miércoles. 28.09.2022
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Gildoy deja al Recre al borde del precipicio

Gildoy deja al Recre al borde del precipicio

La 'era Gildoy' concluye con el Decano en similar o peor situación económica, hundido en Segunda B y amenazado de un descenso administrativo a Tercera División. No pagar a Hacienda y romper con Sergi Barjuan, principales errores. La primera etapa del club en manos privadas encontró una feroz resistencia mediática y social.

Buenas ideas, mala práctica y peores formas. Es el resumen de la era Gildoy, que toca a su fin en medio de un estrepitoso fracaso. Cierto que Víctor Hugo Mesa y Pablo Comas heredaron un club arruinado económicamente por la gestión municipal y que el concurso de acreedores fue un alivio relativo, pero en lo deportivo el equipo estaba consolidado en la Segunda División y contaba con un buen respaldo popular.

Ahora, Mesa y Comas legan una entidad en similar o peor situación económica, castigado además por un fútbol que ahora ha decidido poner fin a los habituales excesos del pasado, y hundido deportivamente en el lodo de la Segunda División B. Una categoría en la que es muy fácil caer, pero de la que es muy complicado escapar. Por no hablar de la amenaza de un descenso administrativo a la Tercera División.

En disculpa de Gildoy, es obligado señalar que desde el principio encontró una resistencia feroz a su proyecto. Las medidas modernizadoras del club toparon enseguida con la oposición de quienes vieron amenazada su posición e intereses, tras abrirse la primera etapa en la historia del Recreativo como una empresa privada.

Y la elección de Sergi Barjuan como entrenador y hombre clave en lo deportivo fue recibida con hostilidad en algunos sectores del entorno albiazul por la prodecencia y la ideología futbolística del nuevo técnico. Que el catalán fuera el peor relaciones públicas de sí mismo, no ayudó a rebajar la tensión.

Desde fuera de Huelva, pocos se explicaban como un equipo que marchaba líder y desplegaba en muchas ocasiones un fútbol delicioso para los estándares de la categoría de plata, era silbado por su propio público y criticado por el grueso de los medios de comunicación.

Los fallos internos, hicieron el resto. Demorar dos pagos a Hacienda fue un error de cálculo garrafal, pues aunque es un reflejo habitual de los dirigentes del fútbol español, Pablo Comas debió darse cuenta de que las reglas del juego habían cambiado y que Hacienda ya no miraba para otro lado cuando del balompié se trataba.

El embargo del fisco asfixió la economía recreativista, precipitando los retrasos a técnicos, jugadores y empleados. El caldo de cultivo para la crisis deportiva estaba listo y preparado. Únicamente faltaba un error más y éste llegó el pasado verano.

Porque la crisis deportiva se gestó con el distanciamiento entre Sergi Barjuan y el presidente. La marcha del técnico dejó al club huérfano de su principal referencia en la materia. La elección de José Luis Oltra como sustituto pondría a los albiazules en el camino hacia la Segunda B.

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