lunes. 17.06.2024
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Opinión

La destrucción de un paraíso: la guerra del agua en la Sierra de Huelva

Un incipiente movimiento se propaga por la Sierra. Exige compartir el agua del embalse de Aracena que hoy es de uso exclusivo de Sevilla cuando miles de personas sufren ya severas restricciones en la comarca por la sequía.
Protesta en La Sierra para reclamar el uso del agua
Protesta en La Sierra para reclamar el uso del agua
La destrucción de un paraíso: la guerra del agua en la Sierra de Huelva

Por Noe Garrido

Me crie en el corazón de la Reserva Biológica de Doñana, en una casa aislada al borde de la marisma donde el mítico lince venía a comerse mis gallinas. Fuimos de las últimas familias que habitaron esa tierra salvaje. Cuando llegó el exilio, de cuyas circunstancias no quiero acordarme, miré alrededor buscando lo más salvaje posible y los caminos de la vida me condujeron a la Sierra de Aracena.

Cerca de Aracena encontré un lugar que me pareció la tierra prometida, un valle idílico al borde del arroyo de Fuente del Rey, donde me consagré a escribir en soledad y trabajar el campo, y donde vivo.

Recién llegado a la Sierra y explorando los recovecos de las montañas me llamaron la atención la cantidad de pozos secos y manantiales perdidos que encontraba. Pero el camino de Fuente del Rey y su arroyo seguían siendo un vergel maravilloso, reducto de naturaleza y huertas tradicionales, de los únicos cauces permanentes que sobrevivían.

Incluso en verano y en plena sequía seguía el manantial dando vida al arroyo con un caño milagroso, al que cuando iba a por agua para beber miraba asombrado pensando que hay océanos dentro de la montaña.

Cada amanecer era recibido con la avalancha de los cantos de los ruiseñores, chochines, petirrojos u oropéndolas que crían en la espesura. Tejones, garduñas, comadrejas o búhos reales se cuentan entre los vecinos, e incluso en el arroyo he llegado a ver rastros inequívocos de nutria. Hay tantos anfibios felices que más de una vez me he topado un tritón jaspeado, una salamandra o un sapo común paseando por dentro de mi casa. Libélulas y efímeras de mil tipos planean por la superficie de las aguas.

Y cada anochecer bajan de sus escondites en los montes las familias de jabalíes y ciervos a beber, constelados por alguna luciérnaga. En un tramo del arroyo caía una cascada sobre una poza, y el sonido constante del agua, que oía desde mi casa, lo describía como la ausencia de silencio más gloriosa que existe.

Allá en las excepciones del confinamiento de la pandemia se proyectó una obra para extraer el agua de un pozo excavado décadas atrás. Cuando a los vecinos les llegaron noticias del proyecto ya había pasado el periodo de alegaciones.

Ante el alarmante despropósito los vecinos nos organizamos en una Plataforma en la que muchos volcaron venerable cantidad de esfuerzo, voluntad y trabajo. La reivindicación fundamental de la Plataforma era la licitación y puesta en marcha de la fase 3 de la obra del supuesto anillo hídrico planteado por la Junta de Andalucía en la que se extraería agua para los pueblos de la Sierra del Pantano de Aracena, donde desemboca el arroyo de Fuente del Rey.

Pues en la Sierra de Huelva se da una paradoja. Mientras muchos pueblos sufren escasez de agua y sobreexplotan sus acuíferos hasta agotarlos, el agua del Pantano de Aracena la beben y usan solo en Sevilla. En toda la Sierra de Huelva viven unas treinta mil personas. Hay una concesión ya de agua del pantano suficiente para cubrir las necesidades de los pueblos de la Sierra, y no se utiliza por falta de infraestructura.

Burocráticamente se anduvieron todos los cauces posibles: reuniones con el Parque Natural, con la Conferencia Hidrográfica del Guadalquivir, con el alcalde, con la junta de Giahsa, la empresa encargada de gestionar el agua que nos comunicó orgullosa que tan solo pierde el 53% del agua que extrae por fugas y fallos de instalaciones en mal estado. Ecologistas en Acción denunció ante la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir que el pozo y la explotación de su acuífero no cuenta con la concesión administrativa ni puede obtenerla según el Plan Hidrológico de Cuenca Vigente al encontrarse a menos de 15 metros de un manantial histórico y un cauce permanente. Pagaron los vecinos un abogado con su propio dinero que exploró aún más los cauces. Por cierto, este arroyo está en pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en una zona declarada de especial sensibilidad y protección.

