domingo. 29.01.2023
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"No hay palabras que mitiguen el dolor por la pérdida de un hijo"

El Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) presta servicio a las víctimas tras tragedias humanas. La muerte de Super Hugo fue un ejemplo del servicio tan vital que prestan a las familias a la hora de sostenerlas emocionalmente.
"No hay palabras que mitiguen el dolor por la pérdida de un hijo"

El piloto onubense Hugo Millán perdió su vida con tan sólo 14 años de edad cuando disputaba la European Talent Cup en el circuito MotorLand de Aragón. Su muerte sembró un inmenso dolor en Huelva, la tierra que le vio nacer. 

Una desdicha de esta naturaleza, que irrumpe de manera tan abrupta y cruel en la vida de los familiares, deja cicatrices en el alma que perduran toda una vida. En esos momentos de duelo, el apoyo psicológico suele ser fundamental para poder salir airosos de esa Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) en la que entra nuestra mente. La labor profesional, lejos de servir como meros cuidados paliativos, se demuestra crucial para que sentimientos como el dolor, la pena, el desconsuelo, la rabia o la sinrazón encuentren un salvoconducto, evitando que nos arrastre a las profundidades de una depresión o un trastorno metal.

Arropando a los familiares de ‘Super Hugo’, estuvieron un equipo de profesionales pertenecientes al Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres (GIPED) del colegio oficial de psicología de Andalucía Occidental (COPAO). Aránzazu García, psicóloga sanitaria y de emergencias, fue una de las personas que estuvo arropando a los familiares en esos días de duelo.

Por cuestiones de evidente secreto profesional, García no puede pormenorizar cómo fue el papel que desempeñó con la familia onubense,  si bien nos explica las claves de un trabajo silencioso y poco reconocido, que queda injustamente eclipsado, informativamente hablando, por la parte más sensacionalista de la noticia.

¿Cómo y quién determina qué sucesos van a contar el servicio de psicología del Servicio de Emergencias 112 de Andalucía?

El GIPED es activado según los acuerdos establecidos entre la administración pública y el colegio de psicólogos de Andalucía Occidental. Nos activa y demanda nuestra presencia el 112 Andalucía. Prestamos atención psicológica desde 2007 en situaciones de crisis y emergencias desde el mismo momento del suceso y hasta que se considera que ya no es necesaria nuestra intervención.

¿Qué papel desempeñáis en este tipo de sucesos?

El objetivo principal es minimizar el impacto psicológico en las personas afectadas, sus familiares y la comunidad. Nuestras funciones son la de atender y dar apoyo psicológico especializado en emergencias, crisis y catástrofes; tanto a población civil como a profesionales de los demás colectivos intervinientes en la atención de emergencias (policías, bomberos, sanitarios,…). De igual modo asesoramos a las autoridades o entidades públicas  (gestores de la emergencia) en determinadas situaciones. A través de diferentes técnicas, ofrecemos atención especializada en estrés agudo y trastorno por estrés postraumático, crisis y duelo. Asimismo, podemos realizar un asesoramiento estratégico respecto al uso de los recursos y espacios de la emergencia, de la comunicación y del seguimiento.

 ¿A cuánto tiempo suele extenderse esta ayuda a las familias?

Lo normal son 48-72 horas, pero se nos han dado intervenciones que se han extendido mucho más por circunstancias propias de la situación sufrida.

 ¿Cuáles son las claves para sobreponerse a la pérdida de un hijo de manera tan trágica y abrupta?

La pérdida de un hijo es uno de los acontecimientos más dolorosos que unos padres pueden sufrir. Es un evento altamente estresante y se experimentan sentimientos de mucha intensidad. No hay consuelo, no hay palabras que puedan paliar lo que sienten. Es un dolor que no se debe evitar. Se siente.

A partir del momento del fallecimiento y recibir el impacto, comenzará un proceso de duelo para la familia. Al inicio, in situ, que es en el momento de nuestra intervención lo importante es que la familia exprese y se desahoguen emocionalmente, ayudarles a enfrentarse a la situación que están viviendo. Necesitamos que busquen su propia seguridad y cuiden su descanso, ayudándoles a que cuenten con las redes de apoyo cercanas, que no se queden solos. Una vez pasados estos primeros días, la familia necesitara otros apoyos tanto de personas cercanas a ellos como de profesionales.

