domingo. 05.02.2023
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Galaroza resume el impacto anímico de la pandemia en las tradiciones populares

El Domingo de Resurrección no se podrá subir al Cerro de Santa Brígida de Galaroza para celebrar la fiesta del Huevo y el Bollo, ni tampoco el Lunes de Pascua se unirán las familias para disfrutar de la Jira.
Galaroza resume el impacto anímico de la pandemia en las tradiciones populares

Como en todos los lugares, la pandemia ha hurtado a Galaroza por segundo año consecutivo la posibilidad de mostrar su fervor popular, su tradición en Semana Santa por las calles del pueblo.

Los hitos religiosos de este tiempo cuaresmal en la población cachonera no están exentos de recogimiento, historia y emoción, con imágenes y momentos que merecen la pena vivirse. El Cristo de la Buena Muerte, que se tiene como el primer crucificado de Castillo Lastrucci, la Dolorosa de Juan de Astorga, el Cristo de la Misericordia, con aires románicos, y el Cristo atado a la columna, son las tallas que protagonizan habitualmente las procesiones cachoneras.

Pero Galaroza hubiera aportado en estos días otras dos manifestaciones que tienen más que ver con lo etnográfico, con la tradición vivida a lo largo de la historia.

El Domingo de Resurrección no se podrá subir al Cerro de Santa Brígida para celebrar la fiesta del Huevo y el Bollo, ni tampoco el Lunes de Pascua se unirán las familias para disfrutar de la Jira.

Los protagonistas de la primera celebración son la rosca y el huevo cocido, que sirven como excusa para la reunión de familiares y amigos en torno a una ocasión especial. Pero también los chiquillos, que todos los años se enarbolan ante la llegada de este día de fiesta, y se afanan en pintar las cáscaras de sus huevos con los más fantásticos colores y dibujos, rivalizando en originalidad e imaginación.

Todavía se mantiene la tradición entre los tíos y padrinos de guardar una rosca para sobrinos y ahijados.

El hecho de que se consuman estos productos puede tener sus raíces en los panecillos que se cocían el Domingo de Pascua a base de harina y huevo, o bien en que el pan y los huevos eran los principales alimentos que se consumían en esa fiesta. Aunque este año no se puedan degustar en lo alto del cerro, la familia Carvajal ha vendido roscas a muchas casas cachoneras, como viene haciendo desde hace décadas.

Las primeras menciones de la fiesta datan, según Emilio Rodríguez Beneyto, de finales del siglo XVII, aunque es muy posible que sus comienzos se sitúen más atrás en el tiempo, pues la comida en el cerro el Domingo de Pascua surge como consecuencia de la función religiosa que se le hacía al patrón de la ermita, que entonces no era Santa Brígida, sino San Ginés.

El libro ‘Aspectos históricos de Galaroza’ indica que entonces se celebraba el evento por la mañana, con una misa, un petitorio de alimentos y una puja en el centro del pueblo. Después,  se subía al monte de Santa Brígida para participar en la función de San Ginés y, tras finalizar ésta, almorzar en los alrededores de la ermita. La celebración incluía fiestas y grandes bailes que a finales del XVII se prohibieron por resultar "escandalosos", siendo eliminados totalmente en 1720.

Hoy, es la imagen de Santa Brígida la que hubiera procesionado por los alrededores de la ermita para, posteriormente, bendecir los campos de Galaroza, en una petición de protección para los cultivos de la población. La talla conservada fue obra del artista local Agustín Sánchez Cid, en 1885, que la representó con hábito blanco y toca marrón, aderezada con un libro y un canasto de peros.

La bendición de los campos le otorga al evento un carácter de protección de la naturaleza que está relacionado con la actividad agrícola y ganadera que se ha desarrollado en Galaroza desde siempre.

El lugar aporta también componentes ambientales y paisajísticos, ya que desde la ermita de Santa Brígida se contempla el valle del Múrtiga.

El edificio puede datar de los siglos XIV al XVI, aunque cuenta con varias reedificaciones. La portada es de ladrillo con arco de medio punto entre semicolumnas toscanas, más frontón triangular y una pequeña hornacina. La espadaña es sencilla, realizada en ladrillo por el alarife local Rafael Romero Romero, a fines del siglo XIX, tras la desaparición de las tres campanas originales por el efecto de una chispa.

Esta celebración del Huevo y el Bollo es una originalidad de Galaroza, ya que mientras en otros pueblos de la Sierra dedican el Domingo de Pascua a una comida campestre, los cachoneros lo destinan a esta festividad ancestral, dejando la Jira para el día siguiente.

Porque si la pandemia lo hubiera permitido, el Lunes de Pascua sería el de la Jira para los cachoneros. Consiste en una fiesta campestre, donde los cachoneros marchan a sus fértiles campos y conviven entre todos.

Se trata de una costumbre que se resiste a desaparecer, que mezcla convivencia y espíritu ecológico. Antes, las familias y grupos de amigos se dirigían a la finca ‘El Agrión’ para estar todos juntos, pero ahora el lugar más frecuentado es el Área Recreativa de ‘El Talenque’.

En el ánimo de los cachoneros está recuperar estas celebraciones populares en cuanto las condiciones sanitarias lo permitan, conservando sus tradiciones singulares en estas fechas de Semana Santa.

Galaroza resume el impacto anímico de la pandemia en las tradiciones populares