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Antonio Domínguez publica un libro con sus experiencias vitales

Antonio Domínguez publica un libro con sus experiencias vitales

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Antonio Domínguez Domínguez es un cachonero que ha triunfado en la vida pero no se conforma con ello, sino que pretende trasladar a la sociedad sus experiencias y los valores que ha ido aprendiendo. Lo ha hecho a través de un libro titulado ‘Eran otros tiempos’, motivado por su afán de enseñar a la sociedad que el esfuerzo merece la pena. Especialmente dedicado a los jóvenes, Domínguez cree que sus vivencias pueden mostrar que el trabajo es uno de los pilares de la existencia, que puede sustentar un futuro pleno y que enseña, día a día, a convivir con los demás. La obra lleva un subtítulo que acredita cuál es su pensamiento, ya que opina que ‘nunca tiempos pasados fueron mejores’.

Gracias a este libro, que está depositado en la Biblioteca Blas Infante de Galaroza, se pueden conocer hitos importantes en el camino de este empresario, que sustituyó sus estudios por una capacidad de trabajo inasequible al desaliento; cambió su falta de formación académica por la Universidad de la vida, la que más le ha enseñado. Y todo ello, con unos inicios vitales marcados por la dureza y la tragedia.

Los primeros años de Antonio, conocido como ‘El Madrileño’, fueron muy difíciles, marcados por la posguerra civil que tanto daño hizo a generaciones de españoles. La muerte de su padre, Toribio, con 38 años, tras sufrir la cárcel y la persecución, le marcó tanto que desde entonces ha añorado esa figura paterna a la que pedir consejo en los trances de la vida. Su madre, Victoria, se convirtió en su único referente, y la recuerda siempre trabajando para montar su tienda en la calle San Sebastián. Pero la situación se hizo tan insostenible que, con tan sólo 7 años, tuvo que marchar al exilio para buscar un mejor futuro. Lo hizo de la mano de su querida abuela, María Antonia, que había sido madre de leche del capitán Miguel Gómez, también cachonero, que le llevó al pueblo balear de Mercadal.

Su primer exilio duró unos cuatro años, tras los cuales volvió a su pueblo hasta los 15, poco tiempo, pero el suficiente para estrechar sus vínculos con sus hermanos Cirilo y María y para hacerle cachonero para siempre.

Tuvo la fortuna de vivir en el París de 1968, aunque pasó la mayor parte del tiempo trabajando. No dudó ni un segundo en dejar la capital francesa y volverse a Galaroza para quintearse con sus amigos.

A su vuelta a las Baleares, se esforzó en diversos ámbitos laborales, como la albañilería, la hostelería, la carpintería o la electricidad; trabajó como taxista, fundó en 1973 ‘Tonislar’, la primera empresa de toldos de Menorca, y se convirtió en empresario. De tal forma, que extendió sus negocios hacia el sector inmobiliario y hostelero, hasta llegar a poseer un importante capital y ser una de las personas más conocidas y respetadas de Mahón. Siguió la estela de su abuelo Cirilo, que fue concejal socialista en Galaroza durante la II República, y exploró los caminos de la política en diversas etapas. Ha recibido numerosas distinciones, como el Máster de la Popularidad, el trofeo Europa a la calidad, el diploma Olimpia o la distinción Legitimus. Tuvo tiempo hasta de fundar y presidir la Casa de Andalucía en Mahón.

Totalmente autodidacta, su mejor enseñanza ha sido la calle, la convivencia con las personas, de las que aprende continuamente. A pesar de haber sufrido los embates de la enfermedad, su actitud positiva ha logrado vencer episodios de gravedad.

Su fortuna no es sólo monetaria o financiera, sino también personal, y está basada en su familia. Con Cristina, su esposa, han tenido el acierto de aglutinar un grupo cohesionado, formado por seis hijos e hijas, y sus correspondientes parejas y nietos. Todos ellos trabajan en los negocios familiares, incluido su nieto, la tercera generación con el nombre de Antonio Domínguez.

Lleva a Galaroza en su corazón, como demuestra con hechos simbólicos que no pasan desapercibidos. El barco que tiene atracado en el puerto deportivo de Mahón, lleva el nombre de ‘Galaroza’; y también nominó sus empresas con denominaciones tan cachoneras como ‘Ribera del Pino’, ‘La Era Grande’ o ‘Ribera del Múrtiga’.

Viajero empedernido, no puede pasar más de 15 días sin salir de Menorca recorriendo el mundo, aunque siempre vuelve a Galaroza a vivir sus fiestas o a compartir un rato de charla con sus amigos.  

Generoso y filántropo, no le tiene apego a lo material, todo lo contrario, es solidario con causas justas y con los necesitados. En Galaroza ya ha ayudado a diversas iniciativas o personas concretas.

Con este libro, Antonio Domínguez Domínguez ofrece una visión de lo que ha sido su vida a nivel familiar, empresarial y emotiva, para recordar momentos imborrables y para que sirva como apoyo a los jóvenes.