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“Hay que abrir la tumba de William Martin en La Soledad, pero el Gobierno británico no quiere”

“Hay que abrir la tumba de William Martin en La Soledad, pero el Gobierno británico no quiere”

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Jesús Copeiro* y Enrique Nielsen* han abierto y escudriñado los archivos de las naciones europeas que convirtieron a Huelva en un campo de batalla, de espionaje y contraespionaje, sabotajes y escaramuzas. Una guerra sorda librada en las dos Grandes Guerras mundiales. Y también durante la Guerra Civil española. Dos comunidades, la inglesa y la alemana, que gracias a sus vinculaciones con la minería y el transporte por ferrocarril y por barco se convirtieron en las élites más poderosas de una Huelva que contaba poco más de 40.000 habitantes. Sus libros sobre el Misterio de William Martin (Ed Niebla), Huelva en la I Guerra Mundial y el enigma de Adolf Clauss (Ed Niebla) recrean esta lucha por la inteligencia y la supremacía militar en Europa en una época en la que las tropas nazis de Hitler y las aliadas anglonorteamericanas, entre otras, se disputaban el mundo.  Esta entrevista navega en las memorias, muchas familiares, que convivieron en tiempos de guerra en un escenario inédito: Huelva.

 

Huelva era un extremo del mundo en aquellos años. ¿Por qué tanto interés de las grandes potencias, Inglaterra y Alemania, por controlarla?

Por la minería principalmente, para explotar las minas de pirita y cobre de nuestra provincia. La entrada de capital británico fue dirigida hacia la industria minera extractiva y hacia el sector de los ferrocarriles mineros, manteniendo prácticamente el monopolio y seguido a gran distancia del capital francés. La comunidad británica en la provincia de contaba con un centenar de familias residentes, distribuidas entre la capital y los poblados mineros. Unas sesenta familias pertenecían a la Riotinto Company, otras veinticinco a la Tharsis Company y el resto repartido entre otras minas y actividades independientes como comerciantes, consignatarios, agentes comerciales, etc. El personal extranjero en las minas estaba constituido por técnicos, contables y empleados, no faltando incluso institutrices, médicos, enfermeras y hasta pastores anglicanos.

La colonia inglesa en la capital la formaba una docena de familias pertenecientes bien a empresas mineras y ferroviarias o bien dedicadas a sus propios negocios y comercios. La comunidad inglesa ejercía una notable influencia en la población onubense. Tanto es así que se consideraba de buen tono imitarles en algunas de sus costumbres y tradiciones.

También Huelva fue polo de atracción del capital germano. La comunidad alemana en la capital constituía un importante núcleo de unas doce familias entre hombres de negocios, comerciantes, empleados y técnicos, algunos de los cuales residían en Huelva desde hacía muchísimos años, con hijos nacidos allí. Aunque equilibrada prácticamente en número con la colonia inglesa, estaba sin embargo más arraigada y quizás por ello poseía un círculo de amistades más amplio.

¿Qué papel juega Huelva en las dos Guerras mundiales?

Huelva juega un papel fundamentalmente estratégico en los conflictos mundiales por varios motivos. Su ubicación geográfica, fronteriza con Portugal y cercana al Estrecho de Gibraltar y Norte de África. Y, por otra parte, la actividad del puerto, desde donde salían importantes recursos mineros (pirita y cobre) que representaban una fuente esencial para la industria bélica británica. El cobre se utilizaba para la elaboración de la munición y de la pirita se extraía ácido sulfúrico, ingrediente utilizado para la fabricación de pólvora. España era por aquel entonces el mayor productor de estos minerales gracias a la explotación de las minas onubenses.

Alemanes e ingleses compartían mucho: empresas, acciones, proyectos, inversiones… ¿cómo se vivió en el seno de las grandes familias ese belicismo que se desató entre ambas naciones?

Antes de la guerra ambas comunidades mantenían unas relaciones cordiales, con un trato en ocasiones familiar, propiciado más bien por la existencia de costumbres análogas. Incluso existía una cierta rivalidad en la celebración de tés y meriendas. Los hijos de unos y de otros jugaban juntos o compartían aula en la Escuela Francesa y la esposa de Haselden adquiría leche de las vaquerizas que Clauss poseía en la finca. Pero a raíz del conflicto bélico todos se fueron distanciando, la relación se fue enfriando, hasta que acabó finalmente por romperse. Los hijos de unos y de otros dejaron de jugar sin que supieran porqué. La vaca lechera “murió” y en la calle procuraban evitarse o sencillamente cambiaban de acera. Incluso durante el verano en Punta Umbría, cuando los hijos de los británicos se cruzaban con algún alemán por los estrechos pasillos de tablas que unían el muelle con los bungalows, pensaban quién descendería primero a la arena y cedería el paso al otro. Tras la guerra, las relaciones entre ambas comunidades dejaron de existir, no volvieron a ser restablecidas.

