La emotiva carta dedicada a Verónica Clavijo pone voz al dolor, la exclusión y la necesidad de una sociedad más humana y empática
A continuación, reproducimos la carta escrita en memoria de Verónica Clavijo, una mujer sin hogar fallecida en Huelva, cuyo testimonio invita a reflexionar sobre la soledad, la salud mental y la mirada que como sociedad dirigimos a quienes viven en la calle.
Dedicado a Verónica Clavijo
Las calles del centro de Huelva están en silencio desde este 4 de enero, y no porque las fiestas navideñas estaban llegando a su fin, sino porque un corazón que estaba encendido, como el fuego ardiente, se apagó por completo.
Verónica era una ciudadana nacida en mi pueblo iliplense, Niebla. Llevaba años viviendo en la calle y no porque quisiera realmente, sino debido a que sus fuerzas se aflojaron cada vez más ante la depresión y ansiedad por no entender su realidad.
Ella tenía una esencia soñadora y rebelde, era un torbellino de alegría y quería alzar su voz hacia cualquier desconocido, y no para molestarlo, sino para querer ser escuchada y vista por alguien más.
Imagínate, verte en una situación como la de ella. Por un lado, sola ante el abismo, tener que mantenerte viva ante una sociedad, que rechaza a las personas sin hogar, sin que entiendan el recorrido y sufrimiento que genera el que te desprecien. Empezando por tus seres queridos y luego, por todos los demás.
Por otro lado, tener que sobrevivir ante la lucha interna de la ansiedad y la depresión crónica. Con constantes síntomas de tristeza, falta de alegría, pérdida de interés que duran años tras años.
Y aún así, teniendo la valentía de tener que afrontar que, tienes que buscar un lugar donde dormir, comida, ropa, y lugares de refugio afectivo que son mínimos para seguir adelante.
Ahora, usted, que está leyendo en este instante, ¿crees que estaría todo el tiempo riéndose, sin pensamientos de quitarse la vida, sin acudir a estados de inconsciencia con alcohol o droga para “dopaminar” a su cerebro, y teniendo buena presencia y ánimo constante para acercarse a los ciudadanos con respeto y amor, cuando algunos casi te escupen?
Quien supere esa vida de esa forma, no es de este mundo.
Tuve la suerte y el regalo de conocer a Verónica, un poquito más que desde su simple rechazado personaje público. Debajo de este disfraz, existía un corazón puro y verdadero.
Me acuerdo de esa primera mirada entre ambas por las calles de Huelva hace justo cuatro años.
-Buenos días señorita, ¿me puedes dar algo?-Vero apareció delante de mí.
-Sí -le sonreí, y esa, esa mirada entre ambas paró el tiempo.
Ella me devolvió la sonrisa y me dio las gracias.
Al día siguiente nos volvimos a encontrar, y así, durante más días que coincidimos por las calles de Huelva.
Era muy seguido nuestros encuentros porque me dedico a vender mis libros en la calle para tener este tipo de experiencias: Llegar a descubrir al ser humano.
Ella empezó a observarme y preguntarse por qué nos encontrábamos tan seguido.
-Niña, ¿y tú qué estás haciendo? -me preguntó cuando veía que también me acercaba como ella a los ciudadanos.
-Soy escritora y vendo mis libros.
-¿Escritora? -a Vero se le encendieron los ojos como chiribitas- me encantaría escribir y contar mi historia que es fuerte…mucho que he vivido- ¿eres de Niebla? Yo soy de Niebla, mi familia es …
Desde ese momento, nunca más nos separamos. Nuestros corazones se reconocieron y nuestras miradas se mantuvieron conectadas. Cada vez que nos veíamos era un gozo para ambas. Abrazos, sonrisas y alegría nos envolvían aunque fuesen por un instante, ya teníamos la energía para seguir nuestro día agradecidas.
Ella se fue abriendo cada vez más y pudo confiar en alguien que la escuchaba de corazón. Hasta el punto de confesarme al año de conocerla, que se quería quitar la vida.
La vi un día deambulando por la Gran Vía.
-No puedo más, me voy a suicidar -ella lloraba con la mirada envuelta en agonía.
-Vero, escúchame, sí puedes, escucha, no estás sola, confía en Dios, está contigo y te da fuerzas. Vero, eres fuerte y puedes salir adelante. Vamos, hermana.
-Esto es una mierda… no tiene sentido, no vale la pena vivir más…
Tuvimos una larga conversación. Sin embargo, tuve que aceptar que a lo mejor era la última vez que la veía.
Pasé varios meses fuera de Huelva y el primer día que regresé para vender libros por el centro, ahí estaba ella regocijada.
-Saraaaaa, ¿dónde te habías metido? -me gritaba a lo lejos por la Plaza de las Monjas -su abrazo me dejó sin aliento.
No podía contener las lágrimas al saber que aún estaba viva, fuerte y sonriendo. Lo celebramos comiendo churros con chocolate en un majestuoso bar de Huelva: el Paraíso de Gonzalo.
Verónica fue un ejemplo para todos. Aunque algunos solo tienen palabras para juzgarla, nadie sabe realmente lo que ella experimentó para llegar a ese presente. Y con algunos comentarios, vemos cómo aún no estamos preparados para tener compasión, humildad y amor que regalen momentos de calidad a personas que están muy heridas y sin techo.
Verónica es un ejemplo para hacernos recordar cuando nos encontramos con alguien pidiendo en la calle. Simplemente que le sonrías o mires con sinceridad, les da fuerzas para seguir adelante. No tienes que darle dinero, no tienes que darle nada material, simplemente darle amor. Y si tienes la oportunidad de descubrir que hay debajo del disfraz del “pobre indigente”, seguro que ahí vas a saber cuándo poder darle dinero, comprarle regalos o invitarle a comer.
Estas navidades fueron nuestra despedida. Ninguna de las dos teníamos la certeza de que ella se estaba marchando, pero algo hacía que disfrutáramos mucho más en presencia cada encuentro. Se dieron muchas conversaciones para conectar con Dios sin esperarlo y se crearon recuerdos de felicidad por instantes. De una forma u otra, ella se estaba preparando para su partida.
Hermana, amiga, gracias por todo lo que aprendimos juntas. Gracias por cada momento que hemos vivido juntas. Te echaré de menos cada vez que recorra las calles de Huelva, porque tu voz era música para mi corazón, tus abrazos medicina para mi alma y tu mirada penetrante era la respuesta de que estamos en el lugar correcto para seguir aprendiendo de dónde venimos y en qué nos convertiremos.
Que tu vuelo haya sido alto como la dragona Libérta que tanto te gustó leer y ahora puedas soñar bonito. Y que tu dragona elija el lugar donde reposar su esencia por una eternidad.
Hay personas que SÍ te recordaremos con amor.
Gracias por tanto.