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El alcalde de Santa Ana la Real corona el Kilimanjaro

El alcalde de Santa Ana la Real corona el Kilimanjaro

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Es conocida la intensa actividad que la localidad de Santa Ana la Real desarrolla en torno al deporte. Ello ha supuesto miles de visitantes que recorren los senderos del pueblo y el impulso de entidades y grupos deportivos, como el Grupo de Montaña y Marcha Nórdica Trepamundo. Este club ha promovido una aventura que ha culminado con el ascenso al monte Kilimanjaro, situado en Tanzania y considerado como la cima de África, con 5.890 metros de altitud. La decisión se tomó tras el empeño personal del alcalde santanero, José Antonio Ramos, que ha sido el único serrano que ha participado en la expedición.

La aventura se iniciaba el pasado día 3 de agosto con un grupo compuesto por Ramos y otros cuatro integrantes procedentes de Granada, Almería, Sevilla y Portugal. Desde Madrid se fueron alcanzando destinos intermedios como Estambul y Zanzíbar, hasta llegar al aeropuerto de Kilimanjaro, un viaje con una duración total de unas 29 horas.

Tras el reparador descanso, la reunión con los guías Nixon y Dulhá, la visita a la ciudad de Moshi y la entrega de camisetas de Santa Ana la Real, el día 6 por la mañana llegaron a las puertas del Parque Nacional de Kilimanjaro.

El recorrido se inicia con instrucciones claras por parte de los guías de que ha de irse paso a paso y con la hidratación necesaria, emprendiendo el camino de la primera etapa, que les llevó desde Machame Gate, a 1.790 metros de altitud, hasta Machame Camp, a 3.010 metros, cinco horas de camino por un bosque tropical muy denso con paisajes espectaculares.

La segunda etapa asciende hasta los 3.845 metros de Shira Camp, con seis kilómetros de recorrido, de transición hacia algunos pasos montañeros que van marcando la subida. En cada campamento, los alpinistas fueron firmando el cuaderno de control para comprobar que nadie se ha perdido y que se alcanzan los objetivos previstos.

El día siguiente se sube hasta el Barranco Hut tras siete horas de camino que sólo asciende cien metros respecto a la jornada anterior. Con un día espeso y nublado, se recorre parte de la falda del Kilimanjaro y del pico Kibo, de 4.703 metros.

La cuarta etapa les llevó hasta los 4.640 metros del Barafu Camp tras cubrir los casi ocho kilómetros en seis horas y media, más una hora de comida en Karanga Camp. El esfuerzo empieza a acumularse y uno de los componentes del grupo ha de abandonar por el esfuerzo

La penúltima jornada es nocturna, con temperaturas de veinte y hasta veinticinco grados bajo cero, para llevarles a Nweka Hut. La brisa de la noche ya avanzaba el frío que les esperaría en la subida. Un ascenso pausado pero sinuoso, con mucha gente en el sendero, algunas de las cuales empiezan a estar afectados por el mal de altura. Cuestas empinadas y largas que terminan por agobiar a algún compañero, cuyos dedos de manos y pies se empiezan a congelar, teniendo tantas dificultades para respirar que finalmente abandona.

El esfuerzo fue muy intenso en la oscuridad de una noche gélida, sin conocer los efectos que el ascenso podría causar al organismo. Tras los primeros rayos de sol, se vislumbraba el éxito, ya que tan sólo quedaba una hora para llegar a Stella Point, y de ahí una hora hasta los 5.895 metros del Uhuru Peak. Hasta entonces, el escalador serrano no se recreó en la subida, no se paró a hacer fotografías y a disfrutar de su iniciativa.

Sobre la 06:45 llegaron al Monte Kilimanjaro, a la primera cumbre, Stella Point. Muchos de los que llegan hasta aquí bajan y dan por bueno el haber llegado al Monte Kilimanjaro. Sin embargo, a una hora del Uhuro Peak, Ramos decidió que había que seguir hacia un impresionante glacial. Tras coronarlo, hubieron de esperar ya que había más de 75 personas esperando su turno para hacerse la foto de rigor e iniciar la bajada.

El ritmo frenético que impusieron los guías en el descenso hizo mella en el alpinista santanero y su estómago quedó muy afectado hasta llegar hasta Barafu Camp. Desde allí, siguieron descendiendo hasta llegar a la sexta etapa, que les llevó hasta Nweka Gate, un día grande, sobre todo para los porteadores y guías, que cobrarían su propina, y para los supervivientes del grupo que llegarían a la ciudad de Moshi, donde terminaría su aventura.

Finalmente, tan sólo José Antonio y Rafael consiguieron la hazaña y recibieron el correspondiente diploma acreditativo de una aventura en la que, según el alcalde serrano, “fueron imprescindibles Nixon, Dulhá, Novartir, Yuma y todo el resto del equipo, que en condiciones precarias mostraron un comportamiento intachable y profesional, prestando un gran servicio que nos permitió cumplir nuestros sueños”.

 

 


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