Hay nombres en ambos lados que se significaron por su patriotismo y lealtad a sus países ¿Quiénes fueron?

Tanto británicos como alemanes contaron con la ayuda desinteresada de sus respectivas comunidades asentadas en la ciudad. La guerra no hacía distingos, las colonias de los países beligerantes afincadas en Huelva, campo neutral, proporcionaron a sus respectivos países una rica fuente informativa.

Francis Haselden contaba entre sus colaboradores con Robert Sinclair y Albert Shutte, agentes consignatarios de buques de la Tharsis Company y Riotinto Company, respectivamente, y el primero además procónsul británico en la ciudad, con los que solía reunirse habitualmente.

Por su parte, Adolfo Clauss mantuvo una estrecha y eficaz colaboración con su hermano Luis, que ejercía propiamente de cónsul, y con Bruno Weickert y Bruno Wetzig, miembros de la comunidad alemana, que alojaron en sus casas a jóvenes radiotelegrafistas del ejército alemán, bajo la apariencia de hombres de negocios, comerciantes o profesores de alemán.

Adolfo Clauss y el Abwehr, sin duda una fuente inagotable de información.

El ejército alemán disponía de un órgano de inteligencia propio denominado Abwehr. Estaba dirigido por el almirante Canaris y su sede radicaba en Berlín. El Abwehr era independiente, cuando no rival, del servicio de información y seguridad del partido nazi, con el que siempre mantuvo difíciles y tensas relaciones. Su personal estaba compuesto por oficiales de buena posición social, políticamente conservadores, en su mayor parte antiguos combatientes de la I Guerra Mundial, reclutados cuidadosamente a través de contacto personal y ajenos por completo a la ideología nazi.

Y en Huelva, el Abwehr contó entre sus filas con Adolfo Clauss, hijo del cónsul alemán, nacido en la capital onubense, que había combatido en la I Guerra Mundial y participado en la Guerra Civil española como intérprete y oficial de carros de la Legión Cóndor. Adolfo estuvo a cargo del servicio de espionaje, contraespionaje y sabotaje contra los intereses británicos en el área de Huelva.

Me ha llamado la atención que en el libro únicamente se mencionan las acciones de sabotaje realizadas por los alemanes ¿Acaso los ingleses no realizaron sabotajes? ¿Cuál era la actitud del gobierno español respecto a los ingleses?

Salvo cinco mercantes alemanes que buscaron refugio en la ría onubense al inicio de la guerra y que a los cuatro meses abandonaron el puerto de Huelva para dirigirse a Sevilla y a Cádiz, nunca más llegaron mercantes alemanes a Huelva durante la guerra. De forma que los británicos no podían atentar o sabotear objetivos alemanes, no los había. En Huelva, los únicos que podían actuar eran los alemanes y lo hacían contra los buques británicos que salían cargados con mineral. La única opción que tenían los británicos era protegerse de los intentos alemanes de sabotaje. Es decir, existía el contraespionaje británico y lo lideraba Francis Haselden, el vicecónsul inglés, colaborando estrechamente con el MI 6 de Gibraltar. Submarinistas ingleses, expertos en desactivar bombas, se desplazaban a Huelva para examinar el casco de los buques antes de que estos zarparan, evitando así que los barcos fueran saboteados.

Las autoridades españolas mantuvieron durante la guerra una conducta hostil hacia los ciudadanos británicos, en un intento de expulsar del territorio nacional al mayor número posible de residentes ingleses en España. Esto fue especialmente duro en el bienio 1940-1941, con el falangista Ramón Serrano Suñer al frente del Ministerio de la Gobernación primero y luego en el de Asuntos Exteriores. En Huelva hubo también expulsiones de súbditos británicos, de ellas, la más sonada fue la de Montagu Brown, director de la Compañía del Ferrocarril de Zafra a Huelva”, al ser acusado de espía, siendo llevado a Gibraltar.

Se ha escrito mucho sobre el gran montaje, el ardid de William Martin, El hombre que nunca existió. ¿Si se abre la tumba en el cementerio de La Soledad qué encontramos allí. Está vacía?

