Home Costa Registran un sismo de magnitud 4,1 en la misma zona que el último que dañó a Huelva en 1969
Registran un sismo de magnitud 4,1 en la misma zona que el último que dañó a Huelva en 1969
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Registran un sismo de magnitud 4,1 en la misma zona que el último que dañó a Huelva en 1969

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Tres nuevos terremotos de distinta magnitud se han registrado en las últimas horas frente a las costas de Huelva, en la complicada e imprevisible placa tectónica hispano-lusa del Golfo de Cádiz.

Esta nueva cadena de terremotos ha tenido lugar entre las siete y las diez de la mañana del pasado sábado 21 de septiembre.

El primer movimiento telúrico fue el más pequeño. De 2,2 de intensidad en la escalla Richter tuvo lugar a las 7.16 minutos de la mañana. El siguiente, el más preocupante se registró a las 7.25 minutos y alcanzó una magnitud de 4.1 en la escala Richter y se marcó a 30 kilómetros de profundidad. El último se apuntó en el Instituto Geológico a las 10.29 de ese día y alcanzó los 3,1 de magnitud.

El más preocupante de los tres terremotos es el de magnitud 4.1 ya que aconteció en lo que los investigadores lusos denominan “zona de subducción”.

En 1969, hace cincuenta años, un terremoto afectó a las costas de Portugal y Huelva. Fue el último sismo con víctimas mortales y graves destrozos registrados que ha afectado a la provincia onubense. El seísmo de Cabo de San Vicente de 1969 fue de magnitud 7.3 en la escala de Richter y de intensidad VII en la escala de Mercalli que se produjo el 28 de febrero de 1969 a 200 km al suroeste de Cabo de San Vicente, y se dejó sentir en Andalucía Occidental y Sur de Portugal.

Este último (el del pasado sábado) se registró precisamente en esa misma zona.

Una zona donde el geólogo marino Joao Duarte, de la Universidad de Lisboa, busca desde hace años una explicación a estos fenómenos imprevisibles.

Su estudio concluye que la parte inferior de la placa tectónica de la costa de Portugal está deslizándose y alejándose de la parte superior. Según el científico, esta actividad geológica podría activar el movimiento de placas y crear lo que se denomina una “zona de subducción”. Un hecho que puede acarrear consecuencias graves a este lado del Atlántico.