jueves. 06.10.2022
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Opinión

Malas conciencias

El fútbol español ha perdido a uno de sus grandes: Luis Aragonés. Un profesional que a lo largo de sus cincuenta años de ejercicio impartió innumerables clases de fútbol. Una persona querida y admirada, aunque en ocasiones poco respetada. Ahora, en el momento de las alabanzas, da mucha pena escuchar a los periodistas que en su día le ponían la zancadilla y que no perdonaban que les descubriera lo poco que conocían de este deporte. Luis no se callaba una, y eso repercutía en el ego de esos señores que colaboraron para que una vez ganada la Eurocopa de 2008 no se le ocurriera a la Federación Española echarse atrás en la intención de su relevo. Fue el propio Luis el que adelantó que no seguiría, pero nadie intentó que cambiara de opinión.

Ahora recuerdan que fue el que se ‘inventó’ este equipo nacional, cuando nadie daba un duro por un grupo de jugadores que no pasaban de cuartos, sin reconocer (¡cuánto les cuesta!) que el auténtico tiki-taka fue el de ese campeonato, poniendo en práctica el ‘jogo bonito’ brasileiro.
Un sabio este de Hortaleza que descubriría que si no eras simpático y no caías bien, algunos periodistas te la iban a tener jurada. Pero él, curado de espanto, seguía su camino y procuraba hacer felices a los que de verdad le pagaban, que no eran otros que los aficionados.
Mucha mala conciencia en esos tuercebotas que se vanagloriaban que no le soportaban, pero que nunca se atrevieron a decírselo a la cara. Ahora ya no está entre nosotros y es muy fácil echar mano de las alabanzas para quedar bien. Será por unos días, ante el abrumador reconocimiento del auténtico mundo del fútbol, del que estos aprovechados no forman, ni han formado parte nunca. Un Luis que los tenía calados y a los que nunca compró ese reloj de madera que tanto presumían que funcionaba. Ahora, con ellos lejos, sí que de verdad descansa en paz.

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