Es posible, pero es difícil saberlo. Pero ese sería el siguiente paso a dar, abrir la tumba y saber lo que contiene. Pero la tumba es propiedad del Gobierno británico, fue comprada por el consulado británico por 700 pesetas, en 1943, cuando sucede todo y actualmente es una tumba de guerra, pertenece al War Grave Comission. Y no creo que el gobierno británico tenga interés alguno en abrirla ¿Por qué digo esto? Porque la voluntad de ocultamiento existe. Cuando en el año 1993, en Londres, pedí consultar uno de los documentos recién desclasificados de la Operación Carne Picada, el CAB 93/7, me dijeron que no me lo podían servir, que no me lo podían llevar a la mesa de investigadores. ¿Por qué, pregunté? Porque está retenido en “préstamo permanente”. Al preguntar por el destino del préstamo me quedé estupefacto, helado. Me dijeron que el documento estaba en el 10 de Downing Street, la residencia del Primer ministro británico. Qué contendrá el susodicho documento para que los primeros ministros se lo vayan pasando unos a otros sin poder ser consultado.

¿Recibió el pescador que encontró el cadáver y lo rescató del mar, José Antonio Rey María, alguna recompensa?

Se ha dicho que hubo una recompensa de un millón de pesetas para quien encontrara el cadáver. Pero no fue así. En los archivos británicos encontramos un telegrama que el comandante Montagu dirige a la embajada británica en Madrid, el 23 de mayo de 1943, en el que ofrece una recompensa de 25 libras a la persona que hubiera encontrado los papeles de William Martin. Veinticinco libras era una pequeña fortuna en aquella época, pero no fue a manos del pescador que halló el cadáver, sino a manos de su patrón, el dueño de la patera que usaba, un lepero al que llamaban Pepe “el Paleta”. Su verdadero nombre era José Buceta Flores, cuya vida naturalmente cambió a mejor.

¿Cuál es la principal aportación de vuestra investigación sobre la Operación Mincemeat?

En general, nuestra investigación desvela un gran número de incongruencias respecto a la versión oficial británica. El puzzle no encaja de ninguna manera. Pero si hubiera que resaltar algo, quizás sean dos las cuestiones más relevantes. La primera hace referencia a los datos que avalan la tesis de que el cuerpo utilizado en la operación fuera el de un marinero del portaviones Dasher, hundido el 27 de marzo de 1943 en aguas de Escocia. Y la segunda, al más que probable secuestro del cadáver de William Martin y su posterior traslado en un submarino, para repetir la autopsia con médicos propios.

¿El testimonio de Federico Clauss es verosímil?

Federico nos relató que su padre le había confesado que los alemanes se llevaron el cuerpo de William Martin en un submarino a Alemania, para repetir la autopsia con médicos propios. En determinados círculos, una operación de esta magnitud se ha catalogado como imposible y descabellada. Pero a día de hoy, ha quedado demostrado que esta operación de secuestro y posterior traslado del cadáver fue del todo posible, ya que un submarino alemán, el U-616, se encontraba cerca de Huelva en los primeros días del mes de mayo de 1943. Submarino que atravesaría luego el Estrecho de Gibraltar para encontrarse, cerca del golfo de Almería, con el U-565, que sería quien finalmente llegara con el cadáver a la base de submarinos alemana en La Spezia (Italia, cerca de Génova), el 12 de mayo de 1943. Ese mismo día fue cuando los médicos alemanes practicaron una nueva autopsia a William Martin y certificaron que el cadáver pertenecía a un auténtico ahogado. Hitler ya no albergaba duda alguna y ordenó el movimiento de tropas hacia Grecia y Cerdeña para reforzar aquellas posiciones. Por otra parte, todo indica que la operación de secuestro y posterior traslado del cadáver formaba parte también del plan de la Inteligencia Británica. Esa sería la razón por la cual se hizo pasar como católico a William Martin, para que fuera más fácil sacarlo del camposanto onubense.

¿Por qué se hizo pasar como católico a William Martin?

