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Lucas Llanes: “Que quede muy claro, sin agua en esta provincia jamás vendrán los inversores”

Lucas Llanes: “Que quede muy claro, sin agua en esta provincia jamás vendrán los inversores”

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Me hace ilusión que se haya acercado hoy por esta tribuna pública Lucas Llanes Borrero, un onubense que nació en 1945. Ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid. Sus estudios de bachiller los hizo repartidos entre el Colegio Francés de Huelva y el Colegio de los Salesianos de Utrera. Preuniversitario en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid, que lo marcó también deportivamente. Funcionario por oposición en la Diputación de Huelva, donde ocupó el cargo de Director de la Granja Escuela de Capacitación Agroforestal en una primera etapa y la Jefaturde los Servicios Agrarios en la segunda.
Como profesional en el ejercicio libre ha redactado y dirigido una extensa relación de proyectos, habiendo tenido el reconocimiento a esa dilatada e intensa trayectoria técnica por parte del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Andalucía, quién le otorgó su medalla de oro.
Actualmente sigue en la brecha como profesor en el Máster en Gestión Cinegética que se imparte en la Universidad de Huelva y ejerce el cargo de Senior International Trophy Judge del Consejo Internacional de la Caza y de la Conservación de la Fauna silvestre.

Lucas al que conozco hace casi un cuarto de siglo, es una persona entrañable, cordial, solidario, buen conversador y amigo, inteligente, recreativista, taurino… Vamos muy buena gente.

Lucas Llanes: "Que quede muy claro, sin agua en esta provincia jamás vendrán los inversores”

Cuando lo llamo para proponerle echar un rato de charla y poder montar esta entrevista, no lo duda, acepta y este es el resultado:

P.- ¿Cómo crees que cambiará la vida después de la pandemia y, sobre todo, en Huelva?
R.- No preveo un cronograma evolutivo ni dispongo de una bola de cristal que me sirvan de base para contestar a tu pregunta sobre el desarrollo de los acontecimientos derivados de una pandemia que desgraciadamente sigue viva… Tan solo puedo hacerte alguna que otra conjetura, pues las olas, tales como las atlánticas que besan nuestro onubense litoral, van sucediéndose una tras otras.
En primer lugar lo que rabiosamente deseo es que la pandemia desaparezca o al menos que sea controlada eficientemente. Cierto es que la comunidad científica ha cumplido con creces logrando vacunas efectivas en un tiempo récord; pero en la sociedad, que también ha cumplido mayoritariamente vacunándose, existen una serie de negacionistas, irresponsables e inmaduros que permanecen reacios a la vacuna y dan al traste el excelente comportamiento del resto del colectivo.
Los profesionales sanitarios argumentan estadísticamente que dichos reaccionarios están sumidos en un manifiesto error, ya que actualmente en nuestra región los enfermo críticos no vacunados ingresados en las UCI se corresponden con el 80% en relación a los vacunados, estando la mayoría de ellos horquillados entre los 30 y 45 años, que es precisamente el entorno de edad donde más rechazo ha habido a la vacunación. El repunte del virus al día de la fecha ha hecho plantearse de nuevo a varias comunidades el exigir el pasaporte Covid. Medidas también adoptadas a nivel europeo, donde llama la atención Austria, que restringe la movilidad al ciudadano que no esté vacunado o sanado.
Volviendo a tu pregunta en cuanto cómo cambiará la vida en Huelva, ya tenemos indicios cada vez que las sucesivas olas han ido amainando. Pues eso, que ha habido una manifiesta relajación de retorno a la “normalidad”… Y es que echando mano del refranero español, que es tan amplio como amargo, tan sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, porque la generalidad mira o piensa a corto plazo y esa inmediatez acarrea luego asombrosas consecuencias.

P.- ¿Qué proyectos tienes para el futuro y qué haces en la actualidad?

R.- Hace unos días he rebasado los tres cuartos de siglo, habiendo celebrado el cumpleaños en casa con la familia, donde los nietos ponen la guinda, y también en el campo con mis amigos monteros.
Me jubilé oficialmente con 70 años y sigo “entretenido” como profesor del Máster en Gestión Cinegética que se imparte en la UHU, que ya va por la undécima edición con un éxito de participación y nivel de excelencia sin precedentes; siendo además para mí muy enriquecedor participar en los talleres que se organizan durante los viajes de prácticas.
Tras haber pasado por un tribunal examinador europeo me confirieron el cargo de Senior International Trophy Judge del Consejo Internacional de la Caza y de la Conservación de la Fauna Silvestre, al que le dedico gran parte de mi tiempo con el mayor de los entusiasmos; ya que me permite viajar y conocer a muchas personas de diferentes países interesadas en aficiones comunes, lo que genera serios debates y productivos estudios.
Y me queda tiempo para el ocio, que lo distribuyo entre la gastronomía y mis estancias en el campo. Pertenezco a un Club Gastronómico, que está compuesto por un homogéneo y cohesionado grupo de amigos que nos solemos reunir en la emblemática finca “La Gitana” de San Bartolomé de la Torre y también en la castiza “Taberna Jerez” de Gibraleón, donde degustamos unos menús muy choqueros y disfrutamos de una espectaculares sobremesas.
Como el campo ha sido mi profesión y además mi gran pasión, lo sigo gozando como recolector, cazador y contemplador de sus naturales encantos.

