martes. 16.04.2024
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Diego Capado: "Los medios de comunicación hablan poco de nuestra labor y entrega”

D. Diego Capado Quintana, párroco de la iglesia de la Concepción de nuestra capital, al cual hace unos días le llamé para hacerle una entrevista, su primera reacción fue…. “¡A mi chiquillo!  ¿Quién soy yo para salir en el periódico?”
Diego Capado: "Los medios de comunicación hablan poco de nuestra labor y entrega”

Esta semana se asoma a este vuestro rinconcito semanal un nervense que no es de los que pasan de puntilla por la vida. De él podemos señalar que su trayectoria sacerdotal ha sido muy intensa, siempre entregado a Dios y a los demás. Persona de espíritu inquieto, humilde, sencillo, cercano y cariñoso… Podría seguir añadiéndole más calificativos y no tendría espacio para terminar. Me estoy refiriendo a D. Diego Capado Quintana, párroco de la iglesia de la Concepción de nuestra capital, al cual hace unos días le llamé para hacerle una entrevista, su primera reacción fue…. “¡A mi chiquillo!  ¿Quién soy yo para salir en el periódico?”.  Obviamente le dije que él siempre aporta cosas interesantes y sobre todo que me apetecía que nos contase cómo vivió su contagio del coronavirus y qué está afectando la Covid a la Iglesia. Por supuesto, con la amabilidad que le caracteriza accedió de momento.

- Fue en tu Nerva natal el domingo 5 de septiembre de 1965 cuando fuiste consagrado sacerdote con 23 años. Por cierto, tuvo que darte la dispensa el Papa Pablo VI, ya que la edad canónica para ordenarse sacerdote era de 25 años. Ha llovido mucho desde entonces, ¿cómo lo recuerdas?

- Fundamentalmente lo recuerdo como un día de alegría, acción de gracia, gratitud y de un envío por parte del Señor para hacer presente a Jesús en la vida de las personas. Me ordenó el segundo obispo de la Diócesis de Huelva, don José María Lahiguera, que actualmente es venerable y está en proceso de santificación. Sin duda fue un día inmenso de gozo no solo para mí y mi familia, también para mi pueblo natal, Nerva, ya que dicha efeméride ocurrió por primera vez fuera de la capital, concretamente en la iglesia de San Bartolomé Apóstol, Patrón de mi pueblo. Como anécdota te diré que le di la comunión a la más pequeña de mis hermanas, Mari Carmen, que hizo la Primera Comunión en aquella jornada gloriosa que siempre mantendré en mi retina.

-En tus 55 años como sacerdote habrás tenido vivencias de todo tipo. Pero supongo que nunca hubieses pensado vivir una pandemia tan mala como la Covid-19.

-Efectivamente quién nos iba a decir que nosotros íbamos a vivir esta pandemia. No hay ningún siglo que no tenga alguna pandemia y nosotros hemos empezado prácticamente este siglo XXI con este maldito virus. Yo he dicho muchas veces en mi predicación que no “hay mal que por bien no venga”. ¿Por qué? Porque hay que ver la cantidad de acciones buenas que se están haciendo, cantidad de personas que se están dando y entregando, desde el mundo de la medicina, de los servicios, y no digamos de la Iglesia. De la cual los medios de comunicación habláis poco de nuestra labor y somos los que más nos estamos entregando, no solo los sacerdotes, religiosas y seglares, sino también los cristianos y el mundo de las hermandades, todos estamos volcados en la ayuda a los demás, sean o no creyentes.

-Hace unos años tuviste un accidente en carreteras extremeñas y, en esa ocasión, he leído que te encomendaste a San Juan Pablo II. ¿En esta ocasión también él ha sido tu paraguas?

-Efectivamente Félix, fue el día 22 de octubre de 2013 y es el día en que se celebraba la misa de Juan Pablo II, entonces era solamente proclamado Papa. Dije la misa a las 9, ese día estaba lloviendo, salí con el coche y acercándome ya a Cáceres, fui a frenar y el coche no me respondía y entonces di cuatro vueltas y en ese momento dije: “Juan Pablo II a ti me encomiendo”. La policía que me atendió quedó extrañada que, ante la magnitud del accidente, saliera ileso. Después he tenido la dicha de decir dos misas en la basílica de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María, en Wadowice (Polonia), donde fue bautizado. Y en el museo donde él vivió me dijo la guía, “padre aquí no hay tierra de Huelva y hay de todos los sitios que Él ha visitado, ya que cogía tierra nada más bajar del avión de todos los sitios que acudía. Pero me comentó, usted que sí está en muchas fotos con su Santidad”. Me alegró ver sobre todo una donde estoy junto al Santo Padre en el célebre balcón del Rocío, donde Juan Pablo, comentó que todo el mundo debería ser rociero.

