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Una investigación recupera la historia de personajes ilustres de Zalamea

Una investigación recupera la historia de personajes ilustres de Zalamea

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La historia local de Zalamea la Real ha ido desgranando, a través de sus investigadores, las biografías de sus muchos personajes ilustres nacidos en esta vieja localidad andevaleña: ministros, obispos, anarquistas, historiadores o diputados que han ido engrosando el cartel de personajes ilustres del lugar. Incluso personas que, aparentemente anónimos, han pasado a la historia no sólo española, sino también de otros países por diversos motivos. La labor de estudiosos como José Manuel Vázquez Lazo está ayudando de forma importante a dar visibilidad a estos zalameños fuera de su lugar de nacimiento e incluso hacia sus propios vecinos.

Uno de estos casos es el de María Sandalia Pérez Rico, que ha pasado a la historia por ser la esposa de uno de los principales personajes de la historia naval de Argentina, corsario en tiempo bajo pabellón español, y Coronel de Marina de la flota de dicho país suramericano.

Uno de los documentos básicos para esta investigación de Vázquez Lazo ha sido aportado por el Departamento de Estudios Históricos Navales de Argentina, que le ha remitido una copia de la Fe de Bautismo María Sandalia. De esta forma, se ha confirmado que nació en Zalamea la Real el día 3 de septiembre de 1784, en el hogar familiar constituido por sus padres Joseph Pérez Rico y Juana Zarza. Dos días después de su nacimiento sería bautizada por el vicario Joseph Felipe Serrano, en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ejerciendo como padrino de bautismo su primo Manuel Rufino.

La pista de María Sandalia y su familia se pierde hasta inicios del siglo siguiente. Como muchos otros zalameños, la familia Pérez Rico se encontraba en la primera década de 1800 en la ciudad de Cádiz, en la etapa crucial de la Guerra de Independencia contra los invasores franceses y, sobre todo, en el momento histórico de la gestación de la Constitución de 1812, La Pepa.

Parece ser que, a comienzos de 1811, la familia Pérez Rico visitaba asiduamente en el penal del Castillo de San Sebastián de la ciudad a un amigo que había sido acusado de traición a la patria. El Castillo lo había convertido Carlos III en prisión militar en 1769, y en él estuvieron cautivos liberales y eminentes independentistas americanos. Uno de ellos, Juan Bautista Azopardo, marino maltés, se enamoraría de María Sandalia, doce años más pequeña que el prisionero.

Azopardo había nacido en la localidad maltesa de Senglea en 1772. Ya desde pequeño había estado vinculado al mar, situación que se afianzó cuando emigró para estudiar construcciones navales en la localidad francesa Tolón. Su estancia en tierras galas en una época de grandes cambios políticos e ideológicos fue fraguando su espíritu liberal que no tardaría en poner en práctica años más tarde.

Antes de consolidar su figura pública como héroe de la marina argentina, Azopardo había ejercido de corsario contra los intereses de la Armada inglesa, haciendo uso de las patentes de corso ofrecidas tanto por Francia como por España. En este contexto las crónicas destacan su labor frente a los navíos ingleses en la invasión de Buenos Aires en 1806 y 1807. Había llegado a tierras sudamericanas a inicios de 1800 y sus hazañas como segundo Comandante del navío corsario “Dromedario” (bajo pabellón español) frente a los ingleses comenzaron a alimentar su leyenda. Tanto que el gobierno español no tardó en elogiar su trabajo hasta el punto de declararle “Teniente Coronel de las Milicias Urbanas” en Buenos Aires.

Pero Juan Bautista Azopardo daría un giro a sus intereses políticos, ideológicos y sentimentales cuando en el proceso revolucionario de 1810 se puso del lado del pueblo criollo. El marino Azopardo apoyó la Revolución de Mayo en Argentina y organizó una flotilla, para lo que muchos historiadores argentinos es la génesis de la Armada de este país, para hacer frente el 2 de mayo de 1811 a la fuerza naval española en San Nicolás de los Arroyos. La derrota argentina llevó a Azopardo a la reclusión primero en Montevideo y posteriormente a Cádiz.

María Sandalia correspondió al amor del marino maltés, y no dejaron su relación en los 9 años de cautiverio de éste. En 1814 nació su hijo, Luis Antonio María de los Ángeles. Pero la desconexión familiar aumentó cuando Azopardo fue trasladado en febrero de 1815 al Castillo San Fernando de la Cortadura, y más aún cuando pasó a la prisión de Ceuta, quedando su esposa e hijo en Cádiz. A pesar de ello, la relación se mantuvo fuerte, según indica la biógrafa de Azopardo, Mercedes G. Azopardo.

Tras tres condenas a muerte y otros tantos indultos, la Revolución Liberal de Riego le ofreció el indulto definitivo en 1820. Ese mismo año, volvería a Argentina para seguir defendiendo los intereses de la que ya era su verdadera patria. Allí obtuvo el grado de Teniente Coronel de Marina. Mientras tanto, su familia quedó en España hasta 1822 en que se reencontraron al otro lado del charco.

Tras varios años en activo defendiendo frente a varios enemigos exteriores la patria argentina, se retiró en febrero de 1827. A partir de entonces, como indican varios autores, vivió sumido en la pobreza y en el olvido del gobierno por el que tanto había luchado, 

realizando grandes sacrificios para sacar adelante a su familia. Pudieron comprar una casita en los arrabales de Buenos Aires en la calle Corrientes y Libertad, donde Juan Bautista, María Sandalia y Luis

Antonio vivieron siempre y donde incluso nacieron sus nietos.

De la zalameña dice Mercedes G. Azopardo que “lucía en las fiestas con sus vestidos de ‘sarao’; regio collar de perlas de dos vueltas, y según las circunstancias, abanico de marfil o bien un mosoba de cerda blanca y cabo de marfil tallado”.

Juan Bautista Azopardo murió en 1848 y María Sandalia Pérez Rico tres años después, en 1851. Su hijo había ingresado en el ejército en 1833, casándose con Alejandrina Saravia y teniendo 5 hijos. Murió en 1873. Los descendientes siguen viviendo en Argentina.

La investigación de Vázquez Lazo aporta, de esta forma, datos fundamentales para conocer los episodios vitales de zalameños que, siendo anónimos, llegaron a vivir experiencias de interés.