lunes. 15.08.2022
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El calor incrementa los casos de violencia

El calor está asociado a un incremento en la cifra de asesinatos y homicidios, así como de los episodios de violencia. Los últimos casos sucedidos en la provincia onubense coinciden con la última ola de calor. 
Varón apuñalado en Almonte
Varón apuñalado en Almonte
El calor incrementa los casos de violencia

Un hombre es apuñalado en Almonte tras una fuerte discusión. Mientras, en Punta Umbría, un grupo de jóvenes se enzarzan en una reyerta en la que se suceden violentos enfrentamientos que acaban con gente noqueada tras dos directos al mentón que hacen a la víctima caer a plomo contra el asfalto; así como  persecuciones que finalizan con otro joven brutalmente atropellando.

Dos casos en la provincia de Huelva sin conexión alguna que nos lleva a preguntarnos qué sucede en la sociedad para resolver de manera tan violenta nuestras diferencias. En este contexto, parece frívolo culpar de las altas temperaturas a estos comportamientos violentos que pueden desencadenar homicidios donde tanto víctima como verdugo pueden tirar su vida por la borda de una forma tan poco inteligente por no saber dirimir sus diferencias. 

     No obstante, existen evidencias científicas que explican el por qué el incremento de las temperaturas nos vuelve más irascibles, al punto de que pueden desencadenar esas conductas violentas que están detrás de que la cifra de asesinatos y homicidios sea más alta en los países cálidos. 

     Hay condicionantes fisiológicos que justifican el porqué, en condiciones concretas de temperaturas, nuestro organismo se ‘protege' aumentando el ritmo cardiaco que desencadena un incremento de la circulación sanguínea, la sudoración. En este estado, nuestros instintos más primarios salen a la luz, nos volvemos más irascibles y proclives a mostrarnos violentos ante cualquier contratiempo o discusión con el prójimo, diferencias que, en otro escenario y en otras situaciones más placenteras, podríamos resolver de una manera más civilizada y sin llegar a las manos.

    Cuando el mercurio está por encima de los treinta grados nos insultamos más en los atascos, en el coche, reñimos con más facilidad con nuestras parejas, mostramos menor paciencia, somos más proclives a blasfemar. Es la respuesta más ‘humana’ a la química que produce nuestro cuerpo. Ese coctel en lugares masificados donde coinciden varias personas violentas forman la gasolina para que cualquier chispa prenda al instante cómo fue la pelea multitudinaria en Punta Umbría a las puertas de una discoteca.

 

     Uno de padres de la Criminología, Adolphe Quetelet, ya desentrañó el enigma de sus “leyes térmicas” donde mostró el vinculo en el incremento del mercurio con los casos de asesinatos, violaciones y reyertas. 

     No obstante, estos casos producidos en la provincia de Huelva, como otros que se producen en Andalucía o España, no pueden ser explicados meramente desde una óptica fisiológica. La realidad suele ser poliédrica y el psicólogo onubense, Enrique Biedma, sostiene que la crudeza de los casos de violencia a los que hemos asistido son el resultado “de una sociedad en decadencia”, desprovista de “los valores de respeto donde los jóvenes muestran una total ausencia de ideales debido a una tecnología y redes sociales a las que han santificados sus vidas”. El encontrarse huérfanos de referentes les hace ser “seres superficiales e individualistas”, incapaces de dirimir sus diferencias en el dialogo.

     Para Biedma “los referentes de nuestros jóvenes de hoy en día son las estrellas de fútbol y de la música”, algo que quizás no ha cambiado en demasía con respecto a las generaciones de hace dos décadas, si bien ahora tienen el altavoz de una “televisión que fomenta determinados estereotipos donde sus protagonistas gritan, se insultan y resuelven sus conflicto de la manera menos civilizada”. 

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