lunes. 24.06.2024
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El Espacio Natural de Doñana despide a uno de sus ilustres admiradores: Caballero Bonald

Es uno de los autores literarios que mayor relación guardan con las tierras de Doñana. Esta relación se hace evidente en una de sus obras más conocidas, “Ágata ojo de gato”.
El Espacio Natural de Doñana despide a uno de sus ilustres admiradores: Caballero Bonald

En un emotivo texto el Espacio Natural de Doñana se despide de uno de sus admiradores ilustres, Caballero Bonald.

José Manuel Caballero Bonald, nacido el 11 de noviembre de 1926 en Jerez de la Frontera, es uno de los autores literarios que mayor relación guardan con las tierras de Doñana. Esta relación se hace evidente en una de sus obras más conocidas, “Ágata ojo de gato”.

Es Espacio recuerda su enorme figura literaria con devoción y admiración: "Tras cursar sus primeras enseñanzas y el bachillerato en Jerez, realiza estudios de Náutica en Cádiz. Es en esta época cuando comienza a escribir sus primeros poemas y a trabar amistad con los integrantes del grupo de la revista gaditana Platero, entre los que destaca Fernando Quiñones. Estudia Filosofía y Letras en Sevilla y en 1974 se edita su novela “Ágata ojo de gato”, distinguida con el Premio Barral y con el de la Crítica. En 1993 recibe el Premio Andalucía de las Letras y a partir de entonces son incontables los premios y reconocimientos, hasta que el 29 de noviembre de 2012 fue galardonado con el Premio Cervantes.

Para este autor, Sanlúcar de Barrameda y Doñana constituían un territorio donde se funden mito y realidad y con el que los vínculos son profundos: “De crío yo soñaba con ser guardabosques, y ahora me he convertido en una especie de centinela privado, porque dedico más de una tarde a observar ese paisaje de mi educación sentimental, y eso me ayuda a aliviar las tensiones”.

Los orígenes de ese vínculo, que años después le sirvieron para construir el complejo universo de “Ágata ojo de gato”, se remontan al verano de 1935, en una excursión a Doñana organizada por el sanluqueño Luis Girón. Tras montar un campamento en la playa de Malandar el niño se perdió mientras jugaba a los exploradores en el cercano pinar. En busca de un tesoro, Caballero Bonald recorrió dunas y pinares hasta caer inconsciente. Según el autor, durante ese corto espacio de tiempo soñó con peces de colores y oyó voces de otro mundo “que lo llamaban por su nombre”.

“Cada uno tiene su paraíso privado, y para mí ese paraíso es Doñana”, a la que nombra en sus obras como Argónida. “Me inventé ese nombre, con sus deliberadas resonancias clásicas o mitológicas, porque quería encontrarle a esa realidad cierta equivalencia legendaria”.

Desde hace años, José Bonald pasaba la mayor parte del tiempo en Montijo, frente a Doñana, en la costa sanluqueña.