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P.- ¿Qué recuerdos guardas en el mundo de la cinegética?

R.- El haber convivido con razas puras, compartiendo iglú con los esquimales, yurtas con mongoles, cabañas con distintas etnias del continente africano, chozas con indios araucanos, tiendas de campaña con sherpas y maoríes.
Si la caza fuera una escuela de sabiduría, que sin duda lo es, puedo decirte que he disfrutado al lado de esos extraordinarios seres del mejor y más completo magisterio en el arte de la cinegética, porque la vida junto a ellos te convierte en un auténtico paleolítico.
Por otra parte, la caza me ha permitido ir conociendo su evolución histórica y cultural, contemplando los museos al aire libre y de las cavernas, con todo lo que el arte rupestre representa en las vivencias de nuestros ancestros, que supieron pintar, grabar o cincelar los planos y formas de sus existencias, que a la postre constituyen testimonios artísticos de un patrimonio de incalculable valor.
Sin desmerecer países, regiones, provincias o comarcas naturales; de lo que me siento verdaderamente orgulloso es de mi cazadero de toda la vida: El Andévalo onubense, del que valoro entusiásticamente sus singulares dehesas, sus sierras humildes y la hidalguía de sus mujeres y sus hombres.

P.- Eres homologador de trofeos. Cuéntanos en consiste.

R.- Se trata de conocer la evolución, desde la realidad y con base científica, de las especies de caza mayor en el mapa cinegético, siendo uno de sus objetivos primordiales el salvaguardar la pureza genética de las mismas. La homologación constituye un indicador muy significativo en la gestión de los acotaos que pretendan la superación y el equilibrio de los trofeos, lo que se traduce en la mejora del hábitat y la conservación de los territorios.
Al mismo tiempo, los conocimientos de las fórmulas para la medición, hacen profundizar al cazador tanto en su cultura cinegética como en su exigencia venatoria.
En definitiva, la valoración de los trofeos conlleva un registro detallado sobre la gestión que nos ocupa de la caza en España, donde son interpretables las variaciones ambientales que inciden a lo largo del tiempo sobre nuestra fauna de caza mayor. Siendo estos archivos imprescindibles para una mejor comprensión de las estructuras y funcionamiento de estos seres vivos. No podemos olvidar lo que nos anunció Theodosius Dobzhnsky: “Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la teoría evolutiva”.

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P.- Has recorrido medio mundo y siempre llevabas la bandera del Recre para colocarla en los lugares más insólitos. Cuéntanos los lugares que más te han impactado.

R.- He tenido la gran fortuna de haber pateado parte de los cinco continentes, habiendo colocado la bandera de Huelva y del Recre en los balcones del techo del mundo.
Siempre me ha impactado la alta montaña y aún más la gran altitud, desde la cordillera del Himalaya a la altiplanicie etíope, desde Alaska al Alto Altai de Mongolia, desde los Alpes de la Transilvania hasta las Montañas Rocosas, desde el Pirineo a la cordillera de los Andes… Pero de lo que sí suelo sanamente presumir es de haber colocado la bandera del Real Club Recreativo de Huelva en nuestras antípodas, concretamente en el Monte Cook de la isla sur de Nueva Zelanda, por tratarse del punto geográfico más lejano del estadio Nuevo Colombino.

P.- ¿Qué significó para ti que el Recre de Diego de la Villa te rindiera una especie de homenaje?

