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Raquel Almodóvar: “Es una cuestión de Derechos Humanos entregar los restos de los fusilados a sus familias”
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Raquel Almodóvar: “Es una cuestión de Derechos Humanos entregar los restos de los fusilados a sus familias”

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El cuatro de noviembre de 1937 dieciséis mujeres fueron fusiladas. Junto a ellas, cinco hombres. Pero los verdugos franquistas y su maquinaria del horror tenían previsto un aquelarre de sangre y venganza entre Zufre e Higuera de la Sierra: segar 68 vidas en total. La profesora de las universidades de Huelva y Sevilla, Raquel Almodóvar, ha viajado en el tiempo hasta aquellos momentos. Y en su libro ‘4 de Noviembre’ Una historia (des)narrada de la Guerra Civil en Zufre’ se adentra en la piel de las víctimas, en sus recuerdos. Y también navega en el mar negro de los verdugos y las telarañas asesinas del franquismo. 

Escribir sobre las vidas robadas a las víctimas de la represión tiene un coste emocional. ¿Lo ha sentido al investigar esta tremenda historia?

Como usted bien sabe tiene un alto coste emocional investigar sobre la represión franquista en Andalucía. Supongo que, en general, trabajar con las secuelas de la guerra debe producir desajustes a cualquiera.

Y, en todos los casos, cada investigador tendrá su librillo, en mi caso no es posible tomar distancia de los sujetos que participan en la investigación, presentes y no presentes, por mi forma de entender la vida y, en particular, la investigación científica.

Creo que los vínculos afectivos y emocionales, entre otros vínculos, considerados todos ellos no racionales, no válidos para practicar Ciencia, deben formar parte de ella precisamente para hacerla más efectiva, para que resuelva de forma más coherente y ajustada a los problemas reales de nuestras comunidades.

Raquel Almodóvar: "Es una cuestión de Derechos Humanos entregar los restos de los fusilados a sus familias"

¿Qué pasó en Higuera, en Zufre aquel 4 de noviembre que ha despertado tanto su interés como investigadora?

Por un lado, tanto Zufre como Higuera de la Sierra forman parte del objeto de estudio de mi tesis doctoral, titulada “Las represaliadas en las provincias de Huelva y Sevilla durante la Guerra Civil y la Posguerra (1936-1945)” que, actualmente, desarrollo en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla.

Por otro, la investigación tuvo su origen en una propuesta que me realiza el Ayuntamiento de Zufre, en octubre de 2017, al conocer mi trabajo doctoral específico sobre las represaliadas en la provincia, por lo que el encargo, en su origen, se circunscribió a investigar las zufreñas fusiladas el 4 de noviembre de 1937.

Las obras de Espinosa Maestre y García Márquez son las referencias básicas y obligadas para cualquier investigación sobre la represión franquista en general y, concretamente, sobre las dos provincias objeto de la tesis. Además de acudir a las investigaciones locales, muy ricas en datos específicos, recogí durante un año testimonios en las localidades de Zufre, Higuera de la Sierra y Aracena.

Cuando comencé a triangular las distintas fuentes de investigación, la complejidad de los sucesos del 4 de noviembre me obligó a reorientar la propuesta inicial del consistorio y la investigación, como los resultados, hubieron de ampliarse.

La complejidad de los sucesos del 4 de noviembre de 1937 revela que, en aquella mañana, iban a ser fusiladas 68 personas, 43 zufreños y 25 zufreñas, en el cementerio de Higuera de la Sierra. Pero distintas circunstancias hacen que el fusilamiento se detenga cuando han sido ya fusiladas 21 personas, 16 zufreñas y 5 zufreños.

Raquel Almodóvar: "Es una cuestión de Derechos Humanos entregar los restos de los fusilados a sus familias"

Los libros, estos libros, estas historias de vida, aunque no se diga, suponen una liberación emocional para el pueblo. De pronto encuentran a sus vecinos, sus desaparecidos. Cómo es posible que aún tengamos a las víctimas en las cunetas, en las fosas comunes.

Entiendo dos partes diferenciadas en la pregunta. La primera parte sobre la liberación emocional… Creo que, para las localidades, las investigaciones locales o generalistas aunque especialmente locales, solo son el punto de partida (o el punto final) de un largo proceso de búsqueda de justicia, reparación y verdad para las víctimas del franquismo.

