jueves. 13.06.2024
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El Ejército de EE UU asalta Mazagón para ‘liberar’ Huelva

La operación "Lanza de acero" fue el mayor despliegue de fuerzas militares realizado por los EEUU fuera de sus dominios en tiempos de paz. Mazagón y Huelva fueron testigos de un operativo que contó con un presupuesto de 10.300.000 dólares. Fue el día que los USA liberaron Huelva.
El Ejército de EE UU asalta Mazagón para ‘liberar’ Huelva

 1964. Son tiempos de paz. El silbido de las balas vive una prospera tregua tras una cruenta y deleznable Segunda Guerra Mundial. Los grandes líderes mundiales sostienen las riendas de esa tensa calma que llaman guerra fría. Y en este tablero de ajedrez geopolítico los americanos toman posiciones para un cercano 26 de octubre, de manera unilateral  dar luz verde al desembarco en las playas de Mazagón para liberar a la capital onubense que se encuentra sojuzgada por una potencia extranjera.

Por suerte, la operación en clave ‘Steel Pike 1’ es meramente un simulacro, un ejercicio militar destinado a la formación en el que intervienen cincuenta mil soldados, un centenar de unidades navales de superficie y submarinas, así como doscientos aviones y helicópteros, conformando en tiempos de paz el mayor despliegue de fuerzas militares realizado por los EEUU fuera de sus fronteras. Un operativo que contó con un ingente presupuesto de 10.300.000 dólares por parte de EEUU. 

Para entender la dimensión de la operación basta citar que el Gobierno Norteamericano movilizó en Huelva 2/3 de la dotación destinada al desembarco de las playas de Normandía, integrada por 150.000 soldados de los cuales 73.000 tenían nacionalidad norteamericana y el resto estaban formados por británicos y canadieses.  

    No es de extrañar, que las maniobras protagonizadas en Mazagón guarden enormes similitudes con la Operación Overlord, que iniciaron la ofensiva final contra Hitler y escribieron el final de la Segunda Guerra Mundial.  De este modo, a las siete menos cuarto de la mañana el idílico y plácido horizonte de la costa onubense se vio teñido de una marea de soldados al que, armas en ristre, daban cobertura, en segundo plano, una imponente flota naval apoyada desde el aire por veloces pájaros de acero. Mientras, bajo el mar y ajeno al ojo humano hacen lo propio los submarinos nucleares.  

‘Lanza de Acero 1’ se desarrolló durante cinco días con el telón de fondo de la provincia, en cuya faz se recrearía esta maniobra bélica en la que los Estados Unidos tenía la encomienda de liberar a los ciudadanos onubenses y conquistar los objetivos en clave Alfa (Huelva), Bravo (Niebla) y Charlie (El Rocío). Tras ello, debían de consolidar las posiciones ya en manos del ejercito de “liberación”. 

Huelga decir que la operación de asalto en Mazagón se convirtió en todo un espectáculo mediático cuyos maestros de ceremonia fueron una amplia representación de la jerarquía española y norteamericana. Al frente de la misma se encontraba el máximo responsable de la marina de Estados Unidos, Paul H. Nitae y su homólogo el ministro español Nieto Antúnez, así como los jefes militares y navales de la región del departamento de Cádiz.

El desembarco en tierras mazagoneras fue divisado en un acantilado a cuarenta metros sobre el nivel del mar, donde se instaló un enorme observatorio con una tribuna para los asistentes. Como si de un acontecimiento deportivo se tratase, a través de altavoces se radiaba, tanto en el idioma anglosajón como Español, las maniobras del ejercito de la primera potencia mundial. La propia Marina Norteamericana facilitaba a los presentes 300 prismáticos para divisar la minuciosidad con la que se ejecutaban las operaciones y contemplar en primera persona el que sería el mayor desembarco realizado desde la guerra de Corea.

Todo se ejecutó como si una operación de guerra se tratase. Los soldados vivieron sobre el terreno y la operación de conquista continuaría día y noche durante cuatro días. Ello cortaba de raíz cualquier desfile militar que sirviese como ostentación del poderío de los EE.UU; el objetivo era única y exclusivamente coordinar el magno despliegue de tropas de uno de los ejercicios militares más importante que el mundo hubiese conocido.

     Dado el auge en aquellas fechas de la guerra fría las maniobras norteamericanas no pasaron desaparecidas para la extinta URSS. El propio gobierno norteamericano afirmaba sin pudor que los comunistas estarían vigilantes a estas estelares operaciones. Quizás alimentados por estas declaraciones, lo cierto es que durante la estancia de los buques en Mazagón las crónicas de la época hablan “de que frente a sus costas se divisó un pesquero Ruso” al que se le invitó a abandonar la zona. Una anécdota más de las muchas que comenzarían a circular entre la población civil que vivía expectante, a la vez que concierto recelos, la ingente presencia militar de la ya considerada como primera potencia mundial. La decisión de los americanos de realizar en suelo español este simulacro respondía a las excelsas relaciones de ambos países desde la rúbrica de “los acuerdos de colaboración para el establecimiento de bases conjuntas”.

