"EL TIEMPO RECOBRADO" de J.J. Díaz Trillo
Hay quienes cruzan los años con prisa y quienes, como José Juan Díaz Trillo, se detienen a descifrar la corriente. Tras tres décadas conjugando la vida «en plural» —desde la primera línea de la política y las instituciones—, el autor onubense regresa al nosotros de su infancia y al yo de la literatura con un doble salto creativo. Prosa y verso; las dos caras de una misma moneda empeñada en ganarle el pulso al olvido.
Olvídense de los fríos balances políticos o de las vanidades al uso. La conversación que viene a continuación es un paseo sin prisa con un escritor insobornable que aún se reconoce en el niño que miraba el porvenir desde un portal de Huelva; un hombre que coloca sus libros por afinidad emocional y que entiende la memoria no como nostalgia, sino como un territorio soleado.
Pasen y pónganse cómodos. Al otro lado les espera una charla cruzada por el único puente capaz de unir el pasado y el futuro: la gratitud.
P: En una etapa reciente has compartido con los lectores Ex, un libro de memorias, editado por Niebla en otoño de 2025, y otro de poemas: Será de noche, publicado en la primavera del 26 por la prestigiosa editorial Hiperión. ¿Sientes que la poesía y la memoria histórica/personal se complementan, o necesitas activar resortes creativos completamente distintos para cada género?
R: Sí, la verdad que ambos libros los fui escribiendo en paralelo durante los últimos tres años, justo el tiempo de mi jubilación de profesor. De la política ya lo había hecho en 2019, cuando dejé el escaño de Diputado en el Congreso y tras casi tres décadas (con algunos regresos a mi trabajo) de dedicación a labores de representación política e institucional. La que suelo llamar la vida “en plural”, pues así entiendo que hay que conjugar la “vida pública”, como un verbo cuyo sujeto es el nosotros, jamás una primera persona en singular que hay que reservarla y cuidarla para el ámbito más personal. En mi caso, además, para la creación literaria.
En cuanto a los géneros, uno de los libros recurre a la prosa narrativa, aunque persiguiendo que cada párrafo, página y capítulo despierten en el lector la emoción y cierta complicidad, no sólo la curiosidad por la anécdota de lugares y personajes. El otro, insiste en la que ha sido mi mayor dedicación a la literatura, la poesía, y ese carácter más íntimo y profundo que quiere trasladar impresiones duraderas. Y para ello, el verso, gracias a su música e imágenes, puede encontrar la trascendencia.
Y volviendo a tu pregunta concreta, y una vez llegados ya a muchos lectores, compruebo que se han acoplado perfectamente, como si fueran la cara A o B de un disco, o la cara y la cruz de la misma moneda literaria: la memoria.
P: Escribir unas memorias implica mirar atrás y hacer balance. ¿Fue Ex un ajuste de cuentas contigo mismo, una catarsis o un intento de dejar testimonio de una época clave?
R: Hay en el primero una secuencia temporal que sí tiene una hechura de balance e itinerario. He querido reflejar un tiempo, mi tiempo; hacerlo solo, o junto a otros (familia, amigos, compañeros de viaje), y en lugares muy concretos de Huelva, sobre todo, Sevilla o Madrid, tres ciudades que han formado parte de mi vida, de modo además intermitente pero en periodos bien largos. Aunque desde luego, mi Ciudad, a la que he dedicado buena parte de mi vida (en plural y en singular), ocupa ese lugar que he querido siempre como el mío, y el de los míos, en el mundo. Aquí han nacido mis tres hijas. De él fueron mis padres y abuelos y son mis hermanos y tantos amigos. Al ser pequeña, o mediana, según, podemos conocernos y reconocernos mucho mejor. Es muy grato sentir esa compañía.
Meter fotos: Portada y contraportada del libro Ex (colocar en paralelo)
P: En Ex no sólo abordas tu faceta en la gestión pública, política, profesional o cultural, sino que también repasas tu vida desde la niñez ¿Cómo fue el proceso de reencontrarte con ese niño que fuiste y cómo convive la inocencia de los primeros años con la mirada del hombre que más tarde conoció de cerca los entresijos del poder?
R: Pertenezco a una generación que puede (y debe, entiendo) sentirse afortunada. Nuestros padres atravesaron una de las épocas más terribles y ominosas de España, tras una terrible Guerra Civil y una Dictadura, con muchísima escasez y pobreza. Creo que en algún pasaje de Ex digo que todos entonces éramos pobres. Pero nosotros ya tuvimos la suerte de estrenar la mayoría de edad votando libremente y observando como nuestras expectativas, y las de Huelva, eran mejores, esperanzadoras, hasta el punto de alcanzar, en relativo poco tiempo, cotas de igualdad y bienestar inimaginables poco antes. Pensemos en la sanidad o educación (incluso universitaria) universales.