 

-¿Qué sensación tuviste de saber que tu parroquia se tuvo que cerrar y que quedaron suspendida todas las actividades pastorales?

-Fue lógicamente un momento de mucha tristeza, tanto para mí como para los fieles. Y más adelante en la segunda ola, hubo de nuevo que cerrar las puertas pues cogí el virus y tuve que ser ingresado en el hospital Costa de la Luz, del 14 al 28 de octubre. Y luego 14 días de cuarentena en casa, hasta el 23 de noviembre, que ya me dieron el alta. Fue una experiencia dura. Precisamente en este año tenía prevista 23 bodas, solamente se han hecho 5, bautizos 120, se han podido celebrar 65. Pero me tengo que congratular que los fieles están respondiendo bastante bien en cuanto a donativos. Lo que nos permite seguir ayudando a lo más necesitados, a las familias más indigentes. De hecho esta semana hemos atendido a 40 familias que suman en torno a 110 personas, ya que hay familias con cuatro o cinco miembros. Tampoco, quiero dejar en el tintero darle las gracias a las hermandades que están haciendo una gran labor caritativa y social.

-¿Qué sientes cuando ves las iglesias semi vacías de fieles por culpa del maldito virus y del protocolo?

-Pue mira, aquí la iglesia tiene capacidad para 400 personas y el aforo que nos permiten por protocolo es de 120 y fíjate… se nos llena. Es verdad que en la misa de la mañana vienen unas 50 personas, en la de las 12 casi 60 y en la tarde más o menos 70 y te digo más… diariamente como mínimo doy 120 comuniones. Te diré que coloqué durante varios días a un señor para que contase la gente que entraba al templo y cuál fue mi sorpresa que, entre personas mayores, niños y jóvenes, por cierto, mucha juventud, entraron 1.100 personas. Y eso que ahora no contamos con los turistas, pero me encanta ver como los abuelos traen a sus nietos, aunque ahora son los nietos los que incentivan a los abuelos para acudir a la iglesia. También son muchas las personas que vienen a visitar al Nazareno, a sus devociones y a orar al Santísimo, que lo tengo expuesto durante la mañana. En definitiva, que es una parroquia viva, en “salida”, como dice el Papa Francisco. Hay que salir a las periferias para vivir las realidades personales y sociales de la vida que estamos viviendo.

-Son muchos los fallecidos y los contagios, ¿crees que este hecho puede hacer que hayamos perdido la fe o por el contrario que no agarremos más a ella?

-Pues mira, puede que haya personas que momentáneamente estén pasando por un momento de crisis. Pero la experiencia que tengo cuando voy a visitar enfermos y las relaciones que tengo con gentes que han perdido familiares por culpa de este maldito virus, suelen decir… “Señor, Señor que duro es esto”, pero se resignan de saber que ya están viviendo en el cielo la vida que no tiene fin.

-¿Cómo será la Navidad este año?

-La verdad… pues una Navidad que nadie esperábamos. Pero fíjate, la Semana Santa pasada que ha sido atípica, pues las cofradías no han podido salir a la calle. Hay personas que la han vivido mejor, aunque los pasos ayudan, pero la han experimentado mejor desde el punto de vista litúrgico. Muchos me han dicho, yo no me he perdido la santa misa del Santo Padre. Yo creo que esta Navidad que se van a celebrar muchos actos religiosos y que podremos visualizar a través de las televisiones, la gente va a vivir una Navidad más espiritual y menos de la calle. Como dice el Papa Francisco cuanto bien están haciendo las nuevas tecnologías, siempre que se usen para bien, ya que llegamos a todas las casas. Asimismo, animo a todos a poner el Belén en casa.

-Tú que has estado ingresado, ¿cómo valoras el trabajo de los sanitarios?

-Pienso que en la primera fase les cogió sin información y sin el material necesario para hacer frente a la enfermedad. Actualmente los veo con experiencia, más preparado más capacitado y con mejores tecnologías. Lo que también observo que los políticos tienen que cuidar más a estos profesionales, que están exponiendo sus vidas y que han visto como compañeros han perdido la vida, por salvar la de los demás. Sin duda, son verdaderos apóstoles al servicio de los demás y se están entregando al máximo. Unos serán creyentes otros quizás no, pero lo están dando todo. Y Jesús dijo: “lo que hacéis a lo demás, me lo hacéis a mí”.

