viernes. 26.04.2024
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Salud mete a la capital y a todo el sur en el mapa de alto riesgo por la fiebre del Nilo

Salud Pública acaba de actualizar el mapa de riesgos por el virus de la fiebre del Nilo (VFN) para la temporada 2022. En el mapa se incluyen zonas de alto riesgo o críticas: Almonte, Lepe, Moguer, Gibraleón o el entorno de la capital onubense. Y también Encinasola, al norte, o Santa Bárbara de Casa.
Salud mete a la capital y a todo el sur en el mapa de alto riesgo por la fiebre del Nilo

La Dirección General de Salud Pública y Ordenación Farmacéutica de la Junta de Andalucía acaba de actualizar el mapa de riesgos por el virus de la fiebre del Nilo (VFN) para la temporada 2022. En el mapa se incluyen varias zonas de alto riesgo o críticas, además de otras en riesgo moderado. En este mapa de alerta máxima se encuentran Almonte, Lepe, Moguer, Gibraleón o el entorno de la capital onubense. Y también se incluye Encinasola, al norte, o Santa Bárbara de Casa.

Los últimos brotes de Huelva se detectaron en 2021 en Gibraleón, Lepe y Santa Bárbara de Casa. El primero de ellos el 19 de agosto, el lepero el 2 de septiembre y el de Santa Bárbara en una fecha inusual para este virus, el 6 de octubre.

Desde 2013, el virus del Nilo se ha paseado por muchos pueblos de la provincia. Ya ese año se detectó en caballos de los municipios de La Palma del Condado, Nerva, El Campillo, Isla Cristina, Cartaya y Valverde. En 2014 afectó a equinos de Puebla de Guzmán y Paymogo y en 2015 en Moguer.

Fue en 2016 cuando la fiebre del Nilo dio un salto considerable en la provincia de Huelva. Calañas, Rociana, Almonte (por triplicado), Cartaya, Alosno, en dos ocasiones, Paterna del Campo, San Bartolomé, El Almendro, Puebla, Bollullos, Aljarque e Isla Cristina reportaron casos de esta enfermedad que ahora añade preocupación a las autoridades sanitarias andaluzas, a los veterinarios y a los servicios de detección y vigilancia epidemiológica.

Aunque la enfermedad se silenció en 2017 volvió a brotar tímidamente en 2018 con casos en Almonte y Calañas y se reactivó en 2019 en Almonte, con otros dos casos de caballos afectados, y Lepe. Hasta el último de Gibraleón en caballos. Y, lo más preocupante, hasta el brote de los municipios sevillanos de Puebla y Coria del Río no se habían dado señales de alarma sanitaria.

Aunque en mitad del brote de 2016 que tanto afectó a la provincia de Huelva, la fiebre del Nilo dio el salto a los humanos. En septiembre de aquel año Salud confirmó el primer caso de una persona afectada por la fiebre del Nilo. Una turista francesa que había estado de vacaciones entre las provincias de Sevilla y Huelva fue diagnosticada.

De los 80 municipios que tiene la provincia de Huelva, el virus que provoca la fiebre del Nilo ha sido detectado ya en 28. Y no todos pertenecen al área geográfica más proclive a la presencia de mosquito.

Al margen de Almonte, que es con diferencia el territorio más afectado, ha sido datado en pueblos tan alejados de tierras marismeñas como El Campillo, Nerva, Alosno, Valverde del Camino, Calañas, Puebla de Guzmán o Paymogo y Santa Bárbara de Casa en 2021. Hasta penetró en la Sierra de Aracena, muy al norte, aunque las altas temperaturas convierten ya a este territorio en terreno propicio para acoger poblaciones de mosquitos.

Enfermedad grave y de declaración obligatoria

La Fiebre del Nilo Occidental (FNO) es una enfermedad emergente en Europa y su declaración es obligatoria y urgente. Su presentación es estacional, de mayo a noviembre en nuestro medio. El agente causal es el Virus del Nilo Occidental (VNO), cuyos linajes 1 y 2 son los que hasta ahora hay evidencias que afectan a las personas. Este virus se transmite a través de la picadura de determinadas especies de mosquitos.

Los mosquitos se encuentran presentes de forma natural en nuestro entorno. Las hembras son hematófagas (se alimentan de sangre), por lo que los convierte en vectores funcionales y potenciales de transmisión de multitud de enfermedades para las personas, además de la FNO, como son Usutu, Malaria, Dengue, Fiebre Amarilla, Chikungunya, Zika, Fiebre del Valle del Rift.

