su gato

P - ¿Qué opinión tienes de la situación que estamos viviendo?

R. - La situación no es buena, desde luego, pero tampoco creo que haya que perder la calma ni la esperanza. A lo largo de la historia unas crisis se han sucedido a otras y siempre se ha salido adelante, ¿por qué esta vez iba a ser diferente? Además, a veces incluso se ha salido mejor, más fuertes, más preparados.

Lo que quizá sí haya cambiado esta vez es que seamos más individualistas que nunca. A ver, un poco de individualismo está bien, es lo que nos define como individuos. Pero me parece que somos menos empáticos y solidarios que antes. No lo sé, es una percepción. Eso lo veremos si las cosas se tuercen de verdad a nuestro alrededor.

Imagen de nuestro entrevistado
Imagen de nuestro entrevistado

P. - ¿Cómo crees que ha cambiado la vida con el COVID?

R. - En general, somos más temerosos. A fuerza de querer concienciarnos de los riesgos que corríamos al principio, cuando no había cura y los hospitales estaban saturados, desde los medios se nos metió el miedo en el cuerpo. Cuando la situación ha mejorado y prácticamente hemos salido de esta, no se está haciendo lo contrario, para que normalicemos la situación. Incluso a veces se siguen haciendo predicciones catastrofistas, sobre todo con las noticias que nos llegan de China. Pero no olvidemos que este país es una dictadura donde se han hecho controles brutales de la población desde hace décadas. Ni sus noticias ni sus intenciones son fiables.

El COVID sigue ahí y se va a quedar para siempre, como el sarampión o la viruela, enfermedades que antes de que existieran vacunas mataban a millones de personas o en el mejor de los casos incapacitaban y hoy día siguen matando, pero no son ni la sombra de lo que eran entonces. Con el COVID va a ser lo mismo. Tenemos que mentalizarnos que vamos a convivir con ella. No hay otra.

En un evento
En un evento

P. - ¿Te esperabas una guerra en Europa en pleno siglo XXI?

R. - No y sí. En Europa vivimos en una burbuja que nos hemos creado y creemos que esos problemas no pasan aquí, que son cosa del tercer mundo, de pobres. Parece que no hemos aprendido nada, no ya de las guerras mundiales o de la Guerra Fría. Nos hemos olvidado de la guerra de Yugoslavia de hace tan sólo 30 años. No queríamos enterarnos pero era perfectamente posible que pasara hasta que pasó.

Pero es que hay guerras por todo el mundo aunque los medios no hablen de ellas. Además de Ucrania, hay conflictos bélicos por toda África, en Siria aquella guerra que salía en los telediarios sigue, aunque ya no salga por la tele ni apenas se hable en Twitter. Como siguen los conflictos en Afganistán o Iraq.

Ahora, como la tenemos «cerca» nos hemos asustado un poco. Eso es todo.

P. - ¿Has pasado miedo en algún momento?

R. - La verdad es que miedo como tal, no. Algo de incertidumbre sí, claro. Se nos vino una situación nueva que no sabíamos cómo nos afectaría ni apenas teníamos información. Pero siempre cuando pasa algo imprevisto vamos a tirar para adelante de un modo u otro. Siempre ha sido así, está en la esencia de la humanidad. Y parece que no hemos salido tan mal como creíamos. O como nos quisieron hacer creer. Además, Dios no nos abandona nunca, aunque a veces nos parezca lo contrario.

Incluso cuando la cosa pintaba peor hice por mantener la calma. ¿Qué es lo peor que podía pasarme, morirme? De todas formas tarde o temprano me va a pasar. A mí y a todo el mundo. A veces pienso en la muerte y no lo veo tan malo. Es algo triste, sobre todo si piensas en cómo quedará tu familia y amigos. O si le pasa a alguno de ellos y te das cuenta que vas a dejar de verlo, de compartir momentos con él. Pero también es verdad que en algún momento nos vamos a reunir con ellos. Me acuerdo mucho de mi padre, que nos dejó hace poco más de 20 años, o de personas que pasaron por mi vida, me marcaron y ya no están aquí. Será genial volver a abrazarlos. Pero tampoco tengo tanta prisa, ¿eh? (jajaja)

Posando en un evento
Posando en un evento

P. - ¿Qué proyectos tienes cara al futuro y qué haces ahora?

R. - Hace seis años me llamaron para trabajar en la biblioteca de la Universidad de Sevilla. Me presenté a una oposiciones, quedé en bolsa y me fueron llamando hasta que mi situación se estabilizó. Cuando la pandemia empezó a remitir, hace casi dos años, aún con restricciones, me fui a vivir allí. Ahora han hecho una nueva convocatoria y me voy a presentar para seguir trabajando, me la estoy preparando. La verdad, es que me gusta mi trabajo. En eso me siento muy afortunado.

