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El incendio de Doñana, un año después
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El incendio de Doñana, un año después

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Texto y fotos: Vicente Jurado Doña

El pasado 13 de julio en la reunión del Consejo de Participación del Espacio Natural de Doñana se dió a conocer el Informe sobre la restauración forestal de la zona afectada por el incendio de Doñana que calcinó 9.856 ha de varios términos municipales onubenses. Si bien no hubo víctimas mortales durante la rápida propagación del mismo, dadas las altas temperaturas y la elevada sequedad de aquellos días finales de junio de 2017, se vivieron momentos muy angustiosos tanto en Mazagón como en el Parador Nacional, así como en el Camping Doñana y en las propias cercanías de Matalascañas, un gran complejo urbanístico donde quedaron recluidas más de 50.000 personas durante largas horas.

La mayoría de la vegetación calcinada fueron pinos y eucaliptos repoblados durante las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, tras la finalización de la guerra civil (1936-39). Comenzó entonces una intensa fiebre repobladora de especies invasoras y alóctonas como el eucalipto (Eucaliptus globulus principalmente, procedente de Australia) para abastecer de materia prima a la proyectada fábrica de Celulosas en San Juan del Puerto (Huelva), dentro del período autárquico del gobierno golpista del general Franco.

En realidad, el proceso de repoblación forestal ya había comenzado en 1941 por la Brigada de Huelva-Sevilla, dirigida por el ingeniero Gaspar de la Lama, caracterizado por su falangismo militante y su fundamentalismo religioso. Fueron unas décadas muy duras tanto para la población rural encargada de llevar adelante las repoblaciones (procedente de varias provincias andaluzas y extremeñas) como para varios Ayuntamientos de la provincia de Huelva, que vieron como se les usurpaba (vía Consorcio) por el Patrimonio Forestal del Estado, gran parte de sus territorios municipales gestionados desde cientos de años atrás para uso agrícola y ganadero.

Volviendo al presente, el grueso de los trabajos de reforestación de la superficie afectada (más de 6.100 ha en Moguer, 3.100 en Almonte y unas 1.000 en Lucena del Puerto) se iniciará en el próximo otoño, aunque ya se han ejecutado diversos trabajos de urgencia financiados por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, para controlar los procesos erosivos y favorecer la regeneración natural en el frente de dunas y arroyos atlánticos, de las zonas más sensibles afectadas por el incendio: Médano del Asperillo y Arroyo del Loro.

También se han tratado lagunas temporales y madrigueras de conejo en áreas ocupadas por el lince ibérico, que ha visto afectada algunas de sus áreas de campeo. La inversión comprometida para los próximos tres años alcanza los 4,7 millones de euros, de los que 3 millones corresponden a proyectos de la Junta de Andalucía.

El modelo forestal implantado desde entonces en esa  zona de la provincia de Huelva, monocultivo de pinos y eucaliptos, con el arranque previo del matorral existente, ha sido puesto en cuestión a lo largo de décadas por asociaciones ecologistas y por diferentes informes técnicos y tesis doctorales sobre la ecología del espacio forestal de Doñana. Hoy deberíamos aprovechar la catástrofe para repensar el modelo y avanzar hacia uno de  mayor diversidad de especies arbóreas y arbustivas, más resilientes, limitando (¿suprimiendo?) además los cultivos de fresas y arándanos de la zona que rodea el espacio y sellando las extracciones ilegales de agua del acuífero, verdadera alma de este espacio singular. El nuevo Ministerio de Medio Ambiente (Transición ecológica) tiene un importante papel que jugar, si queremos que Doñana siga viva. La visita de un grupo de eurodiputados en septiembre supondrá seguramente un toque de atención internacional.

Además es muy importante que el Proyecto de Restauración forestal respete la capacidad de rebrote de los árboles y arbustos mediterráneos (atención a los enebros y sabinas de esa parte del litoral) y que la retirada de los pies quemados se haga con el mayor cuidado posible, para evitar daños a las primeras capas del suelo y a la fauna asociada, incluidos hongos y bacterias. Y desde luego, echamos de menos una mayor implicación y transparencia de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio que no ha convocado aún a las entidades y asociaciones andaluzas en el año trasncurrido. Se echa de menos unas Jornadas en Huelva donde podamos opinar todas las partes, asociaciones ecologistas, partidos políticos y otras entidades ciudadanas. Nada que ver con lo que ocurrió con la catástrofe del vertido de Aznalcóllar (Sevilla), de la mina Boliden, donde al menos hubo mucho más intercambio de información y mejor disposición hacia la ciudadanía andaluza. Otros tiempos.

¡Cuéntanos!