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La persecución religiosa produjo atentados contra el patrimonio cachonero en los años 30

La persecución religiosa produjo atentados contra el patrimonio cachonero en los años 30

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Una de las constantes que marcó la década de los 30 del siglo pasado en toda España fue la persecución religiosa por parte de determinadas instituciones que pretendían la desacralización de la sociedad y la limitación del poder de la Iglesia Católica.  Ello se tradujo en numerosos incidentes y sucesos que también alcanzaron la comarca serrana onubense. En Galaroza, esta situación no provocó ningún daño personal que lamentar, pero sí afectó a las costumbres y al patrimonio religiosos, como demuestran los datos y documentos derivados de la investigación histórica que está llevando a cabo la Asociación Lieva para el Ayuntamiento cachonero con el apoyo de la Junta de Andalucía.

En un principio, las noticias a partir de 1931 no parecen alarmar sobre un exceso de ateísmo o vuelco de la tradición religiosa. Al menos en aquellos primeros años 30, las fiestas en honor a la Virgen del Carmen se celebran con normalidad, como indica ABC en sus ediciones de 30 de julio y de 9 de agosto de 1932. El propio alcalde republicano, Luis Navarro, estaba considerado como un hombre devoto, con una gran relación espiritual con la Virgen del Carmen.

Incluso el periódico ’El Siglo Futuro’ del 17 de julio de 1931, recoge las confirmaciones en Galaroza con descripción del acto al mínimo detalle para demostrar que “la fe seguía arraigada en las almas de los hijos de este pueblo, pese a los riesgos de las inmundas aguas del ateísmo con que se pretendía envenenar sus espíritus”. Ese mismo año, el ABC del 9 de diciembre recoge asimismo actos en honor a la Inmaculada Concepción.

No obstante, es también la prensa (‘El Sol’, ABC y ‘El Heraldo’) la que recoge en sus páginas de junio de 1932 la destrucción de una cruz de tres siglos, el antiguo humilladero medieval que se ubica en el rincón de ‘Las Pizarrillas’. Tras la agresión, más de una treintena de “señoras católicas de Galaroza, con todo respeto, pero también con la máxima energía, y heridas en sus más íntimos y acendrados sentimientos religiosos”, interpondrían una denuncia formal en el Ayuntamiento, “por los hechos vandálicos realizados en la pasada madrugada al derribar la Santa Cruz llamada de las ‘Pizarrillas’”. Este monumento se reconstruyó en 1943.

La obra que cuenta con mayor profusión esta situación es el libro ‘La apostasía de las masas. Persecución religiosa en la provincia de Huelva’, de Juan Ordóñez Márquez, que incluye un capítulo monográfico sobre Galaroza, además de otros datos de interés. Dice el autor que este pueblo “fue objeto de la más enconada hostilidad antirreligiosa, que fue minando la fe de muchos feligreses, ignorantes y mal preparados para resistir la avalancha del laicismo oficial. Mítines, manifestaciones por las calles con sátiras y blasfemias y letreros anónimos en las fachadas honorables”.

En el pleno de 12 de marzo de 1932 se votó contra la celebración de las procesiones de Semana Santa y autorización para el Corpus, aunque según fotografías del archivo de la Asociación Cultural Lieva, este acto sí que se llevó a cabo al menos en 1934.

En 1936 se prohibió el uso de las campanas e incluso el alcalde Francisco Pavón prohibió el 21 de julio de 1936 cualquier acto religioso. La breve regencia de Pavón supuso un endurecimiento de la persecución religiosa en Galaroza, en opinión de autores como Rodolfo Recio, quien indica que uno de los primeros decretos de Pavón fue abolir la enseñanza religiosa de las niñas, clausurando el colegio de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, sustituido por una escuela y maestra laica. Al día siguiente, “se solicita” el “local” de las monjas, para convertirlo en clínica de urgencia.

En las fechas inmediatamente posteriores al inicio de la Guerra Civil, se reprodujeron los atentados contra el patrimonio religioso, teniendo como objetivo los templos católicos del pueblo. El ABC del 21 de marzo de 1936 recoge el incendio de la ermita de Santa Brígida, en la que ardieron dos altares aunque no sus imágenes. Aunque la prensa de la época no lo recoge, también sufrieron daños el retablo de la iglesia de Navahermosa, acto por el que fueron perseguidos posteriormente muchos elementos de izquierda de la población, la ermita del Carmen y, sobre todo, la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción.

La ermita del Carmen fue devastada el día de la festividad de esta talla en Galaroza, esto es el 25 de julio, de 1936.  Los retablos, imágenes y objetos de culto fueron trasladados en camioneta a las afueras de la población e incendiados.  El retablo mayor de esta Iglesia, por ser de mampostería con finísimo dorado y estuco color piedra, fue mutilado y destruido en parte en la misma capilla.

El mismo día tuvo lugar el incendio de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, en la que, además de diversos retablos y numeroso ajuar religioso, fue quemado el retablo mayor, de estilo barroco siglo XVII, tallado en madera de castaño de gran mérito y proporciones.

El retablo mayor que lo sustituyó procede de la iglesia del convento de la Victoria de Estepa, y fue donado por Teresa Vázquez, viuda de Osborne, que cuenta con una calle a su nombre en los alrededores del templo. La obra de adaptación al hueco existente fue obra del carpintero cachonero Rafael Fernández Fernández.

Un día después, el 26 de julio, fue asaltada la iglesia de la aldea de Navahermosa. Según un informe municipal, los sospechosos del delito eran desconocidos, aunque se especificaba que podían ser “varios extremistas de la localidad y forasteros, en su mayoría, a quienes les fue aplicado el Bando de Guerra. Y otros que sufren condena en diversos establecimientos penitenciarios”.

Esta divulgación de datos corresponde al proyecto ‘Rescate de la Memorica cachonera, el rescate del olvido’, impulsado por el Ayuntamiento de Galaroza y apoyado por la Consejería de Presidencia. Para la Asociación Cultural Lieva constituye una de las actuaciones principales de su 20º aniversario, que se desarrollará durante 2019, y para el que cuenta con la colaboración de instituciones como la Fundación Unicaja.

 


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