sábado. 24.02.2024
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La pandemia arruina el negocio ecuestre

La prohibición de romerías por la pandemia lleva la ruina a las cuadras de caballos y al sector ecuestre de la provincia. El negocio 'galopa' hacia su extinción con la prohibición de romerías y eventos populares.
La pandemia arruina el negocio ecuestre

El mundo ecuestre en la provincia agoniza. Lejos de ser un titular sensacionalista es la cruda y fiel radiografía de un sector que vive su peor crisis del siglo XXI. Con las romerías y principales ferias ganaderas canceladas por la pandemia, quienes vivían del mundo del caballo han tenido que cerrar sus puertas. 

Con las actuales condiciones sanitarias tener en propiedad un caballo es soportar una hipoteca. Piezas de ganado que llegaban a cotizarse a 10.000 y 20.000 euros hoy día tendrían dificultades de encontrar un comprador. Nadie quiere un animal del que no puedes disfrutar en una romería ni llevarlo a competir en las grandes citas ecuestres. Mientras, en  contrapartida, tienes que asumir sus altos costes de mantenimiento y disponer de instalaciones en las que  tener su hábitat. 

    

En los años de pujanza económica el mundo del caballo movía en Andalucía 1.000 millones de euros que, a su vez, generaban unos 37.000 puestos de trabajo. La crisis económica, primero, y la pandemia sanitaria, después, han puesto contra las cuerdas a todo aquel que vivía del caballo, un sector que, de seguir así, galopa a su extinción. 

   Quienes hoy día mantiene un caballo lo hace por un componente romántico.

 Las romerías (principalmente la del Rocío) y las grandes ferias (mayormente la de Sevilla)  eran el salvoconducto para que muchos empresarios pudieran dedicarse a la cria de caballos. Sin ellas, este negocio como tal no existe y, en el corto plazo no se vislumbra un cambio de tendencia. En esta situación se encuentran todos los eslabones de la cadena desde los criadores de pura raza hasta quienes mercadeaban con los potros, mulos y yeguas en las ferias de ganado como la de Niebla. 

Rafael González es un almonteño amante del mundo equipo y explica que las ventas han quedado totalmente paralizadas. Por suerte, su profesión está ligada a la carpintería porque hoy por hoy cualquier ganadero que supedite su modo de vida al mundo ecuestre tiene una ruina encima. Un caballo tiene “un coste de 2.000 euros al año entre alimentación, veterinario, herraje y gastos derivados”. A la ecuación hay que sumarle otros 3.000 euros anuales si lo tienes en un picadero para que que le den doma y lo tengan preparado para el mundo de la competición. 

Bajo estas condiciones, seguir adelante es una heroicidad; una quimera para todo aquel empresario que analice el negocio con la frialdad de los números. 

En esta quijotesca aventura sigue la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño que mantiene su supervivencia gracias a la filantropía de sus socios y el hecho de que sus yeguas pueden pastar en el Parque Nacional de Doñana. 

Quienes pueden tener sus yeguas pastando en la Reserva de la Biosfera tiene un salvoconducto para que la factura no se les dispare. Ángel Ramos vive como chapista pero posee 8 cabezas de ganado Pura Raza Marismeño que pacen en el privilegiado entorno almonteño. Sin embargo, su afición le cuesta dinero todos los años. Los potrillos que gestan sus yeguas no tienen compradores. Aun así, tiene que sufragar el canon por pastar en la Reserva de la Biosfera (en torno a los 70 euros anuales) y los gastos de registro y veterinario. Antes la venta de potros permitían equilibrar la balanza y sortear las pérdidas, si bien este año será inviable tras cancelarse, por segundo año consecutivo la Feria de San Pedro. La ‘Saca de las Yeguas’, uno de los espectáculos naturales y una de las tradiciones más arraigadas y añejas de Almonte ha vuelto a ser suspendida. La cita se celebra cada año el 26 de junio y el Covid obligó a su suspensión. Ahora se habla de posponer la salida de los animales del Parque de Doñana el próximo 30 de septiembre, si bien es una fecha que se baraja de manera extraoficial, mientras que las condiciones determinarán si se la ‘Saca’ se hace con público o sin él.

 

La muerte por inanición se ha incrementado por el Covid 

En el mes de junio los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) localizaron 15 caballos y yeguas que carecían de suficiente grasa corporal y necesitaban ciudadanos veterinarios. Fuentes consultadas destacan que hay personas que tienen mal alimentados a sus caballos. Una situación en la que no subyace razones de maltrato animal o desidia en el cuidado de los mismos si no que son una respuesta a la precaria situación económica que atraviesan muchos propietarios que no pueden vender esos animales porque no existe demanda, y tampoco pueden alimentarlos con piensos al carecer de recursos económicos. El sacrificio y su venta para carne es la única opción que se vislumbran para ellos pero, entre tanto, muchos apuran hasta el último minuto y surgen dramas como el descubierto por el Seprona.

“No puedes hacer nada, no hay ayudas para esto”, denuncian algunos propietarios y muchos animales “pueden seguir muriendo”. Los equinos salvados necesitaban aporte de forraje de calidad para restablecer la flora intestinal. Sin embargo, hoy por hoy muchos se alimentan únicamente del pasto y hace tiempo que no reciben la visita de un veterinario.