sábado. 08.08.2026
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Un descuido puede arrasar un monte

La mayoría de los incendios forestales tienen detrás la mano del ser humano. Aunque algunos son intencionados, muchos otros comienzan por negligencias que pueden evitarse con un gesto tan simple como actuar con prudencia.

 

Una colilla en un monte
Una colilla en un monte
Un descuido puede arrasar un monte

Cada verano, cuando las temperaturas se disparan y el monte se convierte en un auténtico polvorín, vuelve a repetirse la misma pregunta tras declararse un incendio forestal: ¿cómo empezó?

La respuesta no siempre apunta a un pirómano. De hecho, una parte importante de los incendios tiene su origen en imprudencias o negligencias que, en muchos casos, sus responsables ni siquiera imaginan que pueden terminar provocando un desastre ambiental.

Un cigarrillo mal apagado, una herramienta que genera una chispa, una quema agrícola fuera de las condiciones permitidas o incluso el estacionamiento de un vehículo sobre hierba seca pueden ser suficientes para desencadenar un incendio en pleno verano.

El monte no perdona los descuidos

Cuando el suelo acumula semanas sin lluvia, la vegetación pierde humedad y el viento favorece la propagación de las llamas, cualquier foco de calor puede convertirse en un incendio forestal en cuestión de minutos.

Por eso, durante los meses de mayor riesgo, las administraciones endurecen las restricciones sobre actividades que, en otras épocas del año, no supondrían un problema.

Los especialistas insisten en que la prevención sigue siendo la mejor herramienta contra el fuego.

Las negligencias más frecuentes

Entre las causas más habituales de incendios provocados por descuidos destacan:

  • Arrojar colillas o cerillas desde un vehículo o mientras se camina por el monte.
  • Realizar barbacoas o encender fuego en lugares no autorizados.
  • Llevar a cabo quemas agrícolas o de restos vegetales sin autorización o en condiciones meteorológicas desfavorables.
  • Utilizar maquinaria que produce chispas, como radiales, desbrozadoras o soldadores, durante episodios de alto riesgo.
  • Aparcar vehículos sobre pasto seco, donde el calor del tubo de escape o del catalizador puede prender la vegetación.
  • Abandonar botellas o cristales en el campo, que en determinadas circunstancias pueden concentrar el calor solar.
  • Lanzar material pirotécnico cerca de zonas forestales.

Aunque algunas de estas situaciones parecen poco probables, los equipos de investigación han constatado en numerosas ocasiones que incendios de grandes dimensiones comenzaron precisamente por una imprudencia aparentemente insignificante.

El viento, un enemigo añadido

Una chispa no siempre termina en incendio. Sin embargo, cuando coinciden altas temperaturas, baja humedad y viento, las probabilidades aumentan de forma considerable.

Las rachas pueden transportar pavesas a cientos de metros, originando nuevos focos y complicando enormemente el trabajo de los equipos de extinción.

Precisamente este verano, varios incendios registrados en Huelva han visto dificultadas las labores de control por cambios bruscos en la dirección del viento.

También hay consecuencias penales

Provocar un incendio por una negligencia no solo puede tener consecuencias medioambientales.

La legislación española contempla responsabilidades penales cuando una imprudencia grave origina un incendio forestal. Las penas pueden incluir multas, indemnizaciones por los daños causados e incluso prisión, especialmente si el fuego pone en peligro a personas, viviendas o espacios naturales protegidos.

Además del coste económico de la extinción, quien provoca un incendio puede ser obligado a responder por los daños ocasionados al patrimonio natural y a terceros.

Una campaña especialmente complicada

La provincia de Huelva está viviendo una campaña especialmente intensa. Municipios como Lucena del Puerto, Niebla o Villablanca han registrado incendios en los últimos días, obligando a desplegar importantes dispositivos del Plan Infoca.

En algunos casos, las causas aún se investigan y no se descarta la intencionalidad. En otros, los investigadores deberán determinar si detrás del fuego hubo una imprudencia o un accidente.

La prevención empieza en cada persona

Los profesionales del Plan Infoca recuerdan que la inmensa mayoría de los incendios pueden evitarse.

Respetar las prohibiciones de hacer fuego, evitar trabajos que generen chispas durante los días de riesgo extremo, no abandonar residuos en el monte y avisar inmediatamente al 112 ante cualquier columna de humo son gestos sencillos que pueden evitar la pérdida de miles de hectáreas y reducir el riesgo para quienes cada verano se juegan la vida combatiendo las llamas.

Porque, cuando el monte está seco, basta un segundo de imprudencia para desencadenar un incendio cuyas consecuencias pueden prolongarse durante décadas.