R.- En primer lugar quiero hacer público, como recreativista que soy, mi reconocimiento al gran presidente que fue Diego de la Villa, porque supo llevar magistralmente al fútbol su sólida formación empresarial. Cuánto he echado de menos su ejemplar gestión en estas últimas etapas del club que hemos vivido y sufrido con inadecuados mandatarios.
Y en lo personal le estoy muy agradecido, porque sin aportar ningún mérito especial por mi parte, recibí una comunicación firmada por él en la que se contemplaba textualmente que por acuerdo de la Junta Directiva se había decidido imponerme la insignia del Club por llevar el nombre de nuestro querido Recreativo, y por tanto el nombre de Huelva, y ondear su bandera en mis expediciones por los cinco continentes. Y así se llevó a efecto en el Palco
Presidencial del Estadio Colombino el 10 de mayo de 1997. Créeme que en ese momento se me hizo un nudo en la garganta, al rememorar cuando siendo un niño mi abuelo -Juan Llanes- me llevaba cogido de la mano al campo del Velódromo para ver los partidos del Decano del Futbol Español.

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P.- ¿Cuántos libros has escrito de tus experiencias cinegéticas?

R.- Narré el grueso de mis expediciones en “La Caza en mi Tierra y otros Rincones del Mundo”, libro ya difícil de encontrar, y que me ha dado satisfacciones pues siendo un advenedizo en el mundillo literario, la generosidad de la crítica se despachó diciendo: “Que poseía un cuidado estilo narrativo, con textos muy sueltos y dinámicos que se adaptaban perfectamente al ritmo del relato, casi incluso al paisaje de cada una de mis aventuras: desde la cadencia del Andévalo, a la fuerza y la contundencia del Pamir”.
El hecho de confeccionar unos apuntes para mis alumnos del Máster en Gestión Cinegética, a la postre constituyeron el germen de la publicación “Manual de Homologación de Trofeos de Caza Mayor en España”, que ya va por la tercera edición y recientemente ha sido
traducido por el CIC al inglés, alemán y francés.
He escrito varios prólogos, de los que me quedo con el inherente a “101 Recetas Andaluzas de Caza Mayor y Menor”, precisamente por ser académico por Huelva de la Academia Andaluza de Gastronomía. Y también me siento muy satisfecho por el cariño con
que describí las comarcas naturales de nuestra provincia, en el relativo a “Buscando libertad sin perder la cara al viento”, libro extraordinario pero aún inédito de mi querido y ya fallecido amigo Aquilino Moreno Domínguez.
Un texto que está circulando actualmente por las redes sociales es el de la oración del “Padrenuestro del Campo Onubense”, que con la locución de Mimi García Martínez – mi mujer- y con el montaje de imágenes y música que le han conferido los profesionales de Clic Vídeo parece ser que está teniendo aceptación.

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P.- ¿Qué necesita Huelva para despegar de una vez?

R.- Esto es el cuento de nunca acabar… Que si el AVE, el aeropuerto, el CEUS, el Hospital Materno-Infantil, las lanzaderas a Sevilla, la presa de La Alcolea y el canal de Trigueros, la carretera a Extremadura, el túnel de San Silvestre, Doñana y sus frágiles ecosistemas, los singulares edificios abandonados de la capital, la Facultad de Medicina y pierdo la cuenta de cuántas cosas más.
Afortunadamente algunas de ellas parece ser que se van desbloqueando, otras tan sólo parcialmente, pero existen una serie de ellas que son fundamentales para la provincia -infraestructuras y comunicaciones- que desgraciadamente van a tener que esperar a que venga un príncipe azul para despertarlas, y eso me duele en el alma.
Para despegar no tenemos más remedio que comulgar con una máxima plena de acierto y exigencia, que nos recordó el presidente de la FOE: “Si no luchas por lo que amas, no llores por lo que pierdas”… Así que todos los onubenses, sin distinción de ningún tipo de condición ni estatus, codo con codo, hemos de aportar nuestro granito de arena dentro de nuestras posibilidades en un frente común por Huelva, provincia que para mí siempre ha representado una llamada eterna a la belleza.
Es de vital importancia el fomento de los recursos hídricos, tanto para la agricultura como para la industria. Si algún político ve esta entrevista, que le quede muy claro que sin agua en esta provincia jamás vendrán los inversores.

P.- ¿Qué recuerdos guardas de tu niñez y que soñabas ser de mayor?

R.- Sin duda las vacaciones en el campo y de una manera singular las de Navidades. Yo nací y sigo viviendo en una familia católica, pero mi Iglesia siempre fue la Naturaleza.
Los sueños de un niño han sido siempre una saludable fortuna pero difícilmente realizables, precisamente por eso… porque son sueños. Pero yo me despachaba a gusto y presumía que de mayor tendría el carnet de Explorador. Después la vida te va poniendo en tu sitio y me tuve que conformar con ser ingeniero agrónomo y a ratos perdidos viajar algo por el mundo. No me quejo, y tras haber rebasado ya los tres cuartos de siglo sigo dándole gracias al cielo todos los días.

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P.- ¿Quiénes han sido tus referentes en la vida personal y profesionalmente?

