El Rocío estalla de emoción a las 3.02 horas con el salto de la reja y el encuentro eterno con la Virgen
Miles de rocieros aguardaban ese instante imposible de explicar para quien no lo haya vivido jamás. El momento en el que el pueblo de Almonte salta la reja y la Virgen del Rocío abandona su Santuario para abrazarse con sus hermandades y recorrer las arenas de la aldea.
Minutos antes, el Santo Rosario había dejado estampas de silencio, tamboriles y velas entre las calles rocieras mientras los Simpecados avanzaban lentamente hacia la ermita.
Pero todo cambió en apenas unos segundos. La tensión acumulada durante toda la noche se convirtió en un estallido de emoción cuando los almonteños cruzaron la reja y la Blanca Paloma comenzó a asomarse a las puertas de su Santuario.
Desde ese instante, El Rocío dejó de ser solo una aldea para convertirse en un océano humano de fe, promesas y devoción desbordada.
La Virgen ya camina entre sus hijos mientras miles de personas acompañan cada movimiento entre lágrimas, plegarias y vivas que rompen la madrugada junto a la marisma.
Una vez más, El Rocío vuelve a vivir esa noche que no se parece a ninguna otra. Esa madrugada donde la fe se hace multitud y donde la Virgen vuelve a encontrarse cara a cara con su pueblo.