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La represión franquista a los ‘Lolilla’ de Galaroza

La represión franquista a los ‘Lolilla’ de Galaroza

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Que la represión tras el inicio de la Guerra Civil marcó trágicamente la vida de muchos onubenses es algo que no admite duda alguna, a pesar del revisionismo y la dulcificación que algunos pretenden imponer. A veces, la persecución alcanzó a todo un conjunto de parientes, como en la saga de los ‘Lolilla’, familia de Galaroza que puede representar un resumen de cuanto sucedió en muchas casas de Huelva.

Su patriarca fue Rafael Blanco Trujillo, carpintero nacido el 13 de noviembre de 1878. Miembro de la UGT y afiliado a la Asamblea Socialista de Galaroza de la que fue vocal, tesorero y presidente. Fue concejal del ayuntamiento y propietario del Centro Obrero del pueblo, donde, según informes posteriores de los vencedores, disertaron la práctica totalidad de los diputados del Frente Popular que fueron elegidos en las elecciones.

No obstante, el apodo de ‘Lolilla’ le fue prestado por su esposa, Dolores González, nacida el 22 de septiembre de 1882, mujer de gran temperamento y personalidad, matriarca del clan y que tuvo un destacado papel en el devenir de la familia e incluso de la sociedad cachonera de la época. Tuvieron ocho hijos, que en mayor o menor medida, quedaron también marcados por la tragedia.

Un día antes de la llegada de las tropas franquistas a Galaroza, concretamente el 23 de agosto de 1936, el matrimonio escapó del pueblo acompañado de cuatro hijos, con la pretensión de cruzar la frontera con Portugal por Ficalho. A pocos kilómetros de su huida, sufrieron su primer contratiempo, cuando Manuel, el hijo mayor, se dio media vuelta impulsado por el cariño a su mujer e hijos  que dejaba atrás. Fue una decisión fatal, ya que fue detenido y fusilado camino de regreso al pueblo.

Permanecieron un tiempo en un campo de refugiados, lugar que resultó también de infausto recuerdo, ya que en Argelès tuvo lugar la muerte de su hijo menor Daniel, con tan sólo 20 años. Posteriormente, fueron trasladados a Lisboa donde el 10 de octubre de 1936 embarcaron en el vapor Nyassa rumbo a Tarragona. Finalizada la Guerra Civil se exiliaron en Francia.

Desde allí, siguieron luchando por la libertad, participando en la II Guerra Mundial contra los nazis. Francisco Blanco González, su hijo, vivió una situación límite, cuando tuvo que esconderse en casa de una francesa ante la persecución de las SS alemanas y estuvo un año escondido en un agujero en el sótano de una casa para que no lo matasen; acabó casándose con la francesa que le ayudó, no volvió a España hasta la muerte de Franco y tan sólo de vacaciones.

La familia después de la Segunda Guerra Mundial se estableció en Bordeaux (Gironde) donde Rafael ‘Lolilla’ trabajó como dependiente de comercio, y posteriormente en Villefranche de Rouerge (Aveyron), donde lo hizo como molinero y perteneció a las Secciones de la UGT y del PSOE.

Algunos de sus descendientes han recopilado datos del proceso que vivio su familia. Por ejemplo, su bisnieta, Celia Blanco, se ha preguntado en alguna ocasión por la razón de que no matasen a su abuelo Rafael. Al parecer fue uno de los que salvó a la imagen de la Virgen del Carmen, antes de que fuera quemada, escondiéndola en una casa cercana a la iglesia, saltándola por los patios traseros. Pudo ésta ser una motivación influyente considerada por los sublevados para que no acabara entre los fusilados.

Su también bisnieta, Marga Blanco, ha realizado en alguna ocasión una descripción de las vicisitudes de su familia, que, resumida, se trasladó a un breve trabajo que Elio Ruiz Blanco presentó en su instituto.

Todavía se recuerda en el pueblo la vida del Casino Obrero, donde se celebraron mítines y actos políticos y era un lugar donde los vecinos iban a hablar de política. Dolores ‘Lolilla’ se subía en una de las mesas del bar y comenzaba a defender a la República y criticar la situación que vivían jornaleros y obreros por culpa de la grave situación económica y la incomprensión de patronos y caciques.

Rafael Blanco Trujillo y lo que quedaba de su familia regresaron en los años 60 a Galaroza, aprovechando una amnistía, trasladándose posteriormente a Sevilla, a casa de su hijo Vicente. La represión se extendió hasta tiempos avanzados de la Dictadura, ya que cada vez que Franco visitaba Sevilla, a Vicente Blanco lo ingresaban una semana antes en la cárcel, a pesar de haber cumplido ya su pena, soltándolo de nuevo al acabar la visita oficial.

De sus ocho hijos, algunos no marcharon a Francia y quedaron en Galaroza, como el mencionado Vicente y Rafael Blanco González, quienes  lucharon a favor de la II República como sanitarios en el frente e intentaron marchar a Rusia en un barco después de que acabara la Guerra Civil, pero su captura cerca de Valencia marcó un destino desigual. Vicente se enfrentó a un Consejo de Guerra y, tras años en prisión, fue condenado a muerte, esperando durante doce años la ejecución de la pena. Finalmente, le fue conmutada y continuó en la cárcel durante varios años más. Por el contrario, Rafael volvió a Galaroza en 1948.

Rafael Blanco González trabajó toda su vida como carpintero y se casó con otra republicana, Ángeles, a la que las tropas franquistas le sometieron a un escarnio público, rapándole la cabeza y obligándole a tomar aceite de ricino en la plaza del pueblo. Este episodio, junto al cruel asesinato de su hermano Antonio, el único varón de la familia, le marcó para toda la vida.

Su hijo Rafael, nieto de Rafael ‘Lolilla’, continuó la saga familiar en la carpinería y la carrera política paterna, ya que fue concejal del Ayuntamiento de Galaroza por el Partido Socialista Obrero Español en las primeras elecciones municipales que se celebraron ya en democracia. Su familia sigue conservando el negocio de la carpintería que supo levantar en Galaroza.

Los datos de la investigación se han nutrido de fuentes orales y trabajos como el de Jesús Copeiro, y han quedado incluidos en la amplia documentación que la Asociación Cultural Lieva ha aportado al Ayuntamiento de Galaroza sobre los años 30 en la localidad.

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