El hecho de que Adolf Hitler diera por buenos los documentos de William Martin puede ser debido a que comprobara que el cadáver correspondía al de un auténtico ahogado, por lo que no es de extrañar que los alemanes se hicieran con el cuerpo de William Martin para repetir la autopsia con médicos propios. Esa puede ser la razón por la cual Montagu hizo pasar como católico a William Martin ¿Para qué? Pues para que fuera enterrado en el cementerio de La Soledad, un cementerio municipal, un cementerio abierto a la población y de fácil acceso, de fácil acceso también para los alemanes, que podrían así actuar a su antojo. La autopsia al cadáver de William Martin se realizó en la mañana del sábado 1 de mayo de 1943. Toda esa noche el cadáver permaneció sin vigilancia alguna en la casilla donde se practicó la autopsia. Hubiera sido muy fácil para el agente alemán acceder a dicha casilla y llevarse el cuerpo. En esa época de hambre y de miseria de 1943, el soborno podía haber sido utilizado.

¿Cuál fue la trascendencia de la Operación Mincemeat en el desarrollo de la II Guerra Mundial, realmente fue tan decisiva? ¿Quién ganó aquel pulso, la Alemania nazi o la Inglaterra aliada?

Creo que se ha magnificado el éxito de la operación. Hitler envió una división Panzer, desde Bretaña a Grecia y una flotilla de dragaminas desde Sicilia al mar Egeo. El engaño sirvió fundamen­talmente para evitar que Sicilia se fortificase aún más de lo que estaba. No es que se sacaran tropas de Sicilia y ésta quedara indefensa. No, eso no sucedió. Pero sí es verdad que en uno de los documentos alemanes capturados por los británicos al final de la guerra, se decía que el envío de los dragaminas a Grecia había abierto una brecha fatal en las defensas del sur de Sicilia. Por ahí se podrían haber colado las tropas aliadas de Patton y Montgomery. Sicilia estaba muy bien defendida, había dos divisiones Panzer (unos 40.000 hombres). La lucha fue encarnizada, de los 160.000 soldados aliados que desembar­caron en Sicilia, murieron cerca de 5.000 y llevó treinta y cinco días, más de un mes, en conquistarla. No fue ningún paseo militar. Al­gunos miembros de la colonia alemana en Huelva piensan que los aliados hicieron de este asunto una cosa muy abultada y que en realidad sólo fue una simple anécdota de guerra.

¿Por qué pensáis que el gobierno británico sigue escondiendo la verdad?

El gobierno británico ha mentido en muchos aspectos de la operación, quizás para ocultar aquellas actuaciones que no casan demasiado con la honorabilidad e imagen debidas. En una guerra todas las partes cometen actos poco loables, siendo los vencedores quienes escriben la Historia como mejor les parece. Es posible que no sea conveniente admitir que se utilizó el cuerpo de un marinero británico sin el consentimiento de sus familiares o que el cuerpo no se sepa dónde acabó o que la operación fuera todo un éxito por recibir la ayuda de otros agentes enemigos. Quién sabe si algún día se sabrá la verdad.

Sus libros son un reflejo de una época muy incómoda para Europa. Había un punto de unión donde se concentró públicamente este belicismo, un Ricks (círculo recreativo) para entendernos.

La Cervecería Viena, situada en la calle Joaquín Costa nº 16 (hoy calle Palacio) de Serafín López Díaz, uno de los bares de moda, disponía de billares y se podían degustar exquisitos helados. En Huelva, durante la I Guerra Mundial, había grupos de alemanes e ingleses que tenían su tertulia en el Bar Gambrinus, pero a la hora del cierre se mudaban a la Cervecería Viena. La marcha de la guerra dividía a la opinión pública, se tomaba partido y se hacía gala de simpatía por uno u otro bando, lo que motivaba escenas curiosas. Una de ellas tuvo lugar en la Cervecería Viena. Se sentaban en mesas distintas un grupo de alemanes y otro de ingleses. Aquellos, más traviesos, con papeles de fumar hacían algo recortado que querían parecer aviones; y soplando los “artefactos” los impulsaban hacia las mesas “adversarias”, donde no encontraban respuesta. Si acaso, alguna frase irónica. Pero nada más: era un juego inocente… el de verdad se sostenía en los campos de batalla. La tertulia alemana estaba constituida por el austríaco Ernest Riehl, el alemán Guillermo Ramke y algún otro.

