sábado. 13.08.2022
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Opinión

El Chikilicuatre de la política

El Chikilicuatre de la política

El fenómeno de Podemos parece calcado del que se produjo en este país hace seis años con la irrupción de Chikilicuatre en señal de protesta (más bien de mofa) ante los reiterados resultados negativos de la representación de España en el Concurso de Eurovisión, concurso musical del que nuestro país fue uno de los fundadores. Entonces, la ocurrencia de un presentador de un programa nocturno de entretenimiento dio paso a que los ciudadanos que quisieran podrían votarle a través de Internet. La propuesta/mofa/protesta dio como resultado que el intérprete del ‘chiqui-chiqui’, así se llamaba la canción, consiguiera la nominación por mayoría aplastante, consiguiendo más de cien mil votos. Al final no quedó más remedio y Chikilicuatre representó a España en el Festival de Eurovisión ante el sonrojo de la mayor parte de los ciudadanos de este país y del resto de los de Europa. El resultado fue un desastre, como no podía ser de otra manera, con un personaje en el escenario que como instrumento musical portaba una guitarra de juguete y unas gogós que se tropezaban e incluso una de ellas daba con sus huesos en el escenario. Una vergüenza nacional que hizo que se cambiaran las normas de participación para que no pudiera producirse otro Chikilicuatre, personaje de humor que unos meses más tarde desapareció como cantante.

 

La protesta en caliente tiene estas consecuencias, sin tener en cuenta los resultados finales. Lo de Eurovisión no deja de ser una anécdota en la que tan sólo te juegas ganar un concurso, aunque hagas el ridículo, pero trasladar esta protesta a la política corre el riesgo de que una vez dado tu voto te acabes dando cuenta de que lo que te han vendido no es más que humo y entonces no tendrás la oportunidad de rectificar en un año, sino esperar a que acabe en cuatro años la legislatura. Lo de un ciudadano un voto no es ninguna broma, es democracia pura, pero hay que ser consecuente con lo que vas a hacer al darle a alguien tu confianza. Y eso sólo se puede conseguir si sabemos qué es lo que quieren de nosotros unos y otros, no vale con buenas intenciones. El problema no está en pretender lo irrealizable sino en querer llevar a cabo algo que sabes a ciencia cierta que puede llevar al país, y a los ciudadanos, a la ruina. Y ya tenemos a varios salvapatrias en la memoria que no consiguieron engañar a nadie, caso de la ‘operación Roca’ o el más reciente de Mario Conde, éste último muy dado a darnos lecciones. ¿Les recuerda a alguien?

El Chikilicuatre de la política
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