1. Home
  2. Área
  3. Metropolitana
  4. Huelva
  5. Capital
  6. Los rostros invisibles de Huelva
Los rostros invisibles de Huelva

Los rostros invisibles de Huelva

0

     Forman parte del pasaje urbano de Huelva. Silenciosos e invisibles, parapetados en rostros pétreos a los que pocos transeúntes le sostienen la mirada, como si temieran despártales del sempiterno letargo en el que parecen sumidos mientras practican la mendicidad.

      Groso modo, en Huelva unas 300 personas carecen de un techo. Al menos así lo estimaba el último ‘censo’ realizado por Cáritas Diocesana antes de que la pandemia dinamitara los cimientos que sustentaban las distintas clases sociales. En torno a un centenar se piensa qué podrían ejercer la mendicidad en las calles, aunque este último dato carece de sustento ‘oficial’. 

     Tras sus rostros guardan un drama personal que les ha abocado a la indigencia. Algunos achacan su destino a los azares de la vida y los efectos cíclicos de la economía. Otros sufren enfermedades mentales que le ha impedido encarar y encajar en una sociedad con roles bien definidos en los que salir del patrón establecido que te condena al ostracismo laboral y social. Para otra mayoría, las adicciones les llevaron al abismo y a un pozo sin fondo del que no han logrado salir. Por último, encontramos a los que una enfermedad física les impidió reengancharse al mercado laboral.

Los rostros invisibles de Huelva

     Sólo unos pocos practican la mendicidad como una decisión ajena a los azares del destino que les toco vivir. Son contadas las ocasiones en las que ejercen la indigencia como un modo de rebelión contra un sistema económico del que repugna. Y en esas calles onubenses mantienen su catre mientras confían su subsistencia en la solidaridad de los transeúntes. 

     A veces los bares cercanos les ofrecen algo de comida para matar el hambre y saciar la sed. Son los silenciosos gestos solidarios que quedan en el anonimato, pero que sin ellos muy posiblemente viesen agravado sus problemas de salud. Otro muchos asisten a los comedores sociales, pero otros desisten de aferrarse a los asideros que ofrecen las administraciones o las ONG. 

     Lo más duro llega al caer la noche. Cartones y mantas son los únicos escudos contra la intemperie. Las temperaturas aun no son extremas y algunos aun se permiten conciliar el sueño en los bancos en un intento de no perder su ‘plaza’ junto a templos religiosos donde son capaces de lograr a penas unos euros más que en otros emplazamientos con menos transito de persona. 

     Los cajeros son otro de los lugares más socorridos para conciliar el sueño. Al caer la madrugada la presencia de clientes cae y pueden dormir con cierta tranquilidad hasta el amanecer en el que los trabajadores abren al público las sucursales bancarias. Uno de estos indigentes comentaba al diariodehuelva.es que llegó a dormir en soportales, pero algunos vecinos se las ingeniaba para persuadirle a veces tirando agua desde las ventanas que le salpicaban las mantas, otras veces de manera más sutil: limpiando con lejía horas antes de llegar para que el ambiente fuera irrespirable. 

Los rostros invisibles de Huelva

     Son los parias, la pobreza que nadie quiere ver y que todos quieren tener lo más lejos posible. Sin embargo, lo que más les duele es ser juzgados sin escuchar su historia, dictar sentencia sobre el origen y las circunstancia de su pobreza obviando los sinsabores que les toco vivir.

     Entre tanto, desde Cáritas Diocesana disponen del Centro de Puertas Abiertas para personas sin hogar que desde las 9:00 horas. Allí tienen a su disposición ayuda alimentaria básica, servicio de lavandería, wifi y desayuno. 

Luego están las dos inmuebles de la Casa de los Milagros, orientadas a las personas sin hogar que sufren enfermedades y no tienen otra solución habitacional; y la Casa de Santa María para personas inmersas en un proceso de normalización vital. Son 15 plazas que prestan una acogida integral 24 horas. 

     El Ayuntamiento también dispone del albergue municipal que se utiliza dentro de los programas de corta estancia para transeúntes y de atención a crónicos para marginados sin hogar. En total suman 17 plazas y dos cunas para recién nacidos. Sin embargo, es una solución transitoria.