lunes. 25.05.2026
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La Virgen del Rocío regresa a su ermita tras casi diez horas de una procesión eterna de fe

La Blanca Paloma puso fin a una madrugada histórica marcada por la multitud de peregrinos, el fervor desbordado y el reencuentro con sus hermandades

Entrada de la virgen a la ermita.
Entrada de la virgen a la ermita.
La Virgen del Rocío regresa a su ermita tras casi diez horas de una procesión eterna de fe

La Virgen del Rocío ya descansa de nuevo en su ermita de El Rocío después de casi diez horas recorriendo las arenas de una aldea convertida una vez más en el corazón de la devoción andaluza.

La madrugada comenzó con el salto de la reja a las 3.02 horas. Apenas un instante bastó para romper el silencio contenido de miles de personas que llevaban horas esperando ese momento. Entonces llegaron los vivas, las lágrimas, los abrazos y esa mezcla imposible de explicar entre fe, tradición y locura rociera que solo existe cuando la Blanca Paloma sale a la calle.

Desde entonces, la Virgen avanzó lentamente entre una marea humana que parecía no tener final. El polvo flotando sobre las arenas, las sevillanas desgarradas al paso de las andas, los niños levantados sobre hombros y los rostros agotados pero felices de los peregrinos dejaron estampas imborrables durante toda la noche y buena parte de la mañana.

Cada rincón de la aldea vivió escenas de enorme emoción. Especialmente esperado fue el paso por la Hermandad de Huelva, donde miles de personas aguardaban desde horas antes para ver de cerca a la Virgen en uno de los momentos más multitudinarios de toda la procesión.

También se vivió con intensidad la parada ante la Hermandad de Villamanrique de la Condesa, recuperando este año la normalidad después de la polémica del pasado Rocío, cuando la Virgen no se detuvo ante su simpecado tras los incidentes surgidos con almonteños.

La entrada en la ermita, ya pasado el mediodía, dejó una imagen de cansancio y emoción difícil de describir. Muchos rocieros rompían a llorar mientras la Virgen desaparecía lentamente tras las puertas del santuario. Otros seguían cantando, aferrándose a los últimos segundos de una procesión que parecía no querer terminar nunca.

Porque en El Rocío el tiempo no se mide en horas. Se mide en promesas, en lágrimas, en abrazos y en el instante exacto en el que la Virgen vuelve a entrar en casa dejando detrás una aldea exhausta, emocionada y contando ya los días para volver a verla salir.