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Espectacular ‘nevada’ en la Sierra: el ‘espelechao’ de los chopos la tiñe de blanco

Espectacular ‘nevada’ en la Sierra: el ‘espelechao’ de los chopos la tiñe de blanco

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Como cada primavera, un fenómeno peculiar tiñe los suelos de los campos serranos. Se trata de la original ‘nevada’ producida por los vilanos de los chopos, unas pelusas que caen de especies arbóreas ubicadas en determinados rincones del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.

 

Espectacular 'nevada' en la Sierra: el 'espelechao' de los chopos la tiñe de blanco

 

 

En realidad, en el habla popular serrana se le llama el ‘espelechao’, porque los árboles del género ‘populus’ desprenden copos blancos que vuelan por el aire y son transportados para conformar lechos blanquecinos en muchos lugares. Estas imágenes peculiares se producen durante el mes de mayo, y puede admirarse gracias a los chopos hembra, que expulsan sustancias blancas

Los zagales de la zona, cuando los vislumbran por primera vez con capacidad para analizarlo, porfían sobre su origen y sus características. Unos piensan que son copos de algodón, no faltando quienes creen que se trata de una auténtica nevada.

 

 

En realidad, estas pelusas se llaman vilanos, y han dado pie a numerosas interpretaciones. Hay muchos que los consideran molestos e incluso productores de alergias, pero no es así, puesto que lo que hay dentro de la pelusa blanca son semillas y no polen.

 

Espectacular 'nevada' en la Sierra: el 'espelechao' de los chopos la tiñe de blanco

 

Lo que sucede es que, al coincidir con la época de mayor floración de gramíneas, olivo y otras plantas que sí causan alergias, puede confundir a los sufridores de esta afección.

Se trata de semillas que forman parte de la fisonomía de estos árboles desde abril hasta junio. La sustancia fecundadora va cubierta del vilano y, en un proceso denominado ‘anemofilia’, viaja por el aire para llegar hasta las flores femeninas.

Precisamente, la pelusilla que recubre a la semilla tiene como función asegurar que el viento podrá esparcirla por doquier, por lo que estos árboles se reproducen a un ritmo muy alto. La especial altura de estos chopos o álamos, varias decenas de metros en muchos casos, facilita la propagación de las pelusas.

Los ‘copos de algodón’ cubren los suelos en zonas donde crecen las especies que los producen. Fundamentalmente cerca de cursos de agua y riberas, los chopos y álamos se expanden y ofrecen sombra protectora, formando las frescas choperas, que en la Sierra se denominan ‘chopeas’.

Aunque los vilanos no produzcan alergias, sí presentan un peligro potencialmente importante, debido a su alta inflamabilidad. Prenden con facilidad, por lo que es fundamental actuar con cautela en sus inmediaciones.

Hay senderos que quedan completamente cubiertos del manto blanco, produciendo sensaciones que se suman al colorido, a los sonidos y a los olores propios de la Sierra en esta época del año.

De esta forma, las chopeas ofrecen otro particular espectáculo que se suma al colorido otoñal que aportan a la Sierra o la especial frescura que se siente al merendar o pasear entre las hileras de troncos milimétricamente sembrados.