Dicho sea de paso, procesos todos ellos incompletos como demuestra el caso de las 17 represaliadas de Guillena fusiladas en Gerena también en noviembre de 1937. Tras la exhumación y dignificación de las represaliadas, la ARMH 19 Mujeres de Guillena con los informes forenses y técnicos interpuso en 2015 una denuncia en el Juzgado de Sevilla para que se investigaran los crímenes. En el verano de 2019 nos encontramos que siguen sin noticias de los juzgados.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, y conectado con lo anterior, creo que deberían responderla los distintos poderes públicos, ¡y hay dónde elegir!… Es una cuestión de Derechos Humanos que las fusiladas y fusilados puedan ser identificados y sus restos entregados a sus familiares. Son los poderes públicos los únicos obligados a garantizar una justicia y reparación conforme al Derecho Internacional.

Usted es profesora de Antropología Social. Cuando las generaciones venideras hablen de este tipo de represión qué dirán. Porque a los pueblos se les valora por cómo dan sepultura a sus muertos.

Las generaciones futuras son fruto de las generaciones anteriores, luego es de extrema importancia lo que se construye en el presente y cómo se interpreta el pasado. La pregunta que cabría hacer es qué “nosotros colectivo” queremos transmitir al “ellos futuro”.

Para que las generaciones venideras tengan fundamento para formarse una opinión crítica debemos ser capaces, al menos, de avanzar en el conocimiento del proceso contemporáneo más traumático que hemos vivido como comunidad.

La realidad es que aún queda mucho, diría que demasiado, por conocer de la represión franquista, pero esto nos debe motivar y no desalentar. Como sociedad tenemos una deuda histórica con las víctimas del franquismo y cada generación debe contribuir a repararla en la medida que su contexto se lo permita.

Raquel Almodóvar: "Es una cuestión de Derechos Humanos entregar los restos de los fusilados a sus familias" ¿Ha encontrado ayuda y apoyo en las personas que ha entrevistado para sacar su libro a la luz?

Indudablemente, sin el cariño, el apoyo y el aliento de ellas y ellos hubiera sido del todo imposible realizar la investigación, especialmente en los momentos más duros. Como usted sabe mejor que yo, se establecen lazos de amistad tan fuertes que, en algunos casos, se transforman en lazos casi de parentesco.

En el caso de Zufre, ha sido muy emocionante acompañar a los familiares en el proceso de conocerse y reconocerse entre ellas y ellos, ya que no existía ninguna asociación memorialista como sí ocurre en otras localidades de la comarca. En este sentido, soy yo quien tiene que agradecerles haberme hecho partícipe de todo el proceso de recuperación de la Historia Social de Zufre durante la II República y la Guerra Civil a través de sus memorias familiares.

De la misma manera, he sido acogida en Higuera de la Sierra como una vecina más, la parte que más disfruto siempre de las investigaciones son los trabajos de campo, precisamente, por los lazos afectivos que se establecen con todas las personas que se conocen durante el camino y que se quedan para siempre en tu vida.

¿Y miedo, lo ha sentido en las voces, en las palabras, en los recuerdos de esos dos pueblos, Higuera y Zufre?

Voy a relatar una anécdota que creo puede responder a su pregunta. La propuesta del Ayuntamiento de Zufre consistía exclusivamente en la edición de 500 ejemplares de la investigación y su distribución gratuita entre el vecindario el día de la presentación del libro. La presentación se realizó el 14 de junio y casi la totalidad de ejemplares fueron distribuidos en aquella tarde. El resto, tres ejemplares se depositaron en la biblioteca municipal y el sobrante, desconozco el número, quedaron en el Ayuntamiento a disposición del vecindario.

Semanas después, con motivo de mi tesis doctoral, me encontraba en Zufre entrevistando a vecinos y vecinas. En una de las idas y venidas, una vecina, nada relacionada con la investigación, ni con la represión en Zufre, nacida ya en la posguerra, me paró en mitad de la calle, me apartó del bullicio y me pidió, muy amable y con mucho interés, casi en susurros, un ejemplar del libro. El motivo de esta petición era su miedo a “señalarse” acudiendo al Ayuntamiento o la biblioteca a obtener un ejemplar.