Es importante que las personas acudan a psicoterapia después de un suceso altamente estresante, que le pueda ayudar a entender y aceptar la situación por la que están pasando y que han vivido. Muchas personas me dicen que al principio creían que podían superar solas la situación y procesar sus sentimientos, pero con el tiempo se dieron cuentan de que no es así. Por eso es importante que pidan ayuda siempre que lo necesiten y esto es algo en lo que quiero hacer especial hincapié.

 ¿Cuáles son los comportamientos con el que los humanos canalizamos este duelo?

En esos momentos las reacciones ante la situación de pérdida y el impacto recibido, son diversas y dependen de cada persona. Todas estas reacciones son “normales en una situación anormal”. Para minimizar el impacto psicológico a corto plazo, intervenimos para que víctimas y familiares vayan generando capacidades con las que afrontar estas situaciones altamente estresante por el alto contenido emocional. Para ello, le ayudamos a expresar lo que sienten y piensan, a estar conectados con el momento que están viviendo, a pedir lo que necesitan.

¿Son los medios de comunicación sensible a la hora de compatibilizar el derecho a la información siendo fieles a los códigos deontológicos y de ética profesional?

Pienso que sí. Siempre se puede mejorar, claro. Los medios de comunicación saben que tienen una labor importantísima: la de informar. Pero la forma en la que se da la noticia puede sumar más daño a la familia y a la misma comunidad a la que trasladan esa información. Sabedores de esta responsabilidad, cada vez son más sensibles en cómo deben usar sus palabras y en qué datos deben incidir. Sabéis que podéis ayudar mucho y por eso se preocupan en cuidar los detalles cada vez más.

¿Qué es la parte más ingrata de este trabajo?

No me lo he planteado nunca. Te diré algo pero no tanto por parecerme una parte ingrata sino más bien por la irrupción en la propia rutina diaria debido a la velocidad con la que ocurre todo. Trabajamos frente a urgencias y nunca sabes qué, cuándo, cómo, cuánto. Estas en tu casa, en tu trabajo diario, con tu familia, etc… Te llaman y se pone en marcha todo. Te organizas para salir, ya. Pero somos conscientes que esto es así y nos gusta.

¿Cómo puede hacerse fuerte un profesional ante situaciones en las que cualquier persona podría derrumbarse?

Es más una fortaleza mental. Nos entrenamos para esto. Aprendemos estrategias y recursos profesionales y personales que nos ayudan bastante. Pero obviamente, somos humanos. Sentimos el dolor ajeno como humanos que somos. Por ejemplo, se produce lo que se llama disociación operativa. Llegamos y sabemos que las personas a quien prestamos servicio nos necesitan. Que en ese momento todas nuestras “cosas” se quedan en un segundo plano. Nos centramos en la emergencia y, posteriormente, cuando acabamos, volvemos a nuestras vidas. Después de la intervención ponemos en marcha acciones para el autocuidado profesional, pero también de cuidado en grupo.

Para mi, es fundamental contar con los compañeros cuando estamos trabajando. Nos conocemos, nos miramos, nos damos indicaciones. Esa complicidad y ese apoyo mutuo es fundamental. También es importante saber qué hay un timón, que hay alguien está organizando, en este caso el coordinador. Si hay orden en el trabajo, el mínimo que se pueda tener, cuando hay este caos, todo funciona de una forma más fluida y sientes más seguridad.

¿Cree que la sociedad es consciente del necesario papel que desempeñáis en este tipo de sucesos y catástrofes?

La sociedad no suele conocer la existencia de este tipo de intervención psicológica. No obstante, en el último tiempo hay más apertura a ir al psicólogo, se pone más en valor en nuestro trabajo. Todo ello repercute directamente en que cada vez se vea más necesaria nuestra presencia en este tipo de situaciones, se entienda y se normalice. Pero como todo, aun queda mucho por conseguir.

"No hay palabras que mitiguen el dolor por la pérdida de un hijo"