La distribución y abundancia de muchas especies de mosquitos son consecuencias de las condiciones ambientales y, por lo tanto, se ven afectadas por el cambio climático, con factores como la temperatura o la precipitación.

La Dirección General de Salud Pública y Ordenación Farmacéutica ha actualizado, tras el análisis de los datos de vigilancia del año 2021, el mapa de riesgo para minimizar el impacto de infecciones por la enfermedad de FNO en humanos en Andalucía. Para ello, se zonifica el territorio andaluz en áreas de riesgo; la vigilancia del VNO en los ámbitos: ambiental, animal (aves y equinos), entomológica y epidemiológica humana; y el control del VNO a través de la vigilancia y control de los vectores en función del nivel de riesgo de cada municipio.

Al ser una enfermedad emergente de tipo estacional, se plantea que, con los resultados de la implantación de la vigilancia, de forma anual se evalúe la circulación del Virus del Nilo Occidental y, en función de los resultados, se establezca la clasificación anual del nivel de riesgo  a nivel municipal de tal forma que, a principios de cada temporada, cada municipio conozca su nivel de partida en cada año y, en base a su nivel, se implanten por cada Administración con competencias las acciones que dicho Programa plantea.

Una vez publicada la actualización en la web de la Consejería de Salud y Familias, se ha procedido a remitir a los municipios afectados, desde cada una de las Delegaciones Territoriales de Salud y Familias, el nivel de riesgo de partida para la temporada 2022, de forma que, una vez conocido el nivel de riesgo por cada municipio, éste proceda a actualizar, realizar y/o ejecutar las actuaciones previstas en el mencionado programa en función del nivel de riesgo de partida.

El Virus del Nilo en Andalucía

En Andalucía existe una gran variedad de especies de mosquitos que viven en humedales, tanto naturales como artificiales, distribuidos por toda la geografía, compartiendo hábitats con aves que pueden tener virus autóctonos o importados de los países que visitan durante su migración.

Los humedales, arrozales y marismas contribuyen como posibles focos o refugios de vectores.

Además, dentro de los núcleos urbanos aparecen determinados espacios que, por sus características ambientales, son favorables a la reproducción de los mosquitos, generando riesgos para la salud o molestias para el ciudadano. En ellos, los mosquitos encuentran un hábitat adecuado para la obtención de recurso vitales (alimento y refugio) pudiendo proliferar como plagas.

El 80% de las infecciones por VNO asintomáticas, pero alrededor de un 20% pueden presentar un síndrome pseudogripal autolimitado (FNO), y en torno a un 1% desarrollan Enfermedad Neuroinvasiva por VNO, cuyan manifestaciones clínicas son encefalitis (55-60% de los casos graves), meningitis (35-40%) o parálisis flácida (5-10%). La letalidad de estas formas graves es de entre un 4 y un 14%, llegando hasta el 29% en los mayores de 70 años.

En Andalucía, en el verano de 2020, se notificaron a la Red de Alerta 71 casos humanos de Meningoencefalitis por VNO (56 casos en la provincia de Sevilla, 15 en la provincia de Cádiz, además de 1 caso probable en la provincia de Málaga). De estos, 8 personas fallecieron. En Andalucía se abordó el control de vectores culícidos para respuesta a dicho brote.

Finalizado 2020, el Consejo de Gobierno acordó y tomó conocimiento en marzo de 2021 del Programa de Vigilancia y Control Integral de Vectores de la Fiebre del Nilo Occidental.

Tras la implantación del programa en 2021, independientemente de que las condiciones ambientales (temperatura, lluvia, estacionalidad de estas…) hayan podido modificar el patrón de comportamientos del vector, se han registrado 6 casos, todos ubicados en la provincia de Sevilla.

La puesta en marcha de planes municipales recogidos en el programa andaluz ha sido fundamental para la eficacia del mismo, para posibilitar el control constante de los vectores en el medio urbano en las localidades afectadas y, se ha reducido el riesgo de contraer la enfermedad por parte de la población al estar menos expuesta a la picadura del vector.

Asimismo, es importante recordar las medidas preventivas que la población de las zonas de riesgo puede tomar para evitar la picadura de mosquito, evitando las franjas horarias de mayor actividad vectorial (amanecer y atardecer), protegiéndose con repelentes y con ropa clara que deje menos zonas de piel descubierta, evitando la entrada de los mosquitos en la vivienda de y suprimiendo en el entorno peridoméstico la existencia de aguas estancadas.