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Echa el cierre la Brasería Cine Martín de Cortegana

Echa el cierre la Brasería Cine Martín de Cortegana

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Tras siete temporadas, ha cerrado sus puertas en Cortegana la Brasería Cine Martín, un bar distinto, de los pocos que habían apostado por la tematización en la comarca serrana.

Su nombre y estilo han estado impregnados de la historia del cine, del antiguo cine que funcionó en Cortegana durante la primera mitad del siglo XX. Aquel lugar de sueños perteneció a Sebastián Martín Pérez, abuelo de Sebastián Martín Vargas, quien heredó, no sólo la afición al séptimo arte, sino también una serie de objetos que le han dado a este bar un ambiente diferente. Sebastián y Loli Cándido, su esposa, así como toda la familia, han mantenido un ambiente íntimo, amigable y repleto de sensaciones gastronómicas en los años que ha estado funcionando.

En su interior se podía encontrar una exposición permanente relativa al mundo del cine antiguo. Una de las joyas de la colección era la máquina de cine, marca Gaumont, modelo Gran Prix, que fue expuesta en la Exposición Internacional de Paría de 1900. Es de origen francés, en un  principio fue muda y aproximadamente sobre 1925 se le incorporó un reproductor de sonido de la empresa granadina Fonocine. Con ella, el abuelo del propietario de este bar ofreció cine portátil, ya que, cargada a lomos de los mulos de Jerónimo Carreta, viajó por todos los pueblos de los alrededores, llegando a El Repilado, La Nava, Galaroza, Cumbres Mayores y Cumbres de San Bartolomé, sobrepasando las fronteras onubenses al proyectar en Monesterio, en la provincia de Badajoz.

Fue en esta última localidad donde, una noche, después de una función, un señor bien vestido con sombrero de pico, preguntó a Sebastián Martín Fernández, mientras miraba con curiosidad por detrás de la pantalla de proyección: “Estoy buscando a ese caballo negro que usted ha sacado por aquí, se lo compro”.

Además de este magnífico proyector, otros elementos han formado parte del mobiliario, tales como rollos de película, instrumentos antiguos y diversos objetos relacionados con la historia del cine. Otros detalles del local eran la cartelería utilizada para la decoración, perteneciente a grandes películas de la historia del cine, como “Gilda”, “Niágara” o “Casablanca”.

El frontal situado detrás de la barra también estaba inspirado en el cine antiguo. Decidieron utilizar una imagen relacionada con las grandes empresas cinematográficas, pero finalmente se decidieron por ilustrar esta zona noble del establecimiento con el símbolo de “Cifesa”, la gran productora española del cine en blanco y negro que llenó de películas las pantallas de todo el país.

El cine ha sido llevado incluso hasta las mesas del restaurante, decoradas con cartulinas anunciadoras de las películas, como “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”, “Mujeres en la niebla” o “La Dama de Sanghai”, algunas en sus versiones originales editados en inglés.

Una de las joyas de la colección que se podía admirar era el sobre original de la carta que Estrellita Castro envió a Sebastián Martín Fernández en Septiembre de 1933. El documento estaba enmarcado junto a una fotografía dedicada de la gran actriz del momento. En ella, la andaluza agradecía al pueblo de Cortegana y al empresario de su cine el trato recibido durante su breve estancia en la localidad, y le enviaba su afecto y simpatía. En la imagen expuesta, podía verse a la estrella sin su característico caracolillo y el texto mencionado, escrito de su puño y letra, con la firma correspondiente. Todo un autógrafo especialmente dedicado que sería muy cotizado en el primer tercio del siglo XX.

La especialidad del local le hizo acoger diversas actividades, como la exposición de carteles de cine que mostró la Asociación Cultural Lieva, con lo que la decoración iba cambiando periódicamente.

En su adiós definitivo, han vuelto de nuevo la cara al Séptimo Arte, y han publicado un agradecimiento en sus redes sociales con la mítica palabra con la que terminan las películas. Un escueto ‘Fin’, echa el cierre a la Brasería Cine Martín y ofrece un merecido descanso a Sebastián y Loli, cuya profesionalidad e ingenio serán siempre recordados en Cortegana.