R.- En lo personal, las manos duras y a la vez cariñosas de mis padres, que me encauzaron en la difícil travesía de la vida. La exquisita sensibilidad de mi mujer y su perseverancia en ir limando día a día las aristas de mis defectos, que no son pocos. Las puntualizaciones que me hacen mis hijos, para ir retardando la oxidación y consecuentemente no ir cayendo en el olvido social. Y ahora mis referentes son mis nietos, con los que disfruto enormemente cuando les cuento batallitas fantásticas y me ponen a prueba haciéndome preguntas, que en un pis pas pasan de ser ingenuas a exigentes, lo que me ayuda a mantener mis reflejos en vigilia permanente.

Como puedes ver en mi vida personal la referencia ha sido la familia, porque la misma es escuela de justicia y de paz. La familia, además de ser una garantía de futuro para la sociedad, también es transmisora del patrimonio cultural, proporcionando a la vez sujetos de producción económica, por lo que se considera un factor de cohesión social. Por ser el primer promotor de los derechos humanos, la familia personaliza a la sociedad y socializa a la persona.
En el ámbito profesional, claramente el referente ha sido mi padre, que fue perito agrícola de profesión, y que en tono jocoso y coloquial sus amigos le decían que era un “semental mejorante” puesto que tres de sus hijos ya eran ingenieros agrónomos.
Lo cierto es que ya nos hubiese gustado a nosotros, como hijos suyos, llegar a la talla que él marcó en la vida como personaje humano; como así fue porque atesoró las virtudes éticas aristotélicas, como son la justicia, la valentía, la moderación, la magnificencia, la liberalidad, la sensatez y la sabiduría. El Ayuntamiento de Huelva le distinguió nominando una coqueta y luminosa calle de Pescadería con su nombre: Manuel Llanes Muñoz.

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P.- Cambiando de tercio ¿Has encontrado ya el toreo al sucesor de Curro Romero?

R.- Sí, ciertamente para mí que el toreo como arte de vivir o, llegado el caso, de morir ya lo ha encontrado. Se llama José Antonio Morante Camacho “Morante de la Puebla”, quien además de ser un torero de pellizco –que para el tiempo- nos está regalando una técnica que le hace desistir de tirar por la calle de en medio, y eso lo está encumbrando como torero de época, porque además de derrochar arte y valor también rezuma largura torera.

P.- ¿Por qué te marcó deportivamente el madrileño Instituto Ramiro de Maeztu?

R.- Pues verás, el año anterior cursé sexto y reválida en el Colegio Francés de nuestra capital y participamos en el campeonato escolar de baloncesto, que lo conseguimos venciendo en la final al Instituto Rábida, y aunque fuimos eliminados en la fase regional celebrada en Córdoba por un equipo sevillano, empecé a sentir auténtica pasión por el deporte de la canasta.
Al siguiente año cursé el preuniversitario en el Ramiro, que es la casa del Estudiantes, y con su equipo juvenil fuimos campeones escolares de España. Era un equipazo, del que salieron jugadores de la talla de Vicente Ramos, Emilio Segura, Jaime Moreno, Aito García Reneses… Ya estando en la escuela de agrónomos participé varias temporadas como jugador del Colegio Mayor San Agustín de la ciudad universitaria madrileña y logramos el campeonato universitario en dos ocasiones.
Y ahora, contestando a tu pregunta, te diré que en el Ramiro aprendí los valores que se inculcan en un deporte de equipo, tales como la educación ante el colectivo; el respeto, tanto a los técnicos, como a los rivales, a las normas y a los árbitros. También la disciplina y el orden
porque ambos están en la esencia de un equipo, aprendiendo a tomar decisiones y asimilando las consecuencias del esfuerzo. Otro valor añadido fue la humildad en reconocer las propias limitaciones y debilidades. Y por último, el deporte en equipo te predispone a la sociabilidad, haciendo amistades con las que se invierte correctamente el tiempo libre… Ha pasado más de medio siglo y con Vicente Ramos sigo yendo a los toros en Colombinas, asistí al funeral de Emilio Segura y recientemente he tomado cervezas con Aito García Reneses en el madrileño barrio de Argüelles.
Como también hice compatible el baloncesto con el atletismo (con marca de 3:44:04. en la prueba de 1.500) fue para mí muy emocionante el haber sido portador de la llama olímpica con motivo de la celebración de la olimpiada de México-68 y conservo una foto de dicho evento que me encadena emotivamente al pretérito.

Lucas, ha sido toda una gozada echar este ratito de charla contigo, conocer algunas facetas tuyas que no sabía y desde luego ratificarme en que eres una pero que muy buena gente.