También debo decirle que no me sorprendí, es la tónica general y, además, es compresible, aunque no fácil el camino a recorrer para llegar a esta conclusión, a mí me hicieron falta varios años de investigación y realizar muchas entrevistas. En mi opinión, la excepción la constituyen las personas sin miedo, gente con una extraordinaria fortaleza mental capaz de echarse sobre sus espaldas el peso de la historia de sus pueblos. Y es tremendamente injusto que estas personas sobrelleven en solitario estas cargas.

Qué le ha llevado a escribir esta enorme historia de represión al más puro estilo fascista?

Lo que me empujó a realizar la tesis doctoral, causa principal de la investigación de Zufre, es obtener un conocimiento holístico de una parte significativa de la Historia contemporánea del pueblo andaluz a través de sus protagonistas, las anónimas y anónimos que pusieron rostro, voz y cuerpo al progresismo político en el primer tercio del siglo XX.

El conocimiento de estos rostros anónimos, el acceso a sus vidas, es lo que en el fondo definiría la motivación de mis investigaciones. En el caso del proyecto doctoral, el objeto de estudio son las sevillanas y onubenses represaliadas con el objetivo de contextualizar la represión franquista desde un punto de vista crítico con las construcciones de género formuladas sobre las represaliadas.

La mayoría de los supervivientes de esta generación de la Guerra Civil tiene ya 90 años. ¿Qué ocurrirá cuando ya no haya fuentes orales?

A partir de la década de los ochenta, de forma progresiva fuimos perdiendo los relatos directos de las y los supervivientes de una determinada generación, aquella que durante la Guerra Civil se encontraba entre la veintena y la treintena, es decir, las personas que sabían de primera mano, por experiencia personal, lo que había sucedido durante la II República, la Guerra Civil, la dictadura y los primeros años de democracia en sus respectivas localidades.

Los que hoy tienen 90 años eran niños y niñas cuando se produce el golpe de Estado del 36, los cercanos a los 100, eran adolescentes. Esta generación, al margen de ser testigos puntuales de episodios ajenos y/o familiares concretos, los relatos de represión que conocen los conocen de las generaciones anteriores, esto es, de las memorias familiares y colectivas a las que hayan tenido acceso.

Esa generación, al igual que la anterior hiciera, ha transmitido sus memorias a la siguiente generación, de tal manera que son las nietas, nietos, bisnietas y bisnietos de las generaciones supervivientes quienes inician los procesos memorialistas. No solo porque la información fundamental no se ha perdido intergeneracionalmente -más bien se ha conservado como un tesoro-, sino porque su contexto histórico se lo permite.

Por tanto, no hay que tenerle miedo a la desaparición de una generación, ya que la siguiente generación contiene a la anterior y no se olvida de ella. Está claro que si tuviéramos acceso a las primeras generaciones de supervivientes tendríamos algo más que un tesoro incalculable.  No obstante, cabría decir lo mismo sobre la memoria documental de la represión porque tendríamos acceso a un potosí de información de no haber sido objeto de una sistemática destrucción. Y con la significativa diferencia que los documentos no pueden hablarse entre ellos y preservar su legado antes de ser eliminados.

Raquel Almodóvar: "Es una cuestión de Derechos Humanos entregar los restos de los fusilados a sus familias"

Su libro, me ha llamado la atención, usa el término ‘una historia (des)narrada de la Guerra Civil en Zufre’. ¿Un juego de palabras o una intención en toda regla?

Aquí suman varias explicaciones, entre ellas, el compromiso de practicar una Ciencia creativa y comprometida con mi entorno, con mi lugar de arraigo. Es una historia no narrada y, por ello, des-narrada en el sentido de existir entre las distintas narrativas locales, pero sin formar parte de las narrativas históricas hegemónicas, al contrario, formaba parte de las pretendidamente invisibilizadas.

Por tanto, el “(des)” quiere reivindicar la existencia y resistencia de estas memorias a pesar del intento continuado durante ochenta y dos años para hacerlas desaparecer. El libro no es una novela, más bien, una investigación histórico-antropológica en formato divulgación, aunque no sé si habré conseguido el objetivo o se habrá quedado en intento…

Raquel Almodóvar Anaya*

*Doctoranda en Historia Contemporánea por la Universidad de Sevilla, donde es Licenciada y Máster en Antropología Social y Cultural, del que es Premio Extraordinario al mejor expediente 2014-2015. Licenciada en Periodismo en 2008 y en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED en 2014. Desde 2017 imparte clases de Antropología Social como profesora sustituta interina en las universidades de Huelva y Sevilla.