En estos tiempos de tantas quejas vanas, me gusta recordar que el mejor legado de nuestra capital y provincia ha sido el de los ayuntamientos democráticos a partir de 1979. No enturbia, desde luego, esta circunstancia la mirada entrañable, de niño que mira desde el modesto portal de su casa de la entonces calle Valencia, 1, hacia dónde apunta el porvenir que junto a mi madre y mi hermana sueño en ese umbral, imagen que, por cierto, ilustra la contraportada del libro.
Hoy, me agrada mucho pasear por las mismas calles y observar cómo han venido transformándose en una ciudad mucho mejor, más habitable y hermosa, aunque con muchos retos y desafíos que no acaban de afrontarse o se retrasan demasiado.
P: Tras el ejercicio de prosa y recuerdo de tus memorias, ¿qué encontraste en los versos de Será de noche? ¿Fue un refugio o una necesidad de condensar la emoción de otra manera?
R: En tu pregunta se apuntan las dos respuestas. Toda escritura, y más la de poesía, tiene algo de refugio, de introspección y singularidad. Es el género del yo, y el que mejor llega al tú, persiguiendo la intimidad del lector, su espacio de reflexión y sensibilidad. También exige síntesis, “condensación” como dices, y acercarse al canto, al ritmo, que la define frente a la prosa.
P: Tu poemario Será de noche. Para ti, ¿qué representa esa noche? ¿Es la melancolía por el tiempo que ya ha pasado, o es más bien la calma y la sabiduría que traen los años?
R: Me gusta mucho más la idea de melancolía que la de nostalgia, que a veces se confunden. En la melancolía hay tristeza también pero se asume como parte de ese tiempo pasado, ojalá que cumplido en su mejor sentido, del que extraemos señales claras de aprendizaje y felicidad. Y en este libro, donde la “noche” no es la “oscura del alma”, como en San Juan o Santa Teresa, sino la del final al que nos vamos acercando, hay un sentido muy vitalista y soleado en el recuerdo, que es donde acabamos viviendo (reviviendo) todos. Cuando en el último verso del libro escribo “Será de noche // y te veré.” es porque creo que a quienes amamos o nos amaron, en su sentido más amplio de amistad y cercanía, siguen acompañándonos con su afecto y presencia, aunque sea en sentido figurado como corresponde a la poesía.
P: ¿Hay poemas en Será de noche que nacieron directamente de los descartes emocionales o de los recuerdos que removiste mientras escribías Ex?
R: Aquí volvemos a la casilla de salida. Y a lo certero de tu pregunta. Aunque no sé si fue primero el huevo de la memoria, es un decir, o la gallina, otro decir, que canta o cacarea en el poema. Creo que fue determinante mi disposición a recuperar esa vocación primera mía de escribir, de contarme y contarnos. Y una vez desahogado de responsabilidades, y tras dejar a mi hija pequeña Martina en el colegio en septiembre, me dije: ahora todo este tiempo es tuyo, sólo tuyo, para escribir. Y en distintos cuadernos se fueron escribiendo los borradores de los dos libros.
P: Si Ex acota el pasado con nombres y fechas, ¿sientes que Será de noche universaliza ese mismo paso del tiempo a través de la metáfora?
R: Sin duda. Tengo fe, y no ciega, en ese poder de la poesía de entablar con el lector un diálogo especial, muy personal, hasta el punto de que sólo él podrá terminar, y a su manera cada uno, el poema. Ahí radica la grandeza y generosidad, también la dificultad, de la buena poesía.
P: Tuviste la enorme generosidad de escribir el epílogo de mi libro y, cuando estuve en tu casa, me quedé impactado con la maravillosa biblioteca que tienes. Con una vida tan ligada a las letras y a la memoria, ¿cómo convives con ese universo de libros? ¿Sigue algún orden lógico o es el reflejo de tus distintas etapas vitales?
R: Suelo decir, cuando a alguien le causa asombro o sorpresa la cantidad de libros, que son mis herramientas o materiales de trabajo (ladrillos para un albañil o tornillos para un mecánico). Tuve la suerte de poder estudiar la carrera, Filología, que más se parecía a mi vocación. Además, en cualquier lugar que he pasado tiempo, y no han sido pocos, siempre tenía libros cerca. Ahora, me acompañan todavía más, nos conocemos bien.
P: Al ver tantos volúmenes en tu casa, uno se pregunta: ¿en qué estantería conviven tus propias memorias (Ex) con los libros de los autores que te formaron? ¿Los dejas cerca para que dialoguen?
R: Los míos (que ya son muchos) están en un lugar discreto. No me alcanza el ego para entrometerme entre los clásicos o modernos más célebres. Hacia abajo, penúltima estantería muy a la derecha, vaya.
En cuanto al diálogo entre libros, daría para escribir un ensayo. Y no es mala idea, porque su colocación tiene mucho de personal. Y aunque siga un cierto orden de géneros, países, generaciones, hay algo muy personal a la hora de acercarlos o alejarlos. Por ejemplo, a Borges es muy difícil arrimarle alguien. En mi caso lo acompaña, Bioy Casares y justo abajo Vargas Llosa y García Márquez. Si no, tendría que haberlo llevado a lo anaqueles de los clásicos. Pero, en fin, sé dónde anda cada uno.
