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Cortegana sufrió una epidemia de tifus en 1941 que causó un centenar de víctimas

Cortegana sufrió una epidemia de tifus en 1941 que causó un centenar de víctimas

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En tiempos de crisis sanitaria conviene mirar la vista atrás para descubrir otros episodios en que la salud de la población se vio en serio riesgo. Gracias a la labor investigadora de José Francisco González Vázquez se está conociendo la historia de la epidemia de tifus que sufrió la localidad de Cortegana en 1941. En realidad se trató del tifus exantemático, o ‘piojo verde’, enfermedad que se estaba propagando por aquellos años de hambre, miseria y necesidad en el conjunto del país.

González Vázquez ha aportado la transcripción literal del acta municipal donde se recogen las medidas tomadas por las instituciones hace ahora casi ocho décadas, inserto en el legajo 40 del Archivo Municipal de Cortegana. El texto está fechado en 23 de septiembre de 1941, presidiendo la Corporación el alcalde Constantino Moreno Ochoa. Con la presencia de los miembros de la Comisión Gestora Municipal,  del Jefe Provincial de Sanidad,  Andrés López Prior, y del facultativo Antonio Segovia García.

El primer edil habló de la epidemia y su origen, al parecer la contaminación de las aguas de las fuentes públicas, proponiendo soluciones drásticas. Se clausuraron de inmediato las fuentes públicas denominadas ‘Altozano’, de ‘La Caja’ y ‘Plaza’, y en cuanto al aprovechamiento de las demás, “deberá hacerse saber al vecindario, podrán hacerlo hirviéndolas para destinarlas a la bebida y lavados de frutas y otros usos análogos, sin perjuicio de las ulteriores resoluciones que procedan con arreglo al resultado que ofrezcan los análisis químico-bacteriológicos a efectuar por el Instituto Provincial de Sanidad”, según el acta.

También se decidió ejecutar obras con urgencia para la instalación de tuberías de hierro u otros materiales impermeables que hicieran posible una sana conducción de las aguas de las fuentes clausuradas. Finalmente, se procedió a la “inmediata vacunación general del vecindario con la antitífica, para la que será habilitado todo el personal sanitario, lo mismo técnico que auxiliar, bajo la dirección de los Inspectores municipales de Sanidad, señalándose como lugar más adecuado para ello el Hospital de San Bartolomé existente en la localidad”.

Se ha obtenido también el acta capitular del 1 de octubre de 1941, en la que el alcalde da cuenta del desarrollo de la epidemia, para cuyo combate había solicitado dos médicos que ayudasen a los titulares de la población, “lo mismo que la Beneficencia Municipal que de los no incluidos en el Padrón de este servicio…”.

En sucesivas sesiones se dio cuenta asimismo de otras cuestiones relacionadas con la enfermedad, como la del  15 de octubre, en la que se indica que el coste de las obras de las cañerías era elevado, por lo que se había pedido ayuda económica a la Diputación Provincial, específicamente al área de Sanidad; la del 5 de noviembre, en la que se cifra el coste de la construcción de nichos en el Cementerio Municipal en 8.764,40 pesetas, así como los jornales para la conducción de cadáveres al cementerio y vacunas para combatir la epidemia; facturas  presentadas por el Laboratorio Hispania de Sevilla por importe de 2.550 pesetas referentes a la vacuna Tifico-Paratífica servida al Ayuntamiento, que vienen recogidas en el acta del 15 de noviembre;  o las minutas de los médicos Rafael Romero Carbajo y José María Polo Herrera, de Galaroza y Aroche respectivamente, por los trabajos realizados auxiliando a los médicos titulares, que eran en aquel momento José Vázquez Vázquez y Luis Romero Rodríguez, según se indica en el acta del 15 de diciembre de 1941.

El Gobierno Civil ordenó a todos los municipios afectados por el ‘piojo verde’ disponer “proyectos de construcción o adaptación de locales para pabellones de aislamiento, albergues o refugios de mendigos, centros de desinfección o casas de baños, cuyos proyectos firmados por un técnico deben remitirse con urgencia a la Dirección General, para una vez aprobados puedan ser subvencionados por aquélla”. En Cortegana se habilitó al efecto un local municipal en el sitio de Las Eritas.

El Consistorio tuvo que sufragar ataúdes para féretros de pobres, la desinfección de locales, guardia en las fuentes públicas y el hospedaje en el Hotel Parente de sanitarios de otras localidades que acudieron a ayudar. Estos últimos datos se dan a conocer en reuniones de los concejales a finales de 1941 y principios de 1942.

Aunque faltan los datos de los fallecidos por la epidemia, que probablemente se encuentren en el Archivo Parroquial, y tampoco se conocen las causas oficiales del origen de esta infección, en las redes sociales se ha generado un debate entre vecinos que recuerdan aquellos malos momentos y que han aportado algunos datos nuevos, transmitidos por tradición oral, como que el origen de la epidemia pudo proceder de la fuente del Altozano o la causa, que según el investigador arocheno Antonio Rodríguez Guillén, se produjo por una fuga de aguas fecales que se mezcló con la potable.

Juan Manuel Romero, en cambio, cita a su padre, experto en enfermedades tropicales por las Universidades de Hamburgo y Berlín, quien le contó que tenía información de médicos de la localidad, que le aseguraron que la epidemia se originó en la fuente de La Caja y que causó un centenar de víctimas.

Para José Francisco González Vázquez, el valor de estos trabajos de investigación es “mostrar la importancia de la Historia como fuente de conocimiento y que, como se dice, es cíclica, repitiéndose acontecimientos parecidos en el tiempo”.

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