También me gusta escribir, lo hago bastante a menudo aunque casi nunca publico nada. Tengo un par de blogs donde publico mis escritos de vez en cuando. Nada serio, es solo un entretenimiento. Me gusta inventar historias de ficción y desarrollarlas. Pero tengo muchas carencias que me gustaría ir puliendo. Quién sabe. Quizá cuando acabe todo lo que tengo entre manos me lo plantee seriamente y termine sacando algo interesante.

P. - ¿Qué significa para ti Huelva y cómo lo valoras?

R. - Soy onubense. Huelva es mi ciudad. Es donde me crie, donde pasé la mayor parte de mi vida. Aunque por circunstancias nací en Sevilla y ahora vivo allí, he vivido en Huelva desde que tenía tres días de edad hasta un mes antes de cumplir los 44 años. Así que soy un choquero más. Y del barrio de La Orden nada menos. Eso lo digo con orgullo.

Huelva es una ciudad fantástica. Es un lugar donde merece la pena vivir y disfrutar. Quizá lo que nos falte es conciencia de ello. 

Por cierto, gran parte de su patrimonio histórico-artístico o natural, o bien se ha perdido para siempre o por lo contrario está en mal estado. Esto hay que solucionarlo con urgencia. Los cabezos, por ejemplo, deben cuidarse para que lo sigamos disfrutando, no ocultándolos con ladrillo. Lo que se hizo con el Parque Moret es, creo yo, el camino que deberían seguir todos ellos.

También tenemos el problema con las infraestructuras donde unos, otros y los de más allá nos engañan día si, día también. Ahí tenemos que poner pie en pared, pues no prometen proyectos fabulosos para después no hacer nada o hacer algo que es insuficiente. Tendríamos que ser mucho más exigentes, pero para ello tendríamos que tener muy claro lo que de verdad necesitamos, no caer, como siempre, en cantos de sirena.

P. - ¿Y Constantina, qué es lo que más te gusta del pueblo de tu madre?

R. - Me gusta todo, o casi todo. Mi madre tiene una casa en Constantina y vamos con bastante frecuencia. Un par de años incluso hemos ido en Nochevieja sólo para tomarnos las uvas en el Llano del Sol con el reloj de la majestuosa torre de la iglesia. Sólo estábamos nosotros, pero fue muy divertido.

Cuando estoy allí me gusta disfrutar de la tranquilidad, pasear entre la Alameda y calle Mesones y acercarme a Santa Ana a visitar a Padre Jesús, o las ruinas de la ermita de la Yedra. Y cuando volvemos siempre vamos primero a visitar a la Virgen del Robledo y procuramos traernos algunos chorizos, regañás, hornazos o papas del Chato. Además, sigo siendo hermano de la Hermandad de Padre Jesús y el año pasado volví a salir allí de nazareno.

En su lugar de trabajo
En su lugar de trabajo

P. - Estás ahora trabajando en una biblioteca ¿A qué edades van más a leer? 

R. - No me atrevería a responderte a esa pregunta. Yo trabajo en una biblioteca universitaria, así que la mayor parte de los usuarios que atiendo son estudiantes que necesitan ayuda para preparar exámenes o trabajos y algunos opositores que necesitan un sitio tranquilo para estudiar. Lo que sí hemos notado es que desde la pandemia la consulta de libros físicos ha bajado considerablemente, casi de un día para otro. Tanto la consulta en sala como el préstamo. Es verdad que muchos de los libros se pueden leer en línea y las bibliotecas tenemos ese servicio. Pero el hábito lector se está perdiendo. Y eso me preocupa.

Leer te permite expandir la mente. Para comprender lo que se lee el cerebro tiene que hacer un esfuerzo. Con la falta de práctica la capacidad de comprensión en general, no sólo de lo que se lee, se pierde y también el poder hacer una reflexión de lo que pasa a nuestro alrededor. Es verdad que hay mucha información en internet, y libros electrónicos o audiolibros en plataformas como Ivoox o la misma Youtube, yo mismo los uso muchas veces. Pero la interacción con el libro físico, al menos en mi experiencia, enriquece la experiencia lectora.