P: Para mí fue un orgullo que pusieras el broche de oro a mi obra. ¿Qué busca José Juan Díaz Trillo cuando lee a otros autores para prologarlos o epilogarlos? ¿Es una forma de seguir conectado con el presente literario?
R: Pocas cosas me complacen más que poder hablar o escribir de los libros que me gustan. Ser lector de otros nos enriquece y engrandece, entiendo. En mi caso, creo disponer de las herramientas (el estudio y la escritura sobre todo) necesarias para encontrar lo bueno que encierran los libros. De lo malo, siempre he procurado callar. El tuyo es un caso singular y para mí ha sido una sorpresa, pues me has invitado a acompañarte con la palabras en una mirada tan singular y entrañable como la tuya. Creo que Huelva necesitaba ese paseo de más de cien instantáneas por sus días y noches, Buenas, como tú logras hacerlo y trasladarlo al lector y espectador que seguirá en la lejanía disfrutando de la ciudad que tanto quieres.
P: Si tuvieras que rescatar un solo libro de esa impresionante biblioteca que tienes en casa para que te acompañe en "la noche", ¿cuál sería?
R: Para cada noche habría uno. Y no es escapismo. Es costumbre mía la de no irme a la cama (siempre leí mucho de noche) sin buscar alguna compañía que en su relectura me recuerde o me descubra algo con lo que acabar mejor el día.
P: Después de haber vivido de cerca la velocidad de la política, ¿cómo es tu ritmo actual de escritura en la intimidad de tu hogar? ¿Buscas el silencio absoluto o escribes con el ruido del mundo de fondo?
R: El ruido del mundo ( no es mal título, por cierto, para un ensayo de actualidad) siempre me acompañará. Forma parte de mi compromiso con lo demás y los demás. Pero una vez escuchado sus primeros acordes, tengo capacidad de abstracción y de seguir, incluso al mismo tiempo, las pautas de mi propia composición. Quizás los niños que aprendimos a estudiar en mesas de cocina o comedor, en casas de familia numerosa, estamos acostumbrados a esa melodía natural de la propia vida.
Como has señalado, ahora disfruto de un lugar mío y tranquilo, que es el sueño que entonces perseguía. En ese aspecto material, lo siento cumplido. En lo demás, siempre hay que tener sueños por cumplir, metas por alcanzar. Quieto, nunca. Inquieto, siempre.
P: Mirando en perspectiva tanto tus memorias como tu poesía reciente, ¿en qué crees que ha cambiado más tu voz literaria desde tus primeros textos hasta hoy?
R: Cuando publiqué en 2020 Donde da la vuelta el tiempo (Poesía 1979-2019) se recogieron poemas de mis doce libros hasta entonces, y ni siquiera del primero, más juvenil y torpe, casi adolescente, renuncié a incorporar algún poema. Advertí que ya tenía una intención clara de construir a mi modo la poesía. Por supuesto, la experiencia, el estudio y la lectura de los grandes me fue dando seguridad para seguir escribiendo y publicando. También me ayudaron algunos premios y reconocimientos en los ochenta que me animaron mucho a seguir.
Y ahora, como dijo Manuel García, uno de los editores de Hiperión, en la presentación del libro en Huelva, quizás me haya convertido en un poeta “insobornable, con una obra propia y reconocible, ajena a modas y modos”. Afirmó incluso que perdurará en el tiempo. Eso, ya no estaremos para comprobarlo. Y me conformo con las reacciones de los lectores que me están llegando.
P: Tras la intensidad de publicar tus exorcismos de memoria, tal y como tú subtitulas, y tu último poemario, la mente de un escritor nunca para. ¿Tienes ya algún nuevo libro en mente o algún manuscrito en el cajón pidiendo paso?
R: En mente, sí. Y con apenas unas líneas de apuntes, pero que llegaron junto a los dos libros que comentamos. Es la historia de un libro que inició mi tío Aurelio Díaz Muñoz, que rotuló en su portada Cuaderno de Macharaviaya y del que apenas escribió un par de páginas iniciales. Casi medio siglo después de su muerte (fue repentina y era aún joven) y de la llegada de mi hermano Buly, Aurelio también, a ese pueblo de la Axarquía malagueña, creo que debo terminarlo como homenaje a ese otro lugar especial en mi mundo. Cerraría con él este “tríptico de la Memoria”. Quizás, y como quiso Proust, será (de día) una forma de recobrar el tiempo.
P: Si tuvieras que elegir una sola palabra que sirviera de puente entre el pasado de Ex y el presente lírico de Será de noche, ¿cuál sería?
R: Gratitud. Hacia la vida y hacia quienes la vivieron y viven conmigo. Ése es el puente, entre pasado y futuro, que me lleva de un libro a otro.
P: Ha sido un placer conversar contigo. ¿Añadiría algo más?
R: Sí. Muchísimas gracias