La UME lleva esperanza tras el terremoto de Venezuela

Hoy nuestro corazón y nuestras plegarias están con este pueblo, porque creemos en los milagros, y la UME es uno de ellos

Dos terremotos han provocado una tragedia humana en Venezuela, un país ya castigado por la miseria, la escasez de recursos y el atropello a los derechos humanos bajo la dictadura de Maduro. España ha mostrado su solidaridad de inmediato. Nada mejor que la UME (Unidad Militar de Emergencias) y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para llevar un soplo de vida y esperanza en medio del caos. 

Estar atrapado entre los escombros genera una angustia asfixiante, sumada a la incertidumbre de no saber si llegarán los rescates. La UME obra el milagro con una empatía incuestionable. En su labor diaria se refleja el auténtico rostro de Dios, haciendo posible lo imposible. Sus miembros renuncian a su bienestar y a sus familias para convertirse en el hogar del desconocido que sufre, atrapado en una lucha por salir de los edificios destruidos que lo sepultan. Son la mano de Dios y magia pura, además de una terapia efectiva.

Sin embargo, en las catástrofes y emergencias la ayuda es integral. Los psicólogos especializados recuerdan que su apoyo a las familias de las víctimas comienza desde el primer minuto, aunque el grueso de su trabajo sea posterior. A ellos se unen los bomberos, los voluntarios de la solidaridad internacional y los perros adiestrados de los cuerpos policiales, esenciales en un tiempo que apremia para cambiar muerte por vida. También se movilizan medicinas, alimentos y el apoyo de países como Estados Unidos, que colaborará con aviones de búsqueda.

La tragedia ya se cobra muchas víctimas, entre ellas dos españoles. Generar esperanza es difícil, pero posible, y la UME lo demuestra con creces. Ojalá los políticos y algunos católicos de ritos —y no de caridad— se miraran en su espejo. Estos profesionales exponen su vida y se meten en el fango por el bienestar de los demás, sin importarles el color ni la nacionalidad. No esperan premios; cada vida que renace es su mayor reconocimiento. Modelan la esperanza como el alfarero moldea una vasija con sus propias manos.

Con la solidaridad internacional y el trabajo de sanitarios con una ética imprescindible para pasar de la oscuridad a la luz, una brisa de fe hará renacer a Venezuela.