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14 universitarias mueren en accidente: la labor de los psicólogos de catástrofes y emergencias
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14 universitarias mueren en accidente: la labor de los psicólogos de catástrofes y emergencias

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Afortunadamente cada vez se da mayor trascendencia a la importantísima labor de gipces o grupos de intervención psicológica en catástrofes y emergencias en unos momentos en que la mente humana no reacciona, no asimila el horror impredecible que no se espera. Y aquí está el psicólogo para apoyar, tranquilizar, hacer comprensible lo incomprensible y empatizar con el sufrimiento y quien lo sufre. Catorce universitarias muertas, ocho italianas, dos alemanas, una rumana, una francesa, todas ellas del proyecto universitario Erasmus y que en vez de vida y futuro les cercó la muerte y destrozó sus ilusiones y las de sus familias que no entendían un fallo humano que podía haberse evitado no viajando a las 4 mañana y con un conductor cansado. Valentina, Francesca, Serena. Se dan tres fases fundamentales en toda tragedia. La primera, la más angustiante y esperanzadora a la vez es ubicar a la persona en el lugar del accidente y que si se alarga demasiado crea estados de ansiedad importantes. La segunda es la aceptación de la muerte. La tercera y más preocupante, y por eso se recomienda asista el miembro más fuerte emocionalmente de la familia, es el reconocimiento cadáver con el impacto brutal y shock que representa. Si sumamos a veces el cuerpo está calcinado o en partes o de difícil identificación por la mínima cantidad de restos, entenderemos perfectamente la magnitud de una situación de dolor tan lacerante y difícil de asimilar y comprender. Se trata de alguien como parte nuestra, de nuestra familia real o emocional y aquí entra la función especialísima del psicólogo aunque ya iniciada desde el momento cero al lado del autobús siniestrado, de las fuerzas seguridad, de los servicios médicos que en casos particulares deben aplicar sedación, recuperar de desmayos. Ante una brutal percepción de una realidad se produce una negación como sistema de defensa Recuerdo en el accidente ferroviario de Santiago de Compostela del tren Alvia, una madre cuya hija estaba en el vagón calcinado se abrazó a mí diciendo: “NO ES MI HIJA, ES LA HIJA DE UN AMIGO”. En un estado de shock uno está adormilado, anestesiado, en medio de más gente con una desesperación común pero al pasar los días se despierta de ese aletargamiento y nace un síndrome post traumático que aproximadamente tendrá más virulencia durante un año. Aquí nuevamente el psicólogo eliminando y atenuando comportamientos patológicos pero normales en ciertas circunstancias. Siendo creyente o no es muy importante la fe como terapia y alivio igual que el abrazo de un amigo o de desconocidos que en un instante se hacen conocidos pero no en virtud de una celebración sino de algo trágico. El dolor les une. También el respeto a quien quiera soledad, con sus pensamientos en libertad. Siempre hay tiempo para una mano amiga, para la ayuda psicológica. Mientras reforzar posibles medidas de seguridad que protejan un valor tan preciado como es la VIDA.

Pilar Enjamio. Psicólogo

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