sábado. 01.10.2022
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Fray Claudio de Trigueros destacó por su potente y convincente oratoria

Huelva en el Archivo de los Capuchinos de Andalucía (IV).

Claudio en moguer.
Claudio en moguer.
Fray Claudio de Trigueros destacó por su potente y convincente oratoria

Antonio Rivera Ruiz llegó al mundo en Trigueros, el 11 de enero de 1895, hijo de Antonio Rivera Sánchez y Rita Ruiz Franco. Ingresó en la Orden de los Capuchinos con veintiun años, el 29 de julio de 1916, con el nombre de Fray Claudio María de Trigueros, realizó su profesión temporal apenas un año después, y la perpetua el 2 de agosto de 1920. Su ordenación sacerdotal se produjo el 20 de diciembre de 1924.

Claudio en Sevilla.
Claudio en Sevilla.

Desde muy joven fue ocupando diversos puestos de relevancia en la congregación. Accedió a la guardianía del convento de Antequera, aunque duró poco en el cargo ya que sus superiores le pidieron inmediatamente después su disponibilidad para que fuese maestro de novicios y se trasladó a Sevilla. Es muy probable que esta decisión le salvara la vida, ya que habría perecido junto a los mártires antequeranos en 1936.

Desempeñó aquella función educativa desde 1931 a 1937, y luego pasó a otras responsabilidades; profesor del Seminario Seráfico de Antequera; director de la Escuela Seráfica de Antequera (1929-1936); Guardián de los conventos de Antequera (1936-1937, 1940-1943), Sevilla (1937-1940, 1946-1949), Moguer (1955-1958) o Ronda; Guardián de la residencia de la Capilla de San José (1961-1964), y otras muchas ocupaciones.

Cultivó la escritura y recorrió Andalucía realizando múltiples predicaciones. Publicó multitud de artículos y escritos en la revista ‘El Adalid Seráfico’.

Sobre 1940 fue enviado junto a los hermanos Jacinto de Chucena y Francisco de Sevilla a la ciudad de Ceuta a realizar una misión.

La misma labor desempeñó en la localidad sevillana de Cantillana en todas sus parroquias en los primeros años de la década de los 40, quedando muy vinculado a la población. Fue acogido en la casa de Mercedes Espinosa Sarmiento, gran devota de la Divina Pastora, siendo mayordoma de su hermandad de Cantillana. Fue muy importante en la Hermandad de la Divina Pastora de esta localidad; una de las medidas que tomó, junto a Espinosa, fue la aceptación de hombres en la Hermandad, mediante la fundación de una asociación de laicos en el seno de la parroquia bajo el nombre de ‘Redil Eucarístico de la Divina Pastora de las Almas de Cantillana’, que posteriormente se anexionaría a la Hermandad. Fue uno de los principales instigadores de la Romería de la Divina Pastora, que se celebró por primera vez en 1952 en el olivar de La Pola, sito en Los Pajares, formando parte de su comitiva.

Su vinculación con la provincia que le vio nacer fue muy prolífica. Estuvo en todos los destinos y lugares con presencia capuchina, en Huelva, en Moguer, en Galaroza y, por supuesto, en su localidad natal, en la que existe un colegio de Educación Infantil y Primaria con su nombre.

En Galaroza, concretamente, fue uno de los artífices de la cesión por parte de María Teresa Vázquez de Prado del inmueble que ocuparon los capuchinos desde 1950, hoy sede de la Asociación Paz y Bien y del centro comarcal El Múrtiga.

Destacó por su oratoria y su poder de convicción. Sus predicaciones y conferencias llenaban el espacio y fue llamado a protagonizar innumerables actos por toda Andalucía. Hombre de potente constitución y presencia, su fortaleza contrastaba con su sensibilidad, según opinión de cuantos le conocieron. Algunas fuentes califican su elocuencia como “verbo cálido y penetrante”, en la línea persuasiva y vibrante que gustaba a los fieles de la época.

Falleció de ataque cardíaco en la Capilla de San José, en Sevilla, el 13 de noviembre de 1969. Sus restos descansan en Cantillana, en la ermita levantada en los terrenos en los que anualmente se celebra la romería a la Divina Pastora, por petición de los hermanos de la corporación. El 7 de febrero de 1987 se trasladaron sus restos y se colocaron a los pies de la Divina Pastora. También existe en la localidad una calle con su nombre.

Fray Claudio de Trigueros destacó por su potente y convincente oratoria
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