domingo. 14.08.2022
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Opinión

Araceli

Hace unos días asistía a un acto organizado por la Cadena Ser que llevaba por título "Con voz de Mujer". En él tuve la inmensa suerte de escuchar a la escritora y premio Planeta,  Espido Freire. Conocía a la escritora a través de una de sus obras, Melocotones Helados, pero cuando la escuché recibí una 'clase magistral' sobre el papel de la mujer a  lo largo de nuestra Historia.

Hace unos días asistía a un acto organizado por la Cadena Ser que llevaba por título "Con voz de Mujer". En él tuve la inmensa suerte de escuchar a la escritora y premio Planeta,  Espido Freire. Conocía a la escritora a través de una de sus obras, Melocotones Helados, pero cuando la escuché recibí una 'clase magistral' sobre el papel de la mujer a  lo largo de nuestra Historia.

No solo hizo mención de las más conocidas e ilustres sino también de aquellas mujeres anónimas que contaban sus vivencias a través de escritos en cuartillas de papel o simplemente en voz alta delante de sus amigos o familiares.

Durante su exposición que repito me pareció magistral, nos animaba a todas a contar esas historias, a no silenciar esas vidas, nos animaba a convertirnos en altavoces para que los demás puedan conocer las memorias de todas esas mujeres que tanto tienen que decir de otras épocas, de otros tiempos.

Mientras escuchaba a la escritora, no pude evitar enlazar sus palabras con mi nuevo artículo. Parecía que me estaba leyendo el pensamiento y cada vez me motivaba más a plasmar una 'historia de mujer'.

Cuántos nombres se me vienen a la mente. Mujeres que por ser anónimas no merecen caer en el olvido y que con mis humildes palabras pretendo rendirles ese homenaje que les debe la vida.

Todas con vivencias que contar, en muchos casos llenas de alegrías, esfuerzo, penurias, frío, sumisión, miedo. Sin duda todas podrían ser protagonistas de una película de cintas kilométricas que podríamos titular 'El Tiempo de Ellas".

Quiero contar la vida de una abuela y con ella hacer ese humilde pero merecido homenaje a todas esas mujeres que no serán nunca olvidadas si contamos su historia. Lo que no se cuenta se quedará sin conocer.

Esta es la historia de Araceli. Una mujer que nació en un pueblo de Extremadura, Almendralejo, en el año 1907. Mujer inteligente, con una fuerza interior y una personalidad arrolladora.

Nuestra protagonista supo sacar adelante, junto a su esposo Elías, a su familia en tiempos de guerra y posguerra donde las dificultades y el hambre acechaban en cada rincón de las casas.

Araceli fue madre de 8 hijos, Juana, José, Petra, Pedro, María Josefa, Elías, María y Francisca que murió al poco de nacer. Niños y niñas que inundaban su humilde casa de risas y alegrías.

Tuvo que vivir tiempos de represión, de dificultades, de duro trabajo, tiempos donde la mujer era tutelada para todo por los hombres aunque en realidad eran ellas las piezas clave de una sociedad en blanco y negro.

Araceli pese a la época en la que le tocó vivir contó siempre con la complicidad de su marido Elías, sintiéndose una mujer apoyada y arropada en sus decisiones. Para aquellos tiempos era un hombre con una mentalidad mucho más "moderna" de lo que se estaba acostumbrado.

Ella era de esas mujeres a las que el color negro de su vestimenta le acompañaría el resto de sus días desde una pronta edad. Nuestra protagonista era una artista de los fogones como muchas mujeres de aquella época que con escasos ingredientes hacía un guiso de esos de chuparse los dedos. Tenía unas manos suaves pero con signos de duro trabajo desde una temprana edad.

Le tocó vivir tiempos de guerra y de posguerra, de muertes, hambre, miedo, sumisión. Sus grandes ojos tuvieron que presenciar fusilamientos de familiares y amigos, escenas de terror cuando golpeaban en la madrugada las puertas de las casas, de enfermedades  en aquellos tiempos incurables. Todos estos episodios hicieron de Araceli una mujer fuerte, una mujer valiente que nunca se doblegó ante las adversidades que la vida le iba planteando.

Su gran corazón y generosidad hizo que pese a las dificultades de aquellos tiempos, acogiera a familias que por razones políticas se vieron en la calle con hijos menores y nada que llevarse a la boca. Araceli siempre estaba dispuesta a ayudar. Eran tiempos difíciles para todos.

Tuvo que sobrevivir a la muerte de tres de sus hijos lo que le hizo adquirir un semblante rígido, pero nunca mostraba su pena a los demás. Cuidó durante muchos años de su marido Elías, su gran amor y que como muchos compatriotas tuvo que ir al frente donde una metralla le paralizó parte de su cuerpo. Moriría pocos años después a la corta edad de 61 años.

Araceli se curtió y nunca se rindió, eso no le estaba permitido. Su mayor orgullo eran sin duda sus hijos e hijas . Qué orgullosa se sentía, sentada en la puerta de su casa en la calle junto a otras vecinas, cuando los veía salir a dar un paseo por el pueblo. Siempre decía "mis hijos no serán los más guapos del pueblo, pero sí están en el montón de arriba". En ese momento Araceli era la mujer más rica del pueblo, poseía el mayor tesoro del mundo.

Nuestra protagonista, mujer muy querida en su pueblo , murió cuando tenía 81 años  rodeada de su familia y amigos.

Araceli pudo conocer la democracia y vio crecer a sus hijos e hijas y a sus nietos y nietas en esa Libertad tan ansiada.

Esta es la historia de una mujer que pasaba desapercibida como otras mujeres para la Historia de nuestro país, pero que lo fueron todo para sus familias. Mujeres que pelearon con la vida, superando mil y una dificultades y que aprendieron a levantarse una y otra vez aunque el dolor fuera inaguantable.

Esta es la historia de Araceli Álvarez Lavado, una mujer que no será silenciada porque como decía Espido Freire, mientras que haya quién cuente su historia ella perdurará siempre.

Gracias por tanto, MI QUERIDA ABUELA.