lunes. 28.11.2022
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Opinión

La insolencia del olvido

La insolencia del olvido

Habíamos olvidado las formas de escribir y los acentos; los números primos y la costumbre de lavarnos las manos antes de comer se olvidaron al poco de aprenderlos; la melancolía de una tarde de lluvia ha dejado de tener vigencia en la memoria. Recordemos, sí, los nombres de los miserables que insertan discordia en la mediación de vivir o recordemos el pacto de agresión de quienes les sacan partido al odio o recordemos que la muerte en África es una lotería; recordemos todo eso, que es ignominia y fracaso, que no duele ni enriquece.
En el tránsito no estaba prevista la amalgama de tonos oscuros del amanecer, la noche antes se había pintado para forjas de claridades y sucumbieron los sueños de quienes querían saltar vallas de esperanza y fueron agua de olvido. Se ahogó la vida, con ella el respeto, con ellos la vergüenza. Y es proceder en una iglesia oficial, de la religión que defiende la existencia, hablar de dios como redentor de males y salvador de causas perdidas y comulgar con la fe y marcharse en paz a los rediles. No dolió la muerte, ya era olvido, insolente olvido incapaz de formar filas de rebeldes para salvar algo, acaso una respiración.
Por qué se entristece este tiempo de ventanas cerradas y ni una luz se cuela por la rendija del proyecto; por qué las rosas ni son rosas ni huelen a dos días después, por qué el adiós a las memorias para bien de los olvidos. Y la injusticia, por qué; y los abusos, por qué; y esta constante dolencia de tripas de tanto desencanto, por qué. Maldito olvido que nos enfila a oscuras conciencias y laxa verdad. Todo esto no era preciso para vivir.

La insolencia del olvido
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