Estamos en la era de la información, o eso nos dicen. Pero la verdad es que estamos infoxicados, saturados de tanta información que nos viene de todos lados todo el tiempo, un bombardeo continuo. No somos capaces de asimilarla. Hace falta una reflexión para la que ya apenas estamos preparados por la falta de hábito lector y encima tampoco hay tiempo. Todo es demasiado inmediato. Creo que necesitamos un descanso, pero no sabemos cómo hacerlo. Yo el primero.

En una feria
En una feria

P. - ¿Cómo fue tu niñez y qué soñabas ser de mayor?

R. - Feliz. Mis padres nos querían mucho a mí y a mis hermanos y nos enseñaron valores y a ser felices. Se preocuparon de que tuviésemos una buena educación. Fuimos al Montessori donde además tuvimos profesores y maestras fantásticos. Yo todavía los recuerdo con mucho cariño. A Juan Antonio, a Fifi, a Manolo Calvarro y muchos otros. Doña Cinta Almoguera supo formar un equipo docente inmejorable.

En cuanto a amigos, nunca tuve muchos. Siempre he sido una persona muy introvertida. Pero eso sí, los que tenía eran geniales. Como los de ahora. Al contrario de lo que se suele pensar, los introvertidos sabemos disfrutar de la vida, sólo que estamos en otra onda. No nos va la cantidad, preferimos la calidad.

Salía poco a jugar a la calle, me quedaba a jugar en casa con mis cochecitos o al ordenador con mi Commodore 64, que fue lo mejor que me trajeron los Reyes Magos, o leía, sobre todo tebeos. Me encerraba en mi cuarto y me hartaba de reir con Mortadelo.

P. - ¿Cuáles son tus aficiones preferidas y a qué dedicas tu tiempo libre?

R. - Como te dije antes soy una persona introvertida, prefiero los pequeños placeres solitarios en casa. Sigo leyendo cómics, aunque de temas muy variados, no tengo una mala colección, es muy variada. Y de vez en cuando le doy a mis viejos videojuegos, aunque con un emulador. La verdad es que soy lo que llaman un friki. También he intentado lo de dibujar, pero creo que Dios no me ha llamado por ese camino. (jejeje)

Sobre todo me gusta leer, no sólo cómics, mi biblioteca personal es bastante más amplia. También escribir. Me divierte inventar historias de ficción aunque casi nunca publico nada. Tengo un par de blogs para eso pero apenas los uso. En uno de ellos inventé una superheroína –como buen friki que soy- a la que llamé «Angelita» y poco a poco voy desarrollando su historia, aunque hace casi un año que no le doy nuevos quebraderos de cabeza a la pobre. Es una historia un poco infantil y a veces no demasiado bien escrita. Pero me divierte mucho hacerla. Si no escribo más es por falta de tiempo.

También me gusta hacer un poco de ejercicio, por la mañanas voy al gimnasio y siempre que puedo, me doy un paseo sin un rumbo fijo. Y cuando estoy liado con las tareas de la casa suelo escuchar algún podcast o un audiolibro.

Excepto la Semana Santa, no me gustan las actividades multitudinarias. Y aún así, procuro buscar lugares donde las cofradías transitan donde no va mucha gente. Hay cofradías que procesionan por lugares preciosos donde no va casi nadie y puedes disfrutar de la intimidad que te brindan sus hermanos.

En una de sus actividades cofrades
En una de sus actividades cofrades

P. - Hablando de Semana Santa, como cofrade, ¿qué momento crees que vive la Semana Santa de Huelva actualmente?

R. - En líneas generales se está viviendo un momento muy bueno. Las hermandades están teniendo un desarrollo fantástico, no sólo en lo material. En general han sabido adaptarse muy bien a los tiempos, aunque en alguna cosa quizá nos hayamos mundanizado un poco. Pero en general, la Semana Santa de Huelva está viviendo un momento de esplendor. No podemos olvidar que a día de hoy, la Semana Santa es  la celebración más popular y con más participación de la ciudad de Huelva. Y probablemente la que más gente de fuera atrae.

Además las hermandades están más vivas que nunca. No sólo que estén llevando a cabo grandes proyectos que hace unos años parecían utópicos, te pongo por caso a mi Hermandad del Perdón, donde por fin -tras 35 años soñando- hemos podido ver a la Virgen de los Dolores bajo su propio palio, ya con bordados, o el misterio para mi  Cristo junto a la Virgen del Amor Misericordioso. Y no sólo se mueven en proyectos materiales, también son sociales y solidarios.