-Piensas que cuando esto acabe las personas seremos más humanas y solidarias

-Yo espero que sí, porque como dice el refrán: “No hay mal que por bien no venga”. Nada más que hay que ver la cantidad de personas, incluso de instituciones, sobre todo estas últimas y personas que se están agrupando que nos están enseñando a que todos seamos más solidarios. Como dice el Papa Francisco en sus exhortaciones ´nos fratres´ que todos seamos hermanos. En definitiva, que yo creo que todo esto nos va a ayudar a priorizar a la vida humana. Espero que la economía se ponga al servicio del bien común, máxime con la cantidad de dinero que hay en el mundo para que haya el hambre y la miseria que existe. Por eso y por desgracia con esta pandemia se están enriqueciendo muchas personas, existen las dos caras la de bien y la del mal, pero hay mucho bien y espero que sea lo que triunfe.

-Dicen que la vacuna podría estar disponibles en el primer trimestre del año que viene, ¿te la pondrás?

-Bueno… jejeje. Yo todavía me lo estoy pensando, yo ya estoy en edad de riesgo, tengo 78 años. De momento, estoy abierto, eso sí, con cierta reserva. Vamos a ver lo que esto produce. Lo que espero es que se sepa utilizar y se ponga al servicio de los demás. Y que no sirva para que se enriquezca las personas, como pasó con las mascarillas.

-Cura joven y que todo hacía pensar que cuando te enviaron a realizar el doctorado en Roma ibas a desempeñar un importante encargo en la Iglesia, pero al final fuiste requerido para regresar de nuevo a la provincia, dejando finalmente esos estudios. Algunos de tus compañeros en esa época ocupan puestos importantes, dirigiendo alguna diócesis. ¿Te hubiese gustado haber terminado aquellos estudios y haber ocupado otros puestos de más responsabilidad?

-Pues la verdad no. Sinceramente no. De hecho, me han llamado de algunas diócesis para hacerme canónigo y he dicho que no, ya que me encuentro muy a gusto y contento en las labores que me han encomendado. Efectivamente, cuando estuve en Roma en la iglesia de Monserrat como administrador de la Iglesia Española, conocí, entre otros, a Rouco, siendo sacerdote, profesor de derechos canónigo de la Universidad de Salamanca, yo le pagaba todos los meses, también estaba el arzobispo de Santiago de Compostela, en definitiva, muchos que han sido y que siguen siendo obispos fueron compañeros míos. Pero créeme si te digo que me siento muy feliz dándome a los demás, y encantado con los destinos donde he ejercido, concretamente 14 años en Bollullos, otros tantos en Almonte, y actualmente 14 en Huelva, parece que el 14 me persigue, bueno exceptuando los dos años Roma.

-Durante mucho tiempo has compaginado tu labor pastoral con la enseñanza, ¿la echas de menos?

-No, porque, aunque a los 65 me jubile de dar clases en los institutos, todavía sigo impartiendo clases en el Seminario, de hecho, tengo la satisfacción que desde el año 65 todos los sacerdotes que hay en Huelva han sido alumnos míos, además eso me ayuda porque me sirve para seguir estudiando y actualizándome en mis conocimientos.

-Este año hemos vivido una Semana Santa y un Rocío distintos, ¿crees que este hecho puede engrandecer aún más a las hermandades al vivir tiempos más espirituales y haber dedicado más tiempo a su obra social?

-Yo creo que sí, concretamente las hermandades de mi parroquia se están volcando en colaborar con las Hermanas de la Cruz y con Cáritas. Por tanto, creo que todo esto nos va a beneficiar a valorar las dimensiones espirituales y sociales que deben de tener las hermandades y la vida de la parroquia.

-¿No sé si quieres añadir algo más a esta pequeña entrevista, pues creo que eres un personaje importante en nuestra provincia y somos muchos los onubenses que le tenemos mucho cariño?

-Bueno, primero Félix darte las gracias tanto a ti como al periódico, aunque sinceramente esta entrevista me ha cogido un poco de sorpresa. Pero si esto puede ayudar un poquito a que seamos todos más solidarios y realmente persona. Y sepamos vivir la relación con el Señor a través de la vida sacramental, miel sobre hojuelas.