Steel Spike  finalizaría el viernes con la toma de la capital onubense con un nuevo desembarco en la Punta del Sebo. Para la ocasión los mandos militares instalaron frente al monasterio de la Rábida una base desde la que divisar las operaciones y corregir posibles fallos. A las ocho y treinta de la mañana en la playa onubense arribó un batallón de infantería de Marina española, a cuyo mando se encontraba el Teniente Coronel Colim Marin, todo ello reforzado por unidades de tierra y apoyo aéreo proveniente de la bases de Rota y Almería.

Tras alcanzar el objetivo Alfa las maniobras tocaron a su fin y días después el viento limpió todo rastro militar sobre las arenas de Mazagón. Mientras que el eco de los reactores de los aviones y el rugir de los barcos de guerra se difuminó en unas aguas que alberga la historia de unas operaciones militares que quedarán para la posteridad y que habrán de figurar en los anales como las de mayor envergadura en tiempos de Paz y de las que Huelva fue testigo privilegiado.

   Las claves de la operación.

Objetivo Alfa. Se trata de la prueba culmen de la operación. El objetivo es conquistar la capital y liberar a la población de las ‘fuerzas invasoras’. Los militares lograrían atacar Huelva desde dos frentes: a través del cauce del Río Tinto y con un desembarco de soldados por mar y aire en la Punta del Sebo, que según el almirante Mc Cain era una modalidad que se ensayaba por primera vez para la ocasión. De forma paralela, los helicópteros conformaba la punta de lanza con la que brindar mayor flexibilidad de movimientos a los soldados, apoyados en todo momento por los sistemas tácticos y las firmes bases navales de más de cien buques que fondeaban en Mazagón. 

Objetivo Bravo.

     Niebla suponía un objetivo estratégico para la operación al tener en el Río Tinto un enclave desde cuyo cauce alcanzar la capital y brindar apoyo logístico a los soldados. Camiones anfibios lograrían trasladarse hasta la zona para tomar posiciones y delinear de forma coordinada con el resto de operativos el asalto final hasta la capital.

Objetivo Charlie.

     Desde las playas de Mazagón el tercero de los contingentes tenían que ‘tomar’ El Rocío, que supuestamente había caído en poder de las fuerzas invasoras. Hacía el emblemático entorno patrullas exploradoras se adentraron por los parajes naturales de su entorno rústico desde el cual asentar las posiciones y ampliar la zona de dominio americano.

   Las playas de Huelva en el punto de mira del mundo

Durante el tiempo que duraron las maniobras militares las playas de Huelva estuvieron en el punto de mira de todo el mundo, lo que representó sin duda un escaparate inigualable para vender las bondades de nuestro litoral y la belleza de playas semivírgenes enclavadas a escasos kilómetros de un tesoro medioambiental como Doñana. Así lo atestiguó el coronel Fidalgo, quien en rueda de prensa se congratuló del beneficio que en términos turísticos tendría este ingente despliegue mediático que demostrarían de manera gráfica e inequívoca que las playas onubenses “son las mejores de España”. Las palabras del militar franquista tenían por objeto vender a la opinión pública que el desembarco americano representaba una oportunidad para fomentar el turismo,  a la par que alababa las sinergías económicas que reportaría el mastodóntico despliegue de soldados anglosajones. Más allá de los réditos económicos que en el largo plazo generó la operación, lo cierto es que durante días la prensa mundial se hizo eco de un operativo que levantó enormes suspicacias con los rusos, preocupados del verdadero objetivo del mayor despliegue militar de los Estados Unidos fuera de su propio continente.

   La operación se cobró 13 víctimas mortales. 

Operaciones militares de esta envergadura entrañan riesgos que son imposibles de calibrar sobre el papel. Aunque las administraciones norteamericana y española consideraron la operación un éxito en todos los aspectos tácticos y estratégicos que intervinieron en la ejecución militar Lanza de Acero, lo cierto es que hubo que lamentar la baja de trece marines por varios accidentes fortuitos. En el primero de ellos perecieron nueve infantes cuando dos helicópteros colisionaron en pleno vuelo mientras ejecutaban labores de apoyo al personal de tierra. En una de las ‘aves de acero’ se encontraba una dotación de soldados, mientras que el otro asumía labores de mercancía y se encontraba cargando de material pirotécnico. Junto que estas bajas hubo que lamentar tres heridos, dos de ellos cuyo estado de salud no revestían especial gravedad, mientras que el tercero en cuestión se llegó a temer por su vida.

El segundo de los trágicos incidentes se produjo cuando un avión antisubmarino se estrelló en el atlántico cuando participaba en ejercicios de apoyo. El aparato procedía del portaviones Lakechamplain y en el murieron sus cuatro tripulantes