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El coronavirus deja en las dehesas miles de animales engordando y sin mercados de venta

El coronavirus deja en las dehesas miles de animales engordando y sin mercados de venta

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Una especie de tormenta perfecta desatada en las dehesas de Huelva por las crisis del coronavirus tiene al sector ganadero contra las cuerdas.

Jamás imaginó que apenas mes y medio después de culminar una de las montaneras más exitosa que recuerdan, las más de dos mil explotaciones ganaderas que tiene Huelva (según datos de la Consejería del ramo) iban a acumular en los campos, dehesas y cebaderos miles de cerdos, reses, borregos y cabritos sin vender, sin encontrar mercados de consumo para colocar las carnes, lácteos y productos derivados del cerdo ibérico.

La situación es de tal calibre que se resume en una frase del secretario provincial de COAG-Huelva, Enrique Acción: “Si pudiéramos parar la maquinaria pararíamos. No hay consumo, ni venta y los precios del ganado cayendo en picado”.

No es solo que el otrora rentable canal Horeca (Hostelería, restaurantes y cafeterías) tan ligado al turismo esté roto y haya sufrido un crack en toda regla. El problema es mayor.

El coronavirus deja en las dehesas miles de animales engordando y sin mercados de venta

 

Las reses que debían salir de las fincas hacia los mataderos o los canales de exportación no se están vendiendo por lo que los animales acumulan kilos en las explotaciones. Y eso, cuando el ternero sobrepasa los 200 kilos de peso (su punto óptimo de venta) significa que comienza a depreciarse en el mercado. Y en ese bucle negativo nada el sector. En la misma situación se encuentra el lechal, el cabrito o el cordero tan típicos del Andévalo.

Además, se enfrentan a un enemigo silencioso: la especulación. Porque se están ofreciendo precios irrisorios por el ganado para sacrificarlos y después congelar las carnes y sacarlas al mercado cuando todo esto pase.

Hoy mismo acaba de denunciar Asaja que en los canales de venta de ovino, caprino, vacuno y porcino no se están respetando los precios pactados previamente y alargan los pagos en el tiempo. Las reglas y las referencias de lonja están rotas. Los precios que marcan las lonjas más usadas en Huelva para el porcino, las de Extremadura o Salamanca, no son reales.

Las organizaciones profesionales ganaderas están pidiendo ayudas y facilidades para usar el almacenamiento privado. Se trata de evitar la ruina de cientos de explotaciones de ovino, caprino, vacuno o porcino. Una medida que es vista con muy buenos ojos desde las dehesas de Huelva. Iberaice y Aceriber también han solicitado poder acogerse a este almacenamiento privado.

Pese a todo y bajo mínimos, la industria cárnica continua manteniendo su actividad en mataderos, empresas y cadenas esenciales para asegurar el abastecimiento de la población. Aunque el cierre del canal Horeca les ha dejado inermes ante esta crisis dislocada. A lo que se une el cierre de los canales exportadores. Como las ventas de vacuno de Huelva que iban a Oriente Medio a través de intermediarios asentados en Murcia. Ese mercado también se ha roto. No salen los barcos y si no hay exportación las reses se quedan en las fincas y dehesas serranas y andevaleñas engordando, ha explicado el secretario de la COAG de Huelva.

Sector porcino de Huelva

Los productos derivados del cerdo ibérico forman parte esencial de la oferta gastronómica de restaurantes y hoteles, pero están cerrados. Tras la buena temporada de navidad y año nuevo, los meses de abril y mayo son los mejores para el sector.

La Semana Santa, la Feria de Abril, las romerías, comuniones, bodas y un sinfín de eventos y festejos eran los canales habituales de salida de esta producción. Pero el confinamiento y el estado de alarma decretados hace ya un mes (y lo que queda) tienen al consumidor recluido en su casa. Miles de jamones, paletas, cañas de lomo y otros productos se han quedado colgados en las bodegas.

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Jamones en secadero Sierra de Huelva

Gran parte de la producción estaba lista y elaborada para salir al mercado en estas fechas. Las ventas han caído a los pequeños productores, que colocaban sus productos en la Feria de Sevilla, romerías de primavera o El Rocío, hasta un 90%. Solo venden a algunos particulares.

