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Hospitales asistenciales y medicina en el Zufre de antaño

Hospitales asistenciales y medicina en el Zufre de antaño

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En estos tiempos de confinamiento y confianza en todo lo relativo a lo sanitario, es útil rebuscar en el pasado para descubrir cómo era la sanidad en nuestros pueblos. En la Sierra, el investigador zufreño Santiago González Flores no deja de aportar datos de interés en este y otros ámbitos.

Sus últimas aportaciones se centran en las instituciones sociales y la medicina en el Zufre de antaño. Fueron el Hospital de San Miguel, fundado alrededor de 1480, y el del Espíritu Santo, fundado en 1563 a través del legado testamentario de Catalina Martín, las dos instituciones que en el Zufre del siglo XVI suplieron las carencias alimentarias, de vestimentas y salud de parte de la población. En aquel tiempo, el hospital tenía unas connotaciones diferentes a las actuales, dedicándose a labores asistenciales fundamentalmente.

Uno de los mandatos de la Visita Pastoral que realiza a la Vicaría de Zufre en 1676 el visitador general del Arzobispado de Sevilla Don Pedro de Cubero y Mesa recoge “… que se diga la misa del alba temprano de forma que los pobres que se hallan sin vestido suficiente para poder parecer entre día la oigan…”. Constituye un ejemplo más que significativo de la proporcionalidad de la piedad de una parte del clero a mediados del siglo XVII, en opinión de González. También hubo otros clérigos, franciscanos y dominicos generalmente, que dieron su hacienda para suplir las necesidades de sus vecinos. Se pueden recordar ejemplos como el de Joao Cabezas de Aracena que gastó gran parte de sus bienes en dar una comida tras la misa del Santo; o Ana de Castilla, que dio parte de su dote al Hospital de la Misericordia de Cumbres para “… vestir a mujeres pobres…”.

Hospitales asistenciales y medicina en el Zufre de antaño

Algunos condicionantes agravaban la pobreza en el siglo XVI. La condición de esclavo, por ejemplo, añadía aún más tragedia a la situación de muchas personas. Entre 1600 y 1623 se bautizan en la Parroquia de Zufre trece esclavos, de los cuales ocho son varones y cinco féminas. Las mujeres, por lo general, se dedicaban al servicio doméstico y los hombres trabajaban en labores agrícolas. El precio variaba de uno a otro en función de variables como el color de su piel, ya que también hubo esclavos blancos. El desprecio por la vida de estas personas queda atestiguado en numerosos documentos; uno de ellos es el testamento de Tomás Sánchez, otorgado en “Sufre” el 10 de Septiembre de 1544, en una de cuyas mandas de reparto de bienes recoge, refiriéndose a su caballo, “… e buen caballo e bestia que vale por precio de seis esclavos míos …”.

Las instituciones hospitalarias de asistencia social desaparecieron tras las diferentes expropiaciones, civil y eclesiástica, de mediados del siglo XIX.
Es en ese siglo en el que Santiago González ha encontrado datos sobre la medicina en Zufre. Manuel Olivares, Luis Rembado, José María Gavidia Humanes, Luis Mayorgas o Alejandro Duque fueron algunos de los médicos que dieron servicio al vecindario de la localidad serrana desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Compartían clientela con ‘La Mayorga’, Elvira ‘La tana’, Obdulia ‘la de Fito’ y otras practicantes de la medicina natural que, al margen de cualquier prospecto, elaboraban ungüentos, pócimas y lociones. Atesoraban un amplio conocimiento de las plantas autóctonas, heredado y transmitido de madres a hijas, lo cual le proporcionaban una situación prominente dentro del submundo marginal en el que mal vivían.

Algunos de estos médicos se enfrentaron a los dos episodios más trágicos, por el número de vecinos que fallecieron, de la historia contemporánea de Zufre. Uno de ellos fue la epidemia de cólera morbo de mediados del siglo XIX que acabó con decenas de muertes, teniéndose que habilitar un cercado con tres fosas donde fueron sepultados en cal viva por miedo al contagio. El otro, la epidemia de gripe del año 1918 y de la cual apenas se tienen referencias en Zufre por el vacío documental en las actas capitulares, pero que debió rondar aproximadamente las diez muertes. La epidemia se extendió en la zona Este de la comarca serrana a través de la Línea del Ferrocarril de Minas de Cala, donde murieron un número indeterminado de obreros. Los registros parroquiales sí reflejan estas muertes, así como los informes de Sociedades como ‘La Esperanza’.

Otro episodio más extraño fue el que acontece en Zufre en 1835 con la llamada “epidemia de perros rabiosos”. Los datos proceden del Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia de ese año, e indican que uno de sus protagonistas es el médico Manuel Fal, residente en ‘Higuera junto Aracena’ (actual Higuera de la Sierra). En los sucesos están implicados los vecinos José y Pedro, trabajadores de Francisco Suárez que son mordidos los tres en un ataque en el campo; una historia que el historiador zufreño sigue investigando.