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Los hosteleros ven el pasaporte Covid como “un mal menor”

Los hosteleros ven el pasaporte Covid como “un mal menor”

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Los hosteleros comprueban con incertidumbre cómo las cifras de contagios siguen aumentando de manera sostenible en el tiempo y cómo el pasaporte Covid para acceder a bares y restaurantes pende cuál espada de Damocles sobre el sector. Entre tanto, legislativamente, las administraciones dilucidan la forma de encajar legalmente la posibilidad de prohibir el acceso a estos establecimientos públicos a las personas no vacunadas. Baleares, Galicia y Cataluña insisten en seguir estos pasos, sobre todo con respecto al ocio nocturno, confiando en que este primer paso pueda ser suficiente para frenar la progresión del virus. 

En Andalucía, la administración hizo el amago de implantar la medida en el pasado verano, si bien el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) frenó en seco esta posibilidad, que ahora sí se abre tras el dictamen del Tribunal Supremo. De momento, el Gobierno de Juanma Moreno se resiste a ponerla en marcha, si bien a nadie escapa que todo dependerá, en gran medida, de la presión a la que el virus someta al sistema sanitario y, más concretamente, a los hospitales. 

Frente a este escenario los hosteleros anteponen el pasaporte Covid a las restricciones de aforo y de horarios, que tendría consecuencias mucho más directas y trágicas en la rentabilidad de los negocios.

Así se pronuncia el presidente de la Asociación Provincial de Bares y Restaurantes de Huelva (Bareca), Rafael Acevedo, quien considera que puede ser un mal menor para garantizar el acceso seguro a los centros de hostelería.

 

Los hosteleros ven el pasaporte Covid como “un mal menor”

 

Acevedo reconoce que “no hemos valorado el coste que puede tener para los empresarios” una medida de esta naturaleza y “tampoco puedo hablar por el resto de compañeros” del gremio. 

En el sector cunde cierto desánimo pues entienden que desde las administraciones se les vuelve a señalar “como el chivo expiatorio” al ser sus negocios sobre los que penden las medidas más restrictivas a pesar de que “la vacunación está plenamente extendida”. 

Los empresarios consultados por este periódico citan que la puesta en marcha del pasaporte no sólo tiene un coste económico que se traduce en destinar a una persona a que certifique que cada cliente está en posesión de esta acreditación, sino que implica ponerte a mal con algunos clientes. 

“Si a tu restaurante vienen ocho personas y una de ellas carece del pasaporte, ¿qué haces?”. La pregunta que deja en el aire estos profesionales no es fácil de responder y da cuenta de las dificultades de cumplir con unas medidas que pesan nueva y únicamente sobre su colectivo.