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La historia de un electricista solidario

La historia de un electricista solidario

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Uno de los mejores legados que puede alguien dejar en el recuerdo es su labor profesional. El trabajo de muchos vecinos se mantiene en el inconsciente colectivo de los pueblos, que, de vez en cuando, rinden homenaje a sus paisanos trabajadores.

Es lo que ha ocurrido en la localidad de Encinasola, cuando Antonio Vaello Ventepan ha publicado datos y emotivos relatos sobre el trabajo de su padre, Vicente Vaello Nieto, y que ha provocado un caudal de adhesiones y reconocimientos.

Vicente entró a trabajar en la empresa ‘Santa Teresa de Electricidad, S.A.’, la vieja compañía que fue compañera de vida de los serranos durante ocho décadas, a los 15 años, concretamente el 1 de diciembre de 1924. Varios de sus hermanos también prestaron sus servicios en la vieja eléctrica, aunque él fue el primero en hacerlo.

Entonces tenía su residencia en El Repilado, y llegó a Encinasola el 13 de abril de 1941, destinado por la compañía, recién casado con Isabel Ventepan Loco. Junto a Daniel Fernández, fueron los encargados de la electricidad en el pueblo. Su esposa se encargaba de atender el teléfono de la empresa, un instrumento fundamental por aquella época, ya que la casa del empleado de Santa Teresa era, por lo general, casi el único lugar en que había instalado un aparato para poder hablar a distancia. A través de este teléfono, según recuerda Antonio Vaello, se cerró algún que otro negocio de trato de ganado o de tierras, y también hablaban los alcaldes de los pueblos de la Sierra. Por descontado, también era el medio para que los marochos pudieran hablar con sus familiares de otras poblaciones serranas.

En Encinasola nacieron todos sus hijos, Juan en 1941, María en 1942, Lola en 1945, y Antonio, el más pequeño, en 1951. Cuando fueron creciendo, los varones comenzaron a ayudar a su padre en las tareas de hacer instalaciones y colocar contadores; incluso, Lola se encargaba de cobrar los recibos de la empresa por las casas.

En los comentarios a esta historia, se han sucedido los recuerdos colectivos de todo un pueblo, mencionándose los antiguos contadores que se instalaban detrás de la puerta y casi pegados al techo. Vicente pasaba por cada casa y casa mes, cargado con la escalera, para apuntar el consumo eléctrico de cada contador. En el colmo de la solidaridad, ponía en riesgo su empleo yendo a algunas casas que tenían la luz cortada por no pagar el recibo y manipulaba la instalación para que pudieran tener energía.

 

Muchos marochos recuerdan la estampa habitual de esta labor profesional en el pueblo, con Vicente y su identitario mono azul, con el cigarro en la boca, poniendo alguna bombilla del alumbrado público, subido a la escalera que sujetaba Daniel Fernández. Esa herramienta fue también muy útil en circunstancias ajenas a la electricidad, ya que se recuerda incluso el salvamento de algún chiquillo que, subido a un árbol para coger huevos de los nidos, no pudo bajar hasta que no llegó la escala salvadora de Vicente.

Sobre la humanidad de Vicente hay testimonios que hablan de la ayuda que prestaba a algunos vecinos que no podían pagar la factura de la luz. A veces, en la revisión de los contadores, apuntaba el consumo mínimo de nueve kilovatios para no aumentar el gasto al que debían hacer frente. En aquellas instalaciones eléctricas antediluvianas, había gente le pedía a Vaello que le dejara el cordón largo de la bombilla, con el fin de poder usar la luz a modo de portátil y así acceder con ella a sitios donde normalmente no llegaba.

En una época muy distinta a la actual, también desde el punto de vista climático, la luz se apagaba con tan sólo cuatro gotas que cayeran desde el cielo. Fueron muchas las caminatas que se dio este operario en pleno invierno hasta el río Sillo, pasando por el Caño crecido por las lluvias, para localizar averías que mantenían el pueblo a oscuras.

Su abuelo, Juan Vaello Llorens, quien también trabajó en ‘Santa Teresa’, era mecánico de la marino mercante, razón por la cual sus hijos, los Vaello Nieto, nacieron todos en puertos británicos. Vicente, concretamente, vino al mundo en Glasgow, como atestigua la ficha laboral de empleado de la compañía eléctrica que ha sido descubierta y aportada por la Asociación Cultural Lieva.

La publicacion de Antonio Vaello ha producido una peticion unánime de homenaje público a su padre e incluso los versos de Rufino Sánchez Lozano, que mencionan la calle Sevilla por donde se veía a Vicente transitar para cumplir con su trabajo y los muchos servicios que prestó al pueblo.

Antonio Vaello es un marocho en la emigración, concretamente en las Islas Baleares, que se ha preocupado por rescatar recuerdos de su pueblo. Lo hace por diversas vías, como el blog ‘La esquina de la torre’, donde ofrece entradas de gran interés etnográfico. Recibió el premio ‘Marocho del Año en Palma de Mallorca’ en 2014.

Esta investigación forma parte del trabajo que la Asociación Cultural Lieva está realizando en relación al trabajo de emprendedores, autónomos, empresas y obreros en la comarca de la Sierra, para divulgar los valores que transmiten y el papel que tienen en la sociedad. Otros trabajos ya publicados en este marco son el hallazgo de documentación relativa a una asociación de emprendedores en Galaroza en 1933, el estudio sobre los negocios en Cortegana en el siglo XIX realizado por José Francisco González o el audiovisual sobre trabajadores y trabajadoras cachoneras. En este proyecto, cuenta con la colaboración de entidades como Autmas Huelva o la Diputación Provincial.