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Tras el ADN del fuego

Tras el ADN del fuego

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 La mano del hombre está implicada de manera directa o indirecta en el 95% de los fuegos” que azotan nuestros bosques. Así lo sostiene José Luis Dominguez, Coordinador Provincial de Agentes de Medio Ambiente y Jefe de la Brigada de Investigación de Incendios Forestales de Huelva (BIIF-HU) adscrita al Centro Operativo del Infoca. Sus agentes han sido los encargados de peritar cada uno de los 160 siniestros que se han registrado este verano en la provincia. Su objetivo último es esclarecer las causas que están detrás de las llamas que cada año arrasan nuestro patrimonio forestal.

Gracias al trabajo del Infoca, la mayor parte de estos incendios han quedado en meros conatos. Aun así, el trabajo de los ocho agentes que integran la plantilla de la BIIF es que ningún delito quede impune, para lo cual realizan un minucioso peritaje de todos los incendios que se producen en la provincia, con independencia de la dimensión del siniestro o el área calcinada. 

Tras el ADN del fuego

La primera fase de su trabajo es localizar el origen de las llamas. Los medios aéreos facilitan mucho esta tarea, pues permite dilucidar a vista de pájaro el área quemada y, tomando como referencia el sentido del viento, determinar el punto primigenio de combustión. “Restringir el área es fundamental” para multiplicar las posibilidades de éxito, pues permite focalizar la superficie de trabajo y, sobre ella analizar las pruebas que la ciencia forense ofrece. En esta fase entra en juego el análisis minucioso, “la forma en la que se refuerce la masa forestal”, el área calcinada de una piedra; así como cualquier elemento de la naturaleza que para unos ojos bien adiestrados son capaces de ofrecer infinita información para esclarecer el cómo y el cuándo. Si bien la ecuación más difícil de resolver es el porqué, dado que muchas veces la estupidez, los intereses económicos o la maldad humana escapan a la razón.

En sus 35 años de experiencia en el Infoca los fuegos más comunes responden al uso de maquinaria agrícola, que aunque está prohibido su uso en zonas forestales, en ocasiones es utilizada en cultivos y de ahí se extiende por la masa vegetal. En otras ocasiones son las negligencias o por tendidos eléctricos. Los “fuegos intencionados son los menos” habituales y los más difíciles de resolver.

Tras el ADN del fuego

Los atestados de la BIIF suelen ser determinantes para dar caza a los presuntos incendiarios y, posteriormente, suelen ser pruebas muy veraces en los procesos judiciales para que los terroristas medioambientales puedan dar con sus huesos en la cárcel.

Sin embargo, Domínguez insiste que lo más difícil es llegar a un pirómano o alguien que incendia movido por espurios intereses económicos.

En cualquiera de los casos, el apoyo ciudadano siempre es fundamental. Precisamente este año en Huelva uno de los incendios se produjo por la negligencia de una persona que tiró una colilla mientras circulaba en su vehículo. “Aunque es difícil que con este gesto genere un incendio, en este caso fue así y se pudo hayar el culpable” gracias a una persona que presenció la escena y “dio una descripción” fidedigna del coche y se pudo llegar hasta él.

El pirómano, perfil tras el que se esconden el terrorista medioambiental 

Amigos del Club de Ciencias Forenses afirman que en la actualidad únicamente “existen dos líneas de investigación del incendiario forestal, una portuguesa y otra española”, precisamente dos de los países más castigados en los últimos años por los incendios forestales. En este caso, los estudios tratan de fijar un perfil criminal para determinar qué tipo de persona es más proclive a incendiar los bosques. El objetivo no es otro que establecer “actuaciones de prevención e intervención” y para ello este tipo de estudios son fundamentales.

Los estudios determinan que en estos enfermos “el interés hacia el juego aparece entre los dos y los cinco años”, aunque no por ello quiere decir que el objetivo sea causar daños y es aquí donde entrarían en juego las de origen interno “las alteraciones de personalidad, predisposiciones neorológicas”, las externas, problemas familiares o de recursos económicos o ambas”.

Tras el ADN del fuego

Sin embargo, apuntan a que el comportamiento de los incendios a menudo se confunde con la piromanía y en estos casos “sólo explican un grupo muy pequeño de casos” y esta vinculado al placer que se siente de ver arder algo.

En la mayoría de incendios provocados que se producen a nivel mundial, y en este caso Huelva no es una excepción, detrás de ellos no está la mano de un pirómano, aunque es un recurso judicial muy socorrido para rebajar las posibles penas e incluso enmascarar los intereses económicos o simplemente la maldad de hacer daño.

El psicólogo onubense Enrique Biedma coincide punto por punto en este análisis. En este sentido explica que “en los libros de psicopatía y psiquiatría prácticamente no existen casos de piromanía” por lo que se suele aventurar a dar este calificativo a todo aquel delincuente que está detrás de más de un incendio. En este sentido, indica que, a su juicio, “suelen ser los intereses económicos” lo que están detrás de esta ‘industria’ del fuego, puesto que los casos de descuidos y negligencias suelen ser más puntuales y, rara vez, tienen a cobrar las dimensiones de los grandes incendios que afecta a nuestros bosques.