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La suspensión de las Cruces de Mayo de Almonaster en 1932 y la Guerra Civil

La suspensión de las Cruces de Mayo de Almonaster en 1932 y la Guerra Civil

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La suspensión de eventos y festejos por causa del confinamiento que ha provocado el Covid-19 abre la puerta a numerosas comparaciones con épocas anteriores. Se rebusca en la historia, se investiga en los archivos para encontrar ejemplos parecidos, cancelaciones en diversas etapas precedentes que puedan asimilarse a estos momentos.

En lo que se refiere a las Cruces de Mayo de Almonaster la Real, la labor de estudiosos como Manuel Sánchez Barrero nos acerca a suspensiones en el siglo XX. El investigador conoce bien la materia, ya que su primera novela, ‘Mayo de Cruces’, describe perfectamente aquellos tiempos difíciles para la celebración de la festividad. Ahora, con nuevos testimonios, documentos y fotografías, ha divulgado varios capítulos de los momentos de suspensión del evento.

Se remonta Sánchez a la tercera década del pasado siglo, a tiempos convulsos y revueltos que marcarían para siempre la historia de España. En aquel contexto, la festividad de la Cruz dejó de celebrarse en dos ocasiones. La primera sería en 1932, tras la proclamación de la II República. Los monumentos fueron derribados el 29 de febrero y los rituales suspendidos hasta 1935, año donde, tras el cambio de gobierno y un fuerte apoyo popular, vuelven a erigirse.

La segunda comprende el periodo de la Guerra Civil, de 1936 a 1939. Las cruces son derribadas de nuevo a mediados de julio, tras el golpe de Estado. La festividad no se recuperaría hasta la finalización del conflicto armado y precisamente Manuel Sánchez ha rescatado también unas fotografías de gran valor pertenecientes a ese período de reinicio de las Cruces; se trata de unas imágenes que muestran cierta improvisación en la celebración y nuevos adornos, ya que el ajuar original despareció al iniciarse la guerra. Las fotografías pertenecen a la rama italiana de la familia de Sánchez, que vive en la ciudad italiana de Udine.

Volviendo a 1932, los meses de abril y mayo del 32 estuvieron protagonizados por las protestas de los vecinos la localidad, que tuvieron que conformarse con una misa en el interior de la iglesia y una procesión improvisada y no autorizada que recorrió las calles del pueblo en silencio, visitando los escombros de las cruces, que según testimonios de la época, habían sido cubiertos por flores. En enero de 1933 los escombros se retiran definitivamente y los huecos que dejaron las peanas fueron empedrados.

El día 3 de mayo de ese mismo año apareció en el lugar donde se levantaba la Cruz del Llano una corona de flores con un lazo negro. La acción no fue del agrado del Ayuntamiento, quien ordenó una investigación para dar con el nombre de los responsables del acto. Sánchez ha rescatado el documento del Archivo Municipal, transcribiéndose como sigue:

“PROVIDENCIA: Habiéndose comprobado determinadas confidencias tenidas sobre colocación de una corona de flores naturales con un lazo negro de grandes dimensiones en la Plaza de la República y lugar donde de antiguo se encontró instalada una cruz, con objeto quizás esta colocación de burlar a la Autoridad de manera  descarada y canallesca, hechos estos que han tenido lugar en la mañana del día tres de los corrientes, y al objeto de obtener la mejor aclaración relacionada con los hechos expresados, ábrase la oportuna información en la que actuará con el que provea, el Secretario de este Ayuntamiento; a cuyo fin deberá comenzar la misma con citación de la vecina Amparo Navas Sánchez, con domicilio en calle Capuchinos, para que preste declaración sobre cuanto sepa y le conste relacionado con los particulares objetos de este expediente. Lo manda y firma el Sr. Alcalde Presidente Don José Romero Martín, en Almonaster la Real, a cinco de Mayo de mil novecientos treinta y tres, de que certifico”.

El expediente continuó con la diligencia del secretario en la que se ordena al aguacil que cite a esta mujer. Tras la declaración de la misma, serán citados otros vecinos, un total de cinco. La caligrafía de la época hace difícil su lectura, pero todos vienen a declarar prácticamente lo mismo, es decir, que desconocen quién o quiénes hayan sido, aunque según algunas opiniones, lo sabían perfectamente. El expediente se cierra con la aclaración del guardia municipal Elías Romero Márquez, en la que cuenta que la investigación no ha dado frutos, y que el culpable no aparece.