Sobreoferta en las web de productos de máxima calidad

Solo hay que ver las páginas web de los productores para comprobar el desplome de los precios. Jamones de Denominación de Origen Jabugo que estaban en el mercado a 450 euros se han depreciado ya un 33%. Hay ofertas en ese rango de precios.

Ante esta situación, las organizaciones reclaman al ministerio medidas urgentes para amortiguar la situación: reducción de impuestos a sectores más afectados por el cierre de la hostelería y la restauración, subvención de préstamos ICO o que estén avalados por el Estado y apertura del almacenamiento privado para los productos vinculados al canal Horeca. Y que esta medida se extienda a los productos del cerdo ibérico, jamones, paletas, cochinillos, vacuno e incluso a los jamones en curación en secaderos.

Para aguantar el desplome del mercado, algunos industriales están rescatando e implementando técnicas naturales ancestrales que retrasan la curación de las piezas y la consiguiente merma o excesiva maduración del producto. Pero no es suficiente.

El mercado no fluye y fallan todos y cada uno de los eslabones porque sencillamente no hay consumo.

A todo esto se une otra alerta más del sector cárnico: los productos que debían salir ahora al mercado proceden de años de bonanza en los que se han pagado hasta 36 euros por arroba de cerdo ibérico de calidad. Al quedarse en bodega y no venderse caerán de precio en un futuro muy cercano por exceso de oferta y stocks, añadiendo pérdidas a los ganaderos y productores.

Según las cifras que manejan las organizaciones ganaderas, el cochino de cebo y cebo de campo propio de los meses de marzo y abril ha sufrido rebajas de precio de 8 y 9 euros por arroba. Un cerdo sale a matadero con unas 14 arrobas de peso, lo que da una idea del estropicio económico que sufren los ganaderos de la provincia de Huelva. Máxime cuando hasta se tambalea el pago a los productores por el cierre de los bares, que han dejado de pagar, secando la liquidez y afectando a la supervivencia directa de decenas de ganaderos y pequeños industriales.

Y no para ahí el drama. Porque numerosas industrias cárnicas se han visto obligadas a poner en marcha ERTE y despidos.

Solo en la Sierra de Huelva hay unas 900 explotaciones ganaderas y unas 200 empresas del ibérico sometidas a esta especie de calamidad que no sostienen ni los lineales de las grandes superficies.

En medio de esta tormenta sanitaria que va derivando poco a poco en un arrasador ciclón económico solo un elemento se ha aliado con el campo y los ganaderos en este aciago mes de abril de 2020: la lluvia. Menos mal que las precipitaciones están ayudando a mantener y haciendo brotar la yerba. Esto garantiza por lo menos que los ganaderos ahorren en alimentación de los animales al no tener que aportar piensos.

El sector también teme, y mucho, a que el confinamiento y las medidas del estado de alarma acaben afectando a la temporada de verano.

Medidas necesarias para frenar la ruina

Por todo ello, el sector tiene unidad de criterio al incluir entre sus peticiones garantías para que los precios de compraventa cubran como mínimo el coste de producción, se penalice la especulación y las prácticas abusivas, se aplacen los pagos de impuestos y se pongan en marcha campañas de fomento del consumo de productos que hoy por hoy se encuentran varados en bodegas o los almacenes atestados de los distribuidores.

La situación de desesperación es de tal calibre que la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (Asici), tras consultar con Asaja, Coag, UPA, Iberaice y cooperativas agroganaderas, hablan ya de sacar de la cadena productiva un 20% de los lechones que se acumulan en las granjas. Para ese ‘sacrificio’ necesitan un acuerdo sectorial y el apoyo de la Administración. De lo contrario temen que el precio de la carne de cerdo se acabe equiparando a la de pollo.

La situación de debilidad que ahora vive el sector ganadero y productor de Huelva no tiene parangón ni con la crisis de liquidez de 2008 y años sucesivos. En aquella crisis el consumo bajó significativamente, sobre todo en los productos de más alta calidad, pero no llegó a pararse por completo la cadena como en estos tiempos de coronavirus que han cerrado los mercados y encerrado a los consumidores en sus casas.