Pero es que además, lo cofrade se mueve todo el año, no sólo en el círculo de los «jartibles». Cuando empecé a colaborar con el Odiel Información o en CNH apenas se daba información cofrade fuera de la Cuaresma, y no siempre era de calidad. Ahora en cambio los programas de radio y televisión solo paran en verano y aún así, raro es el año que no tienen que abrir un hueco. Y la profesionalidad que hay ahora está fuera de toda duda, antes, salvo honrosas excepciones, casi siempre éramos «capillitas» que intentábamos cubrir el hueco lo mejor que podíamos.

Hombre de fe
Hombre de fe

P. -- ¿Con qué personaje te gustaría compartir una cena y qué le preguntarías?

R. - Me gustaría conocer a don Francisco Ibáñez. En cierta manera le debo quien soy. Trabajo en una biblioteca porque me gusta estar rodeado de libros, los libros han marcado mi vida. Y eso es porque desde muy chico le cogí el gusto a la lectura gracias a sus personajes y a los de sus compañeros en el mítica Bruguera.

Es uno de los artistas con más talento y capacidad de trabajo en España, y probablemente en el mundo. Un hombre que ama su trabajo y lo sigue ejerciendo con 86 años a sus espaldas. Fíjate que sus Mortadelo y Filemón empezaron hace más de 60 años, y no son de sus primeas creaciones. Me gustaría preguntarle cómo lo hace.

P. - ¿De qué te arrepientes? 

R. - De muuuchas cosas. Como todo el mundo he metido mucho la pata y me he equivocado innumerables veces. Además sé que aunque sea involuntariamente lo seguiré haciendo. Como todo el mundo, vaya.

Sobre todo me arrepiento de haberme alejado de gente a la que aprecio. Con el tiempo empiezas a darte cuenta que con tus meteduras de pata, con tus obcecaciones, has podido perjudicar a alguien, incluso personas que podía estar cercano en ese momento. Pero el daño queda hecho y ya no hay vuelta atrás. Llega un momento en que te das cuenta que tienes que abrir un poco más la mente, ser más empático porque si no te terminas alejando de gente que apreciabas. No siempre la culpa es tuya, claro. Hay veces que el más cabezota es el otro y por mucho que lo intentes la ruptura es inevitable. Pero sigue siendo un poco triste.

P. - ¿Qué es lo que más valoras y más detestas de un humano?

R. - Valoro -y admiro- a quienes son capaces de intentar ser un poco mejores cada día. Se esfuerzan en ser mejores, más amables, comprensivos, sabios... Los que sacan tiempo para su trabajo, su familia, leer y hacer ejercicio cada día, están atentos a su alrededor, y, además lo consiguen. Yo lo intento pero aún estoy lejos de todo eso, aunque me voy acercando pasito a pasito. O eso creo, aunque repito, aún estoy muy lejos.

Lo que más detesto, y me jode, es el conformismo. Los que se escudan en la resiliencia que tanto está de moda ahora para no hacer nada ni por ellos mismos ni por los demás. Una cosa es aceptar que hay cosas que están fuera de nuestro alcance como decían los antiguos estoicos –y creo que tienen razón- y otra cosa es pasar de todo, quedarte inmóvil por comodidad, despreocuparse de todo y que ahí me las den todas. Y si no me las dan, quejarme, pero sin hacer nada. Una cosa es que echemos una mano a quien está pasando una mala racha y necesita nuestra ayuda -que no debemos dejar de hacerlo nunca, bajo ningún concepto- y otra acomodarse a vivir a costa de los demás.

Hacer del mundo un sitio mejor en realidad es bastante fácil, basta con hacer mejor la parte que le toca a cada uno.

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Juan Sánchez

P. - ¿Qué es para ti la felicidad?

R. - Ante todo tranquilidad. Poder disfrutar de los pequeños placeres y pequeñas alegrías de la vida. Con tu familia, tus aficiones... La vida por sí sola te va a traer problemas. Alegrías, no tantas. Hay que aprender a sobrellevarlos con calma y a quedarse con lo bueno. No siempre es fácil, pero cuando lo consigues, ahí creo yo

Juan Sánchez: "Me gusta inventar historias de ficción y desarrollarlas"
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