Durante la II Guerra Mundial, Adolfo Clauss era el responsable del Abwehr en Huelva. A poco más de un centenar de metros de las oficinas del puerto se hallaba el kiosco Las Palmeras, en los jardines del muelle. Allí se reunía con Miguel Garzón, telefonista del puerto, su enlace y hombre de confianza. Ambos se veían diaria y puntualmente a las nueve de la mañana para tomar café e intercambiar información detallada sobre el movimiento de buques en el puerto, con especial referencia a su nacionalidad, cargo y destino. Adolfo mantenía además otro lugar de contacto con sus colaboradores: el bar La Palma, en la avenida de Italia esquina con la calle Miguel Redondo, frente a la estación del ferrocarril. Allí, en un reservado del local, se reunía muy temprano, a las seis de la mañana, con un grupo de estibadores y marineros del puerto que trabajaban en la carga y descarga de los buques, para darles instrucciones o pagar sus servicios.

Volvamos al título de otro de sus libros. En concreto al último publicado por Editorial Niebla: Clauss. Han repasado sus cartas, sus memorias, gran parte de su educación y sus pasos vitales, desde su nacimiento hasta su muerte. ¿Fue Clauss un nazi convencido, un falangista, un auxilio para conectar la Alemania de Hitler con la España de Franco?

Adolfo fue un onubense que vivió en primera persona nada más y nada menos que tres de los más importantes conflictos históricos del pasado siglo XX: la I Guerra Mundial, la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. Con tan sólo 21 años participó en su primera misión con el servicio secreto alemán. Embarcó a finales de marzo de 1918 en un submarino alemán para ser desembarcado en la costa alicantina. Miembro convencido de Falange, fue capitán de la Legión Cóndor alemana durante la Guerra Civil española. Y a continuación, durante la II Guerra Mundial, uno de los agentes del Abwehr más importantes del sur de Europa. Después de este último conflicto mundial llegó a trabajar en la construcción de la Base americana de Morón. Sus familiares más cercanos destacan una reflexión que llegó a expresar después de haber sobrevivido a los tres conflictos: Yo he estado en tres guerras y procuraré por todos los medios que mis hijos no vayan a ninguna.

Qué les ha motivado a indagar en este pasado tan reciente con tanto ahínco y dedicación.

Son periodos de la historia de la humanidad de sustancial importancia, en los que a priori Huelva no tuvo nada que ver. Pero que a poco que profundicemos descubrimos una realidad muy diferente. También es un periodo rodeado de mitos, leyendas y misterios. Y a nosotros nos gusta poner blanco sobre negro, poner cada cosa en su sitio, siempre en base a las fuentes, y en la medida de lo posible utilizar el método científico, para exponer lo que realmente sucedió. En mi caso particular (Enrique Nielsen) como hijo de un miembro de aquella colonia alemana, ha sido mi padre el motivo para investigar todos estos sucesos.

De los autores:

*Jesús Ramírez Copeiro del Villar (Madrid 1944). Doctor ingeniero de Minas. Reside en Valverde del Camino desde 1973. Ha publicado 30 trabajos científicos. Autor de los libros Ingleses en Valverde, Valverde a través de la fotografía, Huelva en la II Guerra Mundial, Objetivo África, Trenes perdidos en África, En tierra extraña: El exilio republicano onubense y es coautor de El misterio de William Martin, Crónica de la Operación carne picada.

*Enrique C. Nielsen-Hidalgo Vigo (Huelva 1970). Diplomado en Magisterio en las especialidades de Ciencias y Educación Física por la Universidad de Sevilla. Técnico municipal en deportes en el Ayuntamiento de Huelva y entrenador en el Club Onubense de Atletismo. Es coautor del libro El misterio de William Martin (2014), Huelva en la I Guerra Mundial (Ed Niebla, 2017) y William Martin, Crónica de la Operación carne picada (2017) y Clauss Ed Niebla 2018).

De las fotos por orden de colocación en la entrevista.

Foto 1: Enrique Nielsen y Jesús Copeiro.

Foto 2: Portada del libro. Consulado alemán en la Avenida de Italia, Huelva años 30.

Foto 3: Portada del libro Huelva en la I Guerra Mundial.

Foto 4: Francis Haselden. Foto Báez. Huelva, hacia 1945 (Col. Elizabeth Haselden).

Foto 5: Tumba de William Martin en el cementerio de La Soledad.

Foto 6: José Antonio Rey María, en Punta Umbría, 1989. (Col. Rafael Moreno)

Foto 7. Mapa Invasión de Sicilia (Elaborado por Enrique Nielsen)

Foto 8: Cervecería Viena (Huelva, 1940).

Foto 9: Adolfo Clauss. Huelva, 19-4-1941 (Col. Federico Clauss)

Foto 10: Jesús Copeiro y Enrique Nielsen, con el libro de William Martin.

 


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