Cuando la plataforma invocó al Parque en sucesivas ocasiones, la respuesta fue que eso estaba por encima suya. Supongo que se referían a Dios. Al parecer, el Parque Natural está para perseguir a quien se le ocurra montar un gallinero en su finca, pero no para quien seca un manantial y el cauce de un arroyo de un día para otro, como ocurrió. Que Dios los perdone, pues puede que la posteridad no lo haga.

Los vecinos siguieron organizándose y trabajando. Se convocó una manifestación, que los mayores recuerdan como de las más multitudinarias y concurridas en la Sierra, con burros engalanados incluidos. Y se prosiguió con el trabajo burocrático y las reuniones de buenas palabras.

Pues bien, de un día para otro este valle se profanó. Llegó el verano, este verano, otro más de sequía.

Una vez más, Aracena y otros pueblos de la Sierra comenzaron con problemas de suministro de agua. Otros pozos explotados años atrás que abastecían a Aracena agonizaban sobreexplotados, como los de Fuente del Castaño, por lo que se estaban trayendo ya agua con camiones cisterna de pueblos como Riotinto y Fuenteheridos.

Antes de construir aquellos pozos hoy agonizantes, a aquella zona de Fuente del Castaño se le llamaba la huerta de Aracena. Hoy hace casi una década que el barranco de la cercana aldea de Castañuelo yace seco.

En ésta situación, de un día para otro, el pasado 16 de julio instalaron una bomba en el pozo pinchado a escasos metros del manantial y la ribera que extraía 60.000 litros por hora. A las dos horas, el manantial generoso y abundante donde cada poco iban a por agua para beber vecinos, animales y yo se secó. Nunca antes se había visto seco. Al poco se secó el idílico arroyo que da vida y nombre a este valle.

Aquél rumor del agua corriendo que era la ausencia de silencio más gloriosa que existe se tornó en un silencio mortal. Aunque en realidad, había algo mucho peor que ese silencio estremecedor. Como la obra no había terminado aún, todavía no habían instalado la toma de suministro de luz eléctrica para alimentar la bomba del pozo.

Por lo que han traído un gigantesco y aberrante generador de gasolina que en el plan original de la obra era solo para emergencias e iba dentro de una caseta insonorizada, y lo han soltado al aire libre vertiendo su rugido infernal sobre el valle noche y día. Ahí sigue ahora mismo mientras escribo esto de madrugada, taladrando el alma.

Ya no suena al alba o al ocaso ni un ruiseñor, ni un mirlo, ni un pensamiento.

El desierto avanza. Por si fuera poco, los vecinos en torno al recorrido de la tubería no paran de detectar y documentar potentes fugas en las arquetas, por lo que la mitad del agua que se está extrayendo del acuífero se está desperdiciando por una obra ineficaz e inacabada. El único sentido del sinsentido es el de ganar más dinero, pues es más barato para la empresa destruir el acuífero que traer agua del pantano. Ese es el mundo que hemos creado. Dilapidar la mitad del agua con la que se está sacrificando un santuario natural no es admisible. No nos quedaremos parados.

Anímicamente casi nos han quebrado. Pero se acabó. No nos quebrarán. 

Queda patente aquí la absoluta desconexión que hay entre el principio donde se extrae un recurso básico y el final donde se consume.

Mientras los pueblos de la Sierra no tienen agua y se ahogan en restricciones, el agua del Pantano de la Sierra la consumen tranquilamente en Sevilla, donde aún no tienen restricciones, y donde no saben de dónde viene su agua ni se lo plantean.

Ahora que ya lo sabes, involucrado e inescrutable lector, ¿qué vas a hacer? Yo no sé muchas cosas, pero sé algo. Fuente por fuente y el mundo se quedará seco.

Si quieres unir fuerzas en un movimiento para salvar la Sierra, pincha aquí: https://bit.ly/

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