domingo. 23.06.2024
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La psicología es el arma secreta de Carolina Marín

La psicología es el arma secreta de Carolina Marín

La extraordinaria fortaleza mental de la onubense y sus recursos para animarse y desmoralizar a las rivales, son el fruto de una preparación psicológica muy rigurosa. Su psicólogo, Pablo del Río, recreó partidos virtuales en una sábana y llevó a la doble Campeona del Mundo a imaginar un éxito que luego se haría realidad.

"Puedo, porque pienso que puedo". Esta frase se ha hecho tan famosa como la propia Carolina Marín. Es uno de los mantras de la doble Campeona del Mundo de Bádminton, ferviente partidaria de entrenar el cerebro tanto o más que el cuerpo o la técnica. La onubense tiene un arma secreta en su fortaleza mental. Y no es fruto de la casualidad ni de la genética.

Su concentración, su extraordinaria capacidad de recuperación, las prácticas de autoapoyo, las pausas para controlar el juego, las miradas, los gestos y los gritos de celebración con que intimida a las rivales... todo está estudiado, todo ha sido preparado. Pablo Río, psicólogo profesional del Centro de Alto Rendimiento de Madrid, lleva seis años trabajando la mente de Carolina. Y sus métodos funcionan.

La relación de la canterana del IES La Orden con la psicología comenzó con uno de los motivos que lleva a muchas personas al diván. Coincidiendo con su marcha a Madrid, sus padres se separaron, y la adolescente que era entonces -tenía 14 años-, se vio obligada a madurar por la vía rápida.

Desde entonces, la preparación mental forma parte de su rutina. Una rutina reforzada aún más si cabe por la lesión que sufrió en su pie derecho a un mes de disputar el Mundial de Indonesia, percance que incluso llegó a poner en peligro la presencia de la onubense en Yakarta.

Con Carolina con un pie inmovilizado, Pablo del Río llevó la psicología un paso más adelante. Junto a Fernando Rivas, se las arregló para proyectar imágenes tomadas desde las esquinas de la pista en una sábana extendida en la pared. La idea era recrear un partido virtual. Lo llaman práctica figurada y la onubense se sometió a ella tres veces por semana.

Fue así como nuestra campeona se imaginó jugando en Yakarta, derrotando a todas sus rivales, alcanzando la final y ganando su segundo oro. Un mes después, hacía realidad todo lo que su mente había visualizado en el CAR de Madrid en una sábana colgada de la pared.

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