Paradójicamente, el pasado día 3 de mayo, en año bisiesto, como el de 1933, día en el que tendría que haberse celebrado el romero llanero, volvió a aparecer un ramo de flores en la Cruz del Llano. Sánchez lo achaca “a una coincidencia, aunque hay que destacar que la cruz está en pie, que no se celebra la festividad, y que a pesar de ser una acción anónima, todos sabemos quién puede haber sido, igual que hace 87 años”.

La siguiente suspensión llega con el cambio de gobierno y el giro político de febrero de 1936, año en que las tensiones y revueltas truncan de nuevo la celebración de las Cruces. El día 30 de marzo, según testimonios escritos y orales que documentan la investigación de Sánchez, ya hubo una intentona de derribar los monumentos, al menos el de la Cruz del Llano. En la madrugada de ese día, varios hombres se encaramaron a ella para intentar arrancarla, pero la inesperada presencia de los vecinos, alertados por los ruidos, les hizo desistir.

El día 21 de julio, tres días después del alzamiento militar, las dos cruces vuelven a ser derruidas. Los hechos tuvieron lugar a plena luz del día, comenzando a desarrollarse a las tres de la tarde. Al parecer, se llevaron a cabo por miembros del Comité de defensa de la República de Almonaster, que tal y como en otras localidades serranas se había constituido días antes para intentar defender la continuidad de la legalidad vigente ante el golpe de Estado perpetrado por los militares.

Durante este proceso revolucionario no solo desaparecieron los monumentos, sino también la mayoría del ajuar religioso y ornamental  que atesoraban las hermandades. Al día siguiente, 22 de julio, los escombros de las cruces son retirados por completo. Las fuentes de que dispone Sánchez aseguran que la cruz de forja del Llano fue recogida por unas vecinas en su casa.

El día 20 de agosto las tropas comandadas por el comandante Redondo hacen entrada en Almonaster. Se destituye el Ayuntamiento republicano y se crea una gestora provisional. Las cruces volverán a ser protagonistas casi un mes después. El 19 de septiembre de ese mismo año se organiza una misa de campaña, de acción de gracias, en la plaza del Ayuntamiento, con fuerte presencia militar. La misa estuvo presidida por las dos cruces de forja, que fueron bendecidas por el aún párroco de la localidad, Francisco Rodríguez. Al terminar el oficio se organizó un desfile militar para llevar ambas cruces a sus respectivos monumentos, que habían sido de nuevo levantados. El desfile estuvo acompañado por una banda de cornetas y tambores, soldados, falangistas y requetés.

Según algunos testimonios, la comitiva llegó a ambas plazas, donde bajo los acordes de la Marcha Real, las cruces fueron elevadas en sus peanas.

Los años 1937, 1938 y 1939 no se celebraron las fiestas de las Cruces. En la hermandad de la Cruz de Llano, uno de sus hermanos elabora una cruz pequeña de madera  que aún se conserva en la hermandad para improvisar la festividad. En este hito tuvo su origen, años después, el Romero infantil que se asentaría algo más tarde en el programa de actos.

La festividad se retoma como tal y de manera oficial en el año 1940. Al igual que ocurrió en 1935, se celebra de manera pomposa, instaurándose una misa común y compartida para las dos hermandades, con procesión única que preside la Cruz Parroquial y que organiza un nuevo párroco, Juan Tardío. A partir de ese momento las fiestas de las Cruces de Almonaster se han venido desarrollando de manera ininterrumpida hasta nuestros días, a excepción de este año 2020.

Según Manuel Sánchez, “durante ese periodo de vigencia, las Cruces de Almonaster, a través de vecinos, hermanos e instituciones, han ido enriqueciéndose con el paso de los años, aunque, eso sí,  sabiendo conservar siempre sus orígenes, y ese espíritu libre, pagano y rebelde que sigue modelando una fiesta viva, latente, que se ha convertido en uno de los patrimonios más importantes que atesora la localidad de Almonaster la Real”.

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