viernes. 30.09.2022
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Opinión

El compromiso insultante de Gallardón

El compromiso insultante de Gallardón

Llevo unas semanas cavilando sobre estas líneas que ahora me aventuro a escribir porque ya no me lo permiten más mis vísceras. En pleno auge de neologismos para llamar a las cosas de otra forma que parezcan menos importantes, el Gobierno de este país desenfunda su peculiar armamento lingüístico, para no sólo amedrentar a las personas que deciden gritar sus derechos en las calles, sino también para seducir a su “mayoría silenciosa” con la técnica del desacierto lingüístico intencionado, que tanto morbo parece provocar en la prensa diaria.

Como ya saben, el pasado fin de semana, nos subían la luz de manera clandestina, convirtiendo así el BOE en una trinchera de actuaciones políticas sin consenso. Mientras tanto, un tren conducido por la lucha por la libertad llegaba a Madrid. Decenas de miles de personas se manifestaban por el derecho a decidir, por la libertad. En cada parada que el tren iba haciendo se incorporaban ilusiones, lucha, valentía, gritos, esperanzas, sonrisas, rabia, manos unidas, pancartas de indignación, madres, no madres, inconformismo...

Los últimos acontecimientos siguen demostrando que la lucha social es nuestra arma. El “sí se puede” ya no es un eslogan sino un credo. La soberbia conservadora ha hecho que las mujeres digamos ¡basta ya! Hemos aguantado que nos digan públicamente que “las mujeres, al igual que las leyes están para violarlas”. Hemos soportado comparaciones como que “el aborto es como el genocidio nazi”. Hemos explotado. Y por eso gritábamos el pasado domingo ante el Congreso aquello de “nosotras parimos, nosotras decidimos”.

Un gobierno que ataca a las mujeres es un gobierno que no valora la sociedad al completo. Porque este gobierno no gobierna, manda.

Pero además este fin de semana el Partido Popular se citaba en Valladolid para reforzar sus lazos internos e intentar poner solución a los conflictos “aznarianos”. En dicha convención, la lideresa del diferido o simulado, Cospedal, enfatizaba el amor que este gobierno le tiene a España porque “el PP somos todos”. Sólo que algunos millones tenemos la fea costumbre de amar también a nuestro país reivindicando nuestros derechos y luchando por ellos en las calles.

De esa convención salió un compromiso insultante. Al tiempo que Atocha y las calles de Madrid se teñían de una marea malva compuesta de hombres, mujeres, jóvenes y familias que gritaban “Gallardón dimisión”. El ministro “progre”, que casaba a homosexuales cuando era alcalde de la capital de este país, retaba a los suyos: “tenéis mi compromiso de que ni un grito me hará abdicar”. No tuvo siquiera el valor de pronunciar la palabra aborto. Al igual que suele hacer el Presidente del Gobierno con palabras como: Bárcenas, rescate, sobres, cuentas en B, etc. El ministro de la “privatización de nuestros ovarios” utilizó la estrategia del mensaje maquillado de gallardía.

Fue sin duda un compromiso insultante, que quizás más pronto que tarde caiga derrotado en la confrontación entre creencias ultra conservadoras y el derecho a decidir.

La revolución será feminista... y tanto que lo será.

 